Dr. Frankl y Dr. Martínez-Romero en Caracas 1985

martes, 28 de julio de 2015

PSICOTERAPIA EXISTENCIAL: CELEBRAMOS LAS 30.000 VISITAS A NUESTRO BLOG DEFINIENDO SUS BASES.

Según Stephen Diamond es difícil definir, especialmente, que es la Psicoterapia Existencial porque representa una muy diversa colección de variables y enfoques, incluído el filosófico. Sin embargo, a pesar de diferencias significativas, los terapeutas existenciales comparten una visión del mundo o cosmovisión similar que distingue a la Terapia Existencial de otras formas de asesoramiento psicoterapéutico.
Este autor continúa ofreciéndonos su opinión sobre este tema cuando nos dice: “La terapia existencial es un método con base filosófica  de asesoramiento o psicoterapia, que se centra en [asistir] personas que están sufriendo, "atrapados" o en crisis y que enfrentan diversas dificultades en la vida, como la pérdida, la enfermedad, el aislamiento, el estrés, etc., La terapia existencial es un enfoque pragmático, colaborativo y experiencial que emplea principios y técnicas filosóficas y psicológicas, y otorga una importancia central a la naturaleza y la calidad del aquí-y-ahora la relación entre el paciente o cliente y el terapeuta, así como entre la persona y su mundo interpersonal, fenomenal y  contextual.
En muchas oportunidades, los colegas que practican la Psicoterapia Existencial tratan de hacernos llegar su pensamiento acerca de esta práctica. Es el caso de nuestro colega Gilberto Santaolalla, quien desde México nos transmite los siguientes conceptos de una forma didáctica y a la vez científica :(http://www.dialogoexistencial.com/psicoterapia-existencial/ )
Se pregunta Santaolalla ¿Qué es la Psicoterapia Existencial? Y nos explica:
La Psicoterapia Existencial  investiga la existencia humana y sus preocupaciones fundamentales. Identifica, mediante el diálogo, nuestros prejuicios y maneras de proceder en la vida. Tiene una disposición abierta a la situación particular del paciente y a las formas de experimentar su vida. Se centra en los conflictos que surgen por enfrentarnos a un mundo que, insospechadamente, amenaza la manera particular en que nos hemos explicado nuestra existencia.
Para la Psicoterapia Existencial, todo “conflicto es el inicio de la conciencia” (E. Spinelli, http://www.plexworld.com/ ). El conflicto es reconocido como una condición inseparable a la existencia humana, de manera que no es algo que se encuentra externo a nosotros, ni tampoco algo que sea inadecuado, sino que es originado (principalmente) por la manera particular en que hemos entendido el mundo. Así, todos padecemos —por lo menos— un conflicto en nuestra vida.
Ante este padecer, la Psicoterapia Existencial clarifica y comprende los valores, significados y creencias que han facilitado u obstaculizado las estrategias que hemos implementado para entender el mundo. Busca poner a la luz (o en la sombra) lo que previamente callábamos o suponíamos respecto a nuestra forma de vivir, pues hemos comenzado a dudar sobre la apropiación de nuestra existencia.
La Psicoterapia Existencial no es un método y sí una actitud filosófica que, partiendo del arte de plantear preguntas y no del diseño de respuesta, atiende y cuida —también— aquello que surge como fenómeno en el espacio terapéutico. Mantenerse en las preguntas promueve la posibilidad de un diálogo más honesto, verdadero e íntimo, hacia nosotros mismos y hacia lo otro, teniendo sólo por objeto la vida, como medio la razón y el lenguaje, y como fin la verdad.
En este sentido, el psicoterapeuta existencial invita al paciente a que, juntos, den cuenta de su cotidianidad, centrándose en: 1) la manera de interrelacionarnos con los otros (donde lo otro pueden ser otros individuos, objetos, ideas, creencias, fantasías, etc.), 2) nuestras preocupaciones existenciales y 3) nuestra expresión fundamental: la angustia.
La Psicoterapia Existencial confía en que, el entrelazado de los “momentos existenciales, su tensión, su conflicto y su armonía mutua” (E. Fink) son un proyecto abierto que no se limita a explicar la existencia exclusivamente de manera biológica, anímica o espiritualmente. Más bien, la Psicoterapia Existencial penetra comprensivamente en las paradojas y dilemas que se nos presentan en nuestra vida vivida y que nos llevan a un encontrarnos “siempre-ya-con-nuestro-ser-en-el-mundo” (Heidegger) y el estado de ánimo que eso nos infunde, pues “ser es ser afectado” (Ortiz-Osés), es decir, nuestros pensamientos siempre irán acompañados de un afecto y no de la neutralidad en la que, comúnmente, nos decimos estar.
Por último, la Psicoterapia Existencial se sumerge en los asuntos humanos más desde un saber (como la luz que surge del desconocimiento, un saber inmerso en la obscuridad, en el no saber, en el misterio) y menos desde la explicación, pues hay vivencias que las palabras no alcanzan a describir. El mundo y sus fenómenos se muestran para todos: el río que se crece, el llanto de un niño, el amor no correspondido, la muerte de los padres, el sentido que se nos desvanece, en concreto, una totalidad infinita desplegada “más allá del dominio de nuestra experiencia” (E. Fink) de la que no siempre podremos dar sentido y/o explicación.
Stephen Diamond opina que, a diferencia de otras formas de asesoramiento o psicoterapia, la terapia existencial no se define principalmente sobre la base de cualquier técnica particular. Sin embargo, los terapeutas existenciales escogen selectivamente diversas técnicas para ser utilizadas, algunas de las cuales son usadas en psicoanálisis, la psicología analítica, la terapia centrada en la persona, la terapia Gestalt, la terapia cognitivo-conductual, etc.
Si hay una técnica fundamental común a todos los practicantes existenciales, ésta  sería la aplicación del método fenomenológico que se considera la forma más eficaz de discernir y comprender al paciente y empáticamente responder a la experiencia subjetiva de esa persona y de su modo-de-ser-en- el mundo.



miércoles, 1 de julio de 2015

EXISTENCIALISMO EN HEIDEGGER

Podemos ver un resumen muy corto sobre conceptos fundamentales en el aporte de Martín Heidegger en este spot, que insertamos a continuación.


Martin Heidegger

(Messkirch, Alemania, 1889-Todtnauhaberg, actual Alemania, 1976) Filósofo alemán. Discípulo de Husserl, su indiscutible preminencia dentro de la filosofía continental se ha visto marcada siempre por la polémica, sobre todo la de su adhesión al régimen nacionalsocialista, manifestada en el discurso que pronunció en la toma de posesión de la cátedra en la Universidad de Friburgo (1933). La renuncia a la cátedra, muy poco después de ocuparla, no evitó que en 1945 fuera destituido como docente en Friburgo, tras la ocupación de Alemania por los aliados.

Martin Heidegger
Sólo en el año 1952 se reincorporó, si bien su actividad académica fue ya mucho menos constante. Aunque recibió de algunos de sus discípulos, como Marcuse, la sugerencia insistente de que se retractara públicamente de su discurso de 1933, el filósofo desestimó el consejo y nunca quiso dar explicaciones. Si bien para algunos es imposible abordar su obra sin reservas, la mayoría de filósofos y estudiosos actuales prefieren tomar el trabajo de Heidegger en su sentido estrictamente filosófico, que no resulta menos controvertido. Desde la filosofía analítica, su obra ha sido criticada con dureza, sobre todo por Carnap. Pero el pensamiento heideggeriano también ha suscitado adhesiones entusiastas: así, la filosofía francesa de las décadas de 1960 y 1970 (Derrida, Lévinas, Ricoeur) admiró la capacidad de precisión de su lenguaje, así como su aportación al discurso humanístico.
La obra de Heidegger suele entenderse como separada en dos períodos distintos. El primero viene marcado por Ser y tiempo, obra que, pese a quedar incompleta, plantea buena parte de las ideas centrales de todo su pensamiento. En ella, el autor parte del presupuesto de que la tarea de la filosofía consiste en determinar plena y completamente el sentido del ser, no de los entes, entendiendo por «ser» (aunque la definición de este concepto ocupa toda la obra del autor, y es en cierto sentido imposible), en general, aquello que instala y mantiene a los entes concretos en la existencia.En la comprensión heideggeriana, el hombre es el ente privilegiado al que interrogar por el ser, pues sólo a él «le va» su propio ser, es decir, mantiene una específica relación de reconocimiento con él. La forma específica de ser que corresponde al hombre es el «Ser-ahí» (Dasein), en cuanto se halla en cada caso abocado al mundo, lo cual define al «ser-ahí» como «Ser-en-el-mundo». La distinción de la filosofía moderna, desde Descartes, entre un sujeto encerrado en sí mismo que se enfrenta a un mundo totalmente ajeno es inconsistente para Heidegger: el ser del hombre se define por su relación con el mundo, que es además práctica («ser a-la-mano») antes que teórica («ser ante-los-ojos»).

Estas categorías le sirven para comprender por dónde pasa la diferencia entre una vida auténtica, que reconozca el carácter de «caída» que tiene la existencia, es decir, la imposibilidad de dominar su fundamento (el ser), y una vida inauténtica o enajenada, que olvide el ser en nombre de los entes concretos. La dimensión temporal del ser, en cuanto proyecto del «ser-ahí» y enfrentamiento a la muerte (el ser-ahí es también «ser-para-la-muerte»), sería el otro gran olvido de la filosofía clásica. El esfuerzo de Heidegger por pensar el ser como relación de los entes en el tiempo está en la base del posterior movimiento hermenéutico.

En la segunda etapa de su pensamiento, el filósofo estudia la historia de la metafísica como proceso de olvido del ser, desde Platón, y como caída inevitable en el nihilismo (cuando se piensa el ente tan sólo, éste termina por aparecer vacío). En sus últimas obras, realiza un acercamiento al arte como lugar privilegiado donde se hace presente el ser. Para Heidegger, se hace también necesario rehabilitar los saberes teórico-humanísticos, a fin de mostrar que lo que constituye a todo hombre en cuanto tal no es su capacidad material de alterar el entorno, sino la posibilidad que tiene de hacer el mundo habitable: el hombre debe comprender que no es «el señor del ente sino el pastor del ser» y que «el lenguaje es la casa del ser». Antes que la técnica, el lenguaje, y en general la conciencia (la capacidad de interrogarse del Dasein), son los dos elementos que constituyen al hombre en cuanto existente o, lo que es lo mismo, en cuanto hombre.

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/h/heidegger.htm 

martes, 2 de junio de 2015

ACREDITACIÓN COMO MIEMBRO DE LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LOGOTERAPIA Y ANÁLISIS EXISTENCIAL



LO IMPORTANTE ES PERTENECER A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL. Los pacientes son los que otorgan los mejores certificados y honores. Certificado de Acreditación como miembro de la Asociación Internacional de Logoterapia y Análisis Existencial, Viena, 2015.

Certificate of accreditation: International Association of Logotherapy and Existential Analysis. (Vienna). The important is belong to the International community. Patients are those who give the best certificates and honors.


lunes, 20 de abril de 2015

¡NO QUIERO IR AL DENTISTA! Intervención psicológica en el tratamiento odontológico.


Dr. José Martínez-Romero Gandos
Abril de 2015.
         
Summary: At the present work the author point to the actual statement of scientific activity specially in reference to the dental patient approaching the possible relations between Psychology and Dentistry. The appliance of scientific technics along the treatment permits the superation of difficulties becoming the patient an active collaborator in himself making easier and enriching the specific job of a dentist. The author propose the superation of dualisms and the consideration of the human being as a bio-psico-social unit. Key words: sickness, pain, body, acceptance, fear, responsibility.

En noviembre de 2011 publicábamos, en este blog, un artículo sobre la asistencia psicológica ante una intervención quirúrgica.[1] Una especialización en ese campo de la psicoprofiláxis es la que psicólogas y psicólogos realizan en el ámbito de la consulta odontológica. Es un tema que nos preocupa y preocupa desde hace muchos años y a él dedicamos muchos de nuestros esfuerzos.[2]
          La aspiración de la Ciencia en este siglo XXI es la de superar esquemas que, hasta hace poco tiempo, tendían a mantener rígidas fronteras entre sus distintos campos y especializaciones. El diálogo entre diferentes disciplinas, especialmente en Medicina, Odontología y Psicología, tiene muchos defensores y éxitos. Esa posibilidad de diálogo surge cuando los profesionales toman conciencia acerca de la complejidad de su objeto de estudio, el Hombre. La Persona no es un ente lineal, circunscripto, restringido a un campo de estudio. Se inserta en una compleja red de relaciones que obligan a una especialización y a una consideración de áreas cada vez más reducidas de su conocimiento y asistencia.
          No es cuestión de encarar al ser humano de forma fragmentaria sino ponerse al servicio de una concepción que lo considere una totalidad. La interdisciplinariedad es una obligación y necesidad de la ciencia moderna.
          Superados los dualismos “cuerpo-psique”, concebido el hombre como una unidad y totalidad, el “enfermar” se corresponde con una manifestación que afecta la totalidad del ser.
          La enfermedad está tradicionalmente unida al dolor. Éste se puede describir desde un punto de vista fisiológico y también desde un ángulo psicológico. En el primer caso, podremos explicarlo, en el segundo podremos comprenderlo. En ambos casos debemos estar atentos a la intencionalidad de la conducta total del paciente.
          Muchos teóricos de la Analítica Existencial han tratado el tema del cuerpo. Hacemos nuestra, hoy, la reflexión que al respecto hacía M. Merleau Ponty cuando decía: “Yo no tengo un cuerpo, yo soy mi cuerpo”. En la relación yo-mundo que encarna nuestra modo de ser y de vinculación hay zonas privilegiadas del cuerpo que poseen especial resonancia afectiva.
          Ontogenéticamente, la boca es la primera y más importante de esas zonas porque fue nuestro vínculo y contacto con el mundo no más nacer. Posteriormente, en la evolución y maduración del ser humano, otras zonas corporales van adquiriendo valor y significaciones especiales. Pero la boca continúa desempeñando un rol esencial en el intercambio afectivo con el mundo. La boca mantiene una privilegiada situación de importancia en la relación con otras personas. De ahí que variaciones en ese ámbito corporal provoca inmediatas variaciones en el ámbito de las relaciones interpersonales (ejemplos varios: halitosis, carencia dentaria, maloclusiones, etc.). Los matices en esta área oscilarán entre placer o dolor, actitudes de aceptación o de rechazo, cuidadosa consideración u olvido de su cuidado.
          La perspectiva global de consideración de la Persona otorga a la Psicología un papel primordial en el estudio de la resonancia afectiva o vivencial, el análisis de cada caso en particular y el respeto de la irrepetibilidad de sus funciones y acciones. El estudio de la problemática individual es puesta a consideración, en este caso, del Odontólogo/a. La etapa siguiente es la puesta en marcha de técnicas específicas encuadradas dentro del ámbito de la Psicoprofiláxis (Psicohigiene). Dicho de otra forma intentar trascender el marco del tratamiento del problema, dolor o enfermedad para abarcar el nivel más amplio de promoción de la salud.
          Ya en 1964 el Dr. Gerald Caplan señalaba que “la psicohigiene debe incluir la prevención primaria como elemento esencial y promover la salud entre los miembros de la comunidad que corrientemente no están alterados, tratando de reducir el riesgo de que enfermen”.[3] Es decir, se espera lograr mediante el uso de técnicas específicas la disminución en la aparición de los transtornos vinculados al tratamiento odontológico.
          Esta tarea del Psicólogo/a se realiza en contacto con la actividad Clínica o Quirúrgica (psicoprofiláxis pre y post-operatoria), con la Odontopediatría con el trabajo conjunto en las distintas etapas evolutivas y con todo otro acercamiento al tratamiento odontológico.
          A grandes rasgos podemos decir que el trabajo se desarrolla, en la medida de lo posible, como prevención. Esta etapa de psicoprofiláxis puede realizarse en conjunto con el odontólogo/a en su clínica, en los colegios o en las actividades comunitarias locales. Contribuimos, así, a la prevención del surgimiento de dificultades y procedemos, como dice Caplan “a habilitar al individuo para que mejore sus capacidades de ajuste y adaptación, por medio de reacciones de superación basadas en la realidad”.[4]

          Esta tarea se puede desarrollar a nivel individual o en forma grupal, considerando en este caso a los pacientes de acuerdo a su edad evolutiva. Los objetivos planteados se encuadran en la necesidad de brindar a niños, adolescentes y adultos una información acerca del desarrollo del tratamiento que sea exacta pero adaptada a la edad y desarrollo madurativo del paciente.
          En el grupo de pacientes, las sesiones ayudan a canalizar y elaborar las expectativas, temores y ansiedades frente a la atención clínica o quirúrgica. El proceso puede realizarse eficazmente en una o varias sesiones. El tratamiento puede complementarse con una reunión con el grupo de padres para contribuir a desenvolver una actitud colaborativa que facilite la eficacia del proceso terapéutico.
La siguiente etapa se corresponde con una prevención secundaria o terciaria y se dirige a la consideración de los casos especiales planteados por el Odontólogo/a.
El paciente, al hacerse cargo de su ansiedad y temores, puede ir realizando una “acomodación” afectiva a la situación antes temida, configurando un nuevo modo de aceptar el tratamiento y comprometiéndose con él, cualquiera sea su edad, a través de una elección y con el uso de su responsabilidad. Dicha elección le permitirá superar y asumir cualquier molestia que surja en el transcurso de su tratamiento.
Es así que, mediante la intervención psicológica, el paciente pasa a ser un colaborador activo del proceso terapéutico y el odontólogo ve facilitada su tarea específica y enriquecido su quehacer diario.



[1] TENGO MIEDO! Intervención quirúrgica y asistencia psicológica (diciembre 2011)
http://logoterapiagalicia.blogspot.com/2011/12/tengo-miedo-intervencion-quirurgica-y.html

[2] Ya en 1972 publicamos en la revista “Ortodoncia” editada por la Facultad de Odontología de la Universidad de Buenos Aires un artículo (en colaboración con la Lic. Ivonne Laberdolive y el Lic. Jorge Corsi) titulado “Técnicas psicológicas en el tratamiento ortodóncico integral (enfoque interdisciplinario) que recogía nuestra experiencia de trabajo con pacientes de odontología.
[3] Caplan, G. – Principles of Preventive Psychiatry”, New York, Basic Book, 1964 (Versión castellana: “Principios de Psicología Preventiva”, Buenos Aires, Paidós, 1966)
[4] Caplan, G. op. cit.

domingo, 12 de abril de 2015

LENGUAJE, HERMENÉUTICA Y PSICOTERAPIA EXISTENCIAL

Artículo publicado en el Nº 10 de la Revista Latinoamericana de Psicología Existencial


Dr. José Martínez-Romero Gandos
A Coruña – España
Centro Sentido (Galicia)
abril de 2015

Resumen:
En nuestro trabajo como Psicoterapeutas Existenciales tomamos muy en cuenta la necesidad de “escuchar, detenerse, comprender y luego hablar”. Pero, según Dilthey, solo podemos determinar la comprensión por el sentido y el sentido apenas por la comprensión. Podemos, apenas, acercarnos al conocimiento del otro porque entendemos que la existencia del consultante ha generado estructuras y en  nuestro intento de comprender nos dirigimos a tratar de aprehender el sentido de su vida. Concedemos mucha importancia a la Hermenéutica, disciplina encargada de acercarse a la interpretación de dichas estructuras, permitiendo un cierto grado de conocimiento. Heidegger afirma que “"El lenguaje es la casa del ser. En su casa el hombre habita”. Consideramos su postura y la de otros autores sobre el concepto de lenguaje en Analítica Existencial. 
Palabras clave: Análisis Existencial – Lenguaje – Hermenéutica – Terapeuta –

Abstract:
When we work as Existential Psychotherapists we think about the need and importance of to listen closely, stop, understand and then speak. But, according to Dilthey, only we can determine the comprehension for the sense and the sense for the comprehension. We can to approach the knowledge of other one because we understand that the existence of the consultant has generated structures and in our attempt of understanding we direct ourselves to trying to apprehend the sense of his life. We grant a lot of importance to the Hermeneutics, discipline entrusted to approach the interpretation of the above mentioned structures, allowing a certain degree of knowledge. Heidegger affirms that "The language is the house of the being. In his house the man dwells ". We consider his position and that of other authors on the concept.
Key words: Existential analysis - Language - Hermeneutics – Therapist-


LENGUAJE, HERMENÉUTICA Y PSICOTERAPIA EXISTENCIAL.

          Mucho se ha explicado, en reuniones y congresos, sobre los aportes de la Analítica Existencial a la práctica de la Psicoterapia. El principal hincapié de casi todos los trabajos se realizó sobre las diferencias entre los aportes de metodologías basadas en deducciones hipotéticas y la Analítica Existencial  que utiliza método de comprensión descriptiva o fenomenológico. Fue Wilhem Dilthey (1833-1911) el primero en explicar esta dualidad entre lo que llamó “Ciencias del Espíritu” y “Ciencias de la Naturaleza”.
          En nuestro trabajo como Psicoterapeutas Existenciales tomamos muy en cuenta la necesidad de “escuchar, detenerse, comprender y luego hablar”. Pero, según Dilthey, solo podemos determinar la comprensión por el sentido y el sentido apenas por la comprensión. Podemos, apenas, acercarnos al conocimiento del otro porque entendemos que la existencia del consultante ha generado estructuras y en  nuestro intento de comprender nos dirigimos a tratar de aprehender el sentido de su vida. Concedemos mucha importancia a la Hermenéutica, disciplina encargada de acercarse a la interpretación de dichas estructuras, permitiendo un cierto grado de conocimiento.
          El término hermenéutica proviene del verbo griego ρμηνεύειν (jermeneueien) que significa interpretardeclararanunciaresclarecer y, por último, traducir. Significa que alguna cosa se vuelve comprensible o se lleva a la comprensión. Se considera que el término deriva del nombre del dios griego Hermes, el mensajero, al que los griegos atribuían el origen del lenguaje y la escritura y al que consideraban patrono de la comunicación y el entendimiento humano. El término originalmente expresaba la comprensión y explicación de una sentencia oscura y enigmática de los dioses u oráculo que precisaba una interpretación correcta. En filosofía el término hermenéutica fue especialmente señalado por Wilheim Dilthey en el Origen de la hermenéutica (1900) y fue revivido en el siglo XX por diversos filósofos como Martin Heidegger (1927) y Hans-Georg Gadamer (1960)
          El salto se produce en pleno siglo XX con Martín Heidegger quien, en su análisis de la comprensión, afirma que, cualquiera que ésta sea, presenta una “estructura circular”. Decía:“Toda interpretación, para producir comprensión, debe ya tener comprendido lo que va a interpretar”. Esta reciprocidad entre texto y contexto es parte de lo que Heidegger llama el círculo hermenéutico, recurso explicativo de tipo dialógico que intenta dar razón de los aspectos generales para el entendimiento. « “Tanto en el campo filosófico como en el teológico, se hace referencia al círculo hermenéutico para designar la estructura circular de la intelección o entendimiento” (Scheleiermacher (2002). Hermeneutik. Herder)
Heidegger introduce nuevos derroteros en la hermenéutica al dejar de considerarla únicamente como un modo de comprensión del espíritu de otras épocas y pensarla como el modo fundamental de situarse el ser humano en el mundo: existir es comprender. Heidegger cambia el foco de la hermenéutica desde la interpretación a la comprensión existencial, la cual es tratada como un modo de ser en el mundo más directo, no-mediado - por lo tanto más auténtico- que simplemente como un "modo de conocer"(Heidegger, Martin (1927/1962). Being and Time. Harper and Row. p. H125) Por ejemplo, sostuvo la necesidad de una "hermenéutica especial de la empatía" para disolver el clásico problema filosófico de las "otras mentes", poniendo el problema en el contexto del estar-con del modo de relacionarse humano. (A pesar de que el mismo Heidegger no completó este proyecto. Agosta, Lou (2010). Empathy in the Context of Philosophy. Palgrave Macmillan. p. 20).
          Pero no nos consideramos “hermeneutas” sino “psicoterapeutas” o “terapeutas existenciales”. ¿Buscar a un mensajero o un “mediador” o acudir a un “terapeuta”?
          No siempre tenemos claro el origen de estas dos acepciones. “Mediador” es el que está “en el medio”. Por cierto, igual origen que para “mediocre” (medius: estar en medio y ocris: montaña o peñasco escarpado). Así “mediocris” sería el que se queda a mitad del camino, a mitad de la montaña, algo pobre o que no destaca en la evolución de la lengua romance.
Explicar el origen de la palabra “terapeuta” resulta un poco más difícil y apasionante. La palabra “terapeuta” deriva del griego “therapeia”, que refiere a la medicación pero también significa “servir, cuidar, atender”. Ubicándonos en la grecia clásica encontramos que “therapón” era el siervo y “therapeutikos” el siervo encargado de cuidar la realización de servicios religiosos aunque también el encargado de expulsar a los perros que ingresaran en el templo.
Debemos pensar, entonces, en un “terapeuta” que no se ubique por encima de los demás, que no pretenda solamente interpretar, esclarecer o traducir sino que esté a su servicio. Estamos al servicio del otro para acompañarlo en el camino hacia su plenitud.
Es evidente que estamos formados intelectualmente a partir de nuestra información y práctica en los ámbitos universitarios. Heidegger nos ha mostrado en “Ser y Tiempo” que “la interpretación se funda en la intelección pero ésta no surge de aquella”. Pero el consultante se mueve como un todo en el dominio de la “existencia humana”  conformando una entidad comprensiva solamente “inteligible” desde la mirada filosófica que considera los dominios esenciales (ónticos) de la existencia.
Salimos al encuentro del otro, un existente que consulta y que no puede ser percibido de manera pasiva. Como intelectuales formados en los aspectos teóricos de la filosofía, la psicología, la sociología y el arte estamos siempre tentados a “inteligir” a ese existente que tenemos enfrente. Es imposible no inteligir de una manera activa como terapeutas (sujeto cognocente) pero no cabe ni corresponde apartarse de una dinámica dialógica entre terapeuta-paciente, con una retroalimentación mutua siempre ubicada en el contexto de lo que significa “existencia”. Ese diálogo es una comunicación de sentido que podemos expresar en palabras de Heidegger: “sentido es lo existencial de la existencia, sólo la existencia tiene sentido”. Semeja una frase redundante pero constituye, según él, “el círculo de la intelección”.
Estas afirmaciones levantan críticas en el campo científico en cuanto éste, obviamente, no puede presuponer principios axiomáticos preestablecidos para formular sus postulados y sitúa al círculo hermenéutico en una disyuntiva fundamental, en un vicio que re-sitúa la necesidad de acceder a la posibilidad del uso del mismo dentro del campo de las ciencias exactas ya que visto desde este punto de vista se convertiría en un recurso inacabable. Se dispone así de un imperativo de usar el círculo no como un vicio sino como herramienta en cuanto los intentos de asumir los saberes no implican la pre-suposición de ningún principio, razón por la cual el evidente vicio de comprensión quedaría superado
          Como dijimos, en el encuentro psicoterapéutico basado en postulados de la Analítica Existencial entendemos se produce el proceso de “escuchar, detenerse, comprender y luego hablar”. En el libro   Gadamer’s Hermeneutics and the art of conversation (Andrzej Wiercinsky, editor, International Studies in Hermeneutics and Phenomenology, Vol.I) se señala que el lenguaje no pertenece, necesariamente, a la esencia de la existencia humana. Así, la conversación tampoco pertenece a esa esfera.
          La conversación se realiza en un lenguaje. Sin embargo, el lenguaje no es significado e instrumento para la conversación. Gadamer enfatiza que no “tenemos una conversación” sino que “somos conversación” y lo analiza extensamente en relación a la lectura de Heidegger sobre Hölderlin. Éste se concentra en la conversación de los humanos con los dioses y Gadamer en la relación dialogal entre los seres humanos.
          En “Carta sobre el humanismo” Heidegger afirma que “"El lenguaje es la casa del ser. En su casa el hombre habita. Todo lo que piensa y todo lo que crea con palabras se convierte en el guardián de su casa”.
          Heidegger se pregunta: “¿Qué es habitar? ¿En qué medida el construir pertenece al habitar? (Heidegger, M. (1994), Construir, habitar, pensar Traducción de Eustaquio Barjau, en Conferencias y Artículos, Serbal, Barcelona.) Continúa, afirmando, “El construir como el habitar, es decir, estar en la tierra, para la experiencia cotidiana del ser humano es desde siempre, como lo dice tan bellamente la lengua, lo «habitual». De ahí que se retire detrás de las múltiples maneras en las que se cumplimenta el habitar, detrás de las actividades del cuidar y edificar. Luego estas actividades reivindican el nombre de construir y con él la cosa que este nombre designa. El sentido propio del construir, a saber, el habitar, cae en el olvido.”
          “Este acontecimiento parece al principio como si fuera un simple proceso dentro del cambio semántico que tiene lugar únicamente en las palabras. Sin embargo, en realidad se oculta ahí algo decisivo, a saber: el habitar no es experimentado como el ser del hombre; el habitar no se piensa nunca plenamente como rasgo fundamental del ser del hombre.
Sin embargo, el hecho de que el lenguaje, por así decirlo, refiera al significado propio de la palabra construir, el habitar, testifica lo originario de estos significados; porque en las palabras esenciales del lenguaje, lo que éstas dicen propiamente cae fácilmente en el olvido a expensas de lo que ellas mientan en primer plano. El misterio de este proceso es algo que el hombre apenas ha considerado aún. El lenguaje le retira al hombre lo que aquél, en su decir, tiene de simple y grande. Pero no por ello enmudece la exhortación inicial del lenguaje; simplemente guarda silencio. El hombre, no obstante, deja de prestar atención a este silencio.”
          El carácter conversacional del lenguaje está basado en prioridades Platónicas de lo hablado sobre lo escrito. Lo hablado descansa en la prioridad del verbum interius, de la palabra interior. El esplendor total del lenguaje solamente se expresa en la conversación. Com-versatio significa “volverse hacia el otro”, “enfrentar al otro”, estar “frente a frente”. Las proposiciones escritas nunca podrán traducir la complejidad y riqueza de la conversación, sus significados y sus relaciones con la cultura y las comunidades.
          En forma similar a lo que Heidegger establece como relación entre “Ser” (Sein) y “un ser” (das Seiende), Gadamer establece una relación entre  “lenguaje” y “lenguaje histórico” que se actualiza, constantemente, en el uso del habla y en el poder de la palabra. Esto lo sabemos muy bien los que emigramos a un país diferente al de la etapa de formación del lenguaje en nuestra infancia. Nos actualizan en este tema los escritos de Ludwing Wittgenstein (1889-1951) cuando afirma The limits of my language mean the limits of my world.” (Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo). Pone un ejemplo práctico y sencillo: “Nuestras palabras sólo expresan hechos, del mismo modo que una taza de té sólo podrá contener el volumen de agua propio de una taza de té por más que se vierta un litro en ella.”
          Y un ejemplo personal: no siempre me entendieron en mi emigración a España cuando hablaba en “castellano” aprendido en mi infancia en Argentina. Y muchas veces lo hablado por los otros atacaba los fundamentos de mi habla (España: coger = agarrar / jArgentina: coger = copular). Debiéramos tener muy claro esta situación los lectores de Sartre recordando cuando afirmaba “Las palabras son pistolas cargadas” (en Qu’es-ce que la littérature, Paris, Gallimard). Cargadas de connotaciones, de prejuicios, de matices, de poesía, de amor, de odio, de esperanza; nunca son neutrales, como no lo es ninguna de las creaciones de la mente humana.
          Contrariamente a lo expresado más arriba sobre las prioridades Platónicas de lo hablado sobre lo escrito encontramos la posición del filósofo francés J. Derrida (Derrida, Jacques, Filósofo francés contemporáneo. Nació en El-Biar (Argelia) en 1930. Realizó estudios en la Ecole Normal Supérieure de París, siendo alumno de Jean Hyppolite y de Maurice de Gandillac. Desde 1983 es Director de estudios de la Escuela de altos estudios sociales de París, de donde es catedrático de filosofía, y profesor de la Universidad de California). Su obra es ante todo una crítica de las categorías tradicionales de la metafísica y la hermenéutica, que ha dado lugar a la lectura «desconstructiva» de numerosos textos canónicos, indistintamente filosóficos o literarios, y ha afectado las doctrinas que más han influido en la sensibilidad lingüística de nuestro tiempo. Pero, posiblemente, el principal mérito de Derrida ha sido referir el concepto tradicional de razón a la entronización filosófica de la palabra.
          Es importante en la obra de Derrida la convicción de que la tesis logocéntrica se sustenta en la hegemonía que las filosofías del lenguaje han solido asignar a la palabra hablada. Según Derrida, el logocentrismo ha tendido a menospreciar la escritura, y tal menosprecio fue correlativo a la tendencia a enaltecer la expresión oral. Lo cierto es que el contraste entre palabra y escritura ha orientado decisivamente la tradición logocéntrica. En esta discusión Derrida sostiene que, por un lado, se ha mantenido que la palabra era una manifestación pura e inmediata del lenguaje. Por otro lado, ha depreciado la escritura hasta el punto de atribuirle un carácter meramente derivado. Ha llegado a ser considerada, en efecto, un orden subalterno de signos cuyo único cometido es de-signar la palabra. Tal posición derivaría, según Derrida, de la creencia en una especial proximidad entre la «palabra» y el «espíritu» (Diccionario de Filosofía, Herder).
          Porqué nos referimos a Derrida en este trabajo a riesgo de caer en la pléyade de afirmaciones de moda acerca de su teoría? Porque el autor define la esencia de su movimiento utilizando el término “deconstrucción”. Este término proviene del concepto de Destruktion, de Martín Heidegger ( 1889-1976) quien nos exhortaba a apartarnos de la tradición de la ontología exponiendo su desarrollo interno. Como Heidegger, Derrida utiliza términos nuevos que logra luego de tachar parte del vocablo o de separar los fonemas. Por ejemplo, conectando su recuerdo de Argelia donde nació con la palabra nostalgia, afirma padecer de “nostalgeríe”. Un ejemplo en castellano de este juego sería analizar la traducción del libro citado: “El monolingüismo del otro o la prótesis de origen”. El autor utiliza en francés “la prothèse d’origine”. Etimológicamente, “pro” y “thesis”, dirigido a aquello que se afirma como original. De ahí que debiéramos traducir “o la afirmación del origen”. Un origen que ha sido sustituido y entonces la aparición de la “prótesis”, idioma agregado al original, que siempre será artificial. El traductor no reparó en la posible “deconstrucción” del título.
          Resulta, a veces, complicado seguir sus propuestas teóricas dificultad que desaparece cuando leemos acerca de su propia experiencia en relación a la incorporación del lenguaje. Su discurso expresa la ficción dramática de una lengua con respecto a ella misma  o su respuesta a las lenguas colonizantes, expresado siempre en el marco de una conversación animada con su interlocutor imaginario. Simultáneamente, entrelaza esta ficción con una postulación de premisas y tesis acerca de la “lengua materna”, la “hegemonía de una política acerca de esa lengua, el colonialismo y la relación terapeuta-paciente en el caso de consultantes que hablan otro idioma al del terapeuta, tuvieron una lengua materna distinta a la usada en la sesión o reconocen influencia social sobre muchos aspectos de su habla (jergas, usos locales o argots). En nuestra experiencia personal ha sido referencia inexcusable en el tratamiento de problemas de alteridad y alienación en relación a la cultura de emigrantes (Martínez-Romero Gandos, José  (2005)– Tesis Doctoral: Alteridad y alienación en los emigrantes gallegos al Río de la Plata. Su comprensión existencial. Inédita).
          Me permitiré, con el máximo de respeto intelectual por su trabajo, parafrasear su relato y trasladar sus conceptos a una referencia autobiográfica que nos permitirá comprender las dificultades imaginarias de un psicoterapeuta que nos recibiera en consulta: Yo mismo, como autor de este trabajo, estoy encerrado en una celda. Mi educación formal ha sido realizada  en castellano, con los aportes del inglés y el francés. Mejor debiera decir “fue realizada en español”. O tal vez, en “porteño”. Ambas realidades idiomáticas están muy lejos de mi realidad lingüística. Nací en Buenos Aires, soy porteño. Me crié cerca del puerto. Puedo afirmar mi porteñismo aunque algunos autores creen que Buenos Aires tiene pocas trazas de una ciudad que se asoma, a través de un puerto, al mar. En este caso solo puede asomarse “al Mar Dulce”, el Río de la Plata, ancho mar que lleva dos horas de moderna navegación cruzarlo en su desembocadura. Buenos Aires es “una ciudad mediterránea”. Eso dicen ellos.
          Me atrevería a afirmar que nuestra “porteñidad” surge de dos aspectos muy importantes de la cultura: efectivamente tuvimos un puerto muy activo y estuvimos siempre mirando por encima del Atlántico para tratar de “ver”, con esfuerzo, la costa europea. Mejor dicho, esforzarse para ver Paris.           Nuestro puerto nos puso en contacto con muchas culturas y esto se refleja en la lengua que hablamos.
          Nací en Buenos Aires, en el porteño barrio de San Telmo, de padres gallegos. Mi lengua no es el “castellano”, ni el “español”, ni siquiera el “lunfardo porteño”. “No tengo más que una lengua, no es la mía”, dice Derrida (Derrida, J. op. cit.)
          Las primeras canciones de cuna que recibí fueron cantadas en gallego. Me “fajaron” hasta los 6 meses, envueltas mis piernas y abdomen en largas tiras blancas arrolladas alrededor de mí hasta los 6 meses. Como un matambre. Tal como se hizo siempre en la aldea natal de mis padres. Para que creciera con las piernas derechas. Eso lo lograron. Y que le cantara a mis hijos canciones de cuna en gallego, también.
          En mis recuerdos como psicoterapeuta aparecen numerosos casos clínicos asistidos que reconocieron avances en el logro de un proyecto vital asumido y auténtico cuando pudieron comprender las dificultades añadidas a su historia por pertenecer, simultánea o alternativamente, a culturas diferentes de acogida con lenguajes también diferentes o especiales. Especial recuerdo para pacientes con padres de origen japonés, árabe, judío, quechua, chané, guaraní o incluso inglés, que los hacía sentir a veces orgullosos, a veces conflictuados y siempre diferentes a su grupo de referencia.
          “No tengo más que una lengua, no es la mía. Y aún más. Soy monolingüe. Mi monolingüismo mora en mí y lo llamo mi morada; lo siento como tal, pertenezco a él y lo habito. Me habita. (...) Ahora bien, nunca esta lengua, la única que estoy condenado así a hablar, en la vida, en la muerte, esta única lengua, ves, nunca será la mía. Nunca lo fue, en verdad.” Dice Derrida (Véase la relación con el “habitar” en Heidegger)
          Este proceso de reconocimiento de la lengua propia es intelectual y lo realiza el autor desde su conocimiento sobre las lenguas que influyeron en él (francés, árabe, idish y el hebreo del culto). Una discusión interesante del autor relaciona “la lengua materna” (comillas en el original) con factores de colonialismo y dominación que afectan su desarrollo.
          Sabemos y lo expresamos así teóricamente que  en el despliegue de la existencia mundana cada hombre se enfrenta con la soledad de su proyecto, una tarea formidable que intenta superar la angustia por la finitud de su propia empresa. Cada uno es único e irrepetible frente a este proyecto. Y la tarea se presenta como una lucha constante por sostener el sentido de vida.
          Frente a la oscuridad que presenta la persona para la captación de ese sentido, el signo intenta la universalización de lo que al saber objetivo le está vedado reseñar. Se establecen, así, conciliaciones posibles entre la vivencia subjetiva y la interpretación de los signos que ésta persona produce, de los cuales el lenguaje es uno de los principales.
          El lenguaje es la expresión de la actividad de la conciencia que da cuenta de vivencias únicas e inenarrables en su verdadera dimensión. Nuestra tarea como Psicoterapeutas Existenciales es comprender al otro, interpelarlo mediante la apelación que realizamos en cada encuentro. Llamarlo, “apelar a él”, para que pueda acceder al despliegue de su existencia del modo más auténtico que le sea posible. Apelamos al otro como investigadores y como psicólogos para que nos manifiesten, a través del lenguaje, lo que sintieron, sienten y esperan en relación a ese proyecto vital.

Bibliografía:
del Acebo Ibáñez, Enrique (1998) El arraigo y la morada como categorías existenciales (Espacio, Sociedad y Cultura)”, Buenos Aires, Edición Estudios del IMAE, Nº 1.
Derrida, Jacques (1975) Génesis y estructura de la fenomenología, en “Las nociones de  estructura  y  génesis, Buenos Aires, Paidós.
Derrida, Jacques(1996) El monolingüismo del otro, Ediciones Manantial S.R.L., Buenos Aires,1997 Título original: Le monolingüisme de l’autre ou la prothèse d’origine, París.
Diccionario de Filosofía (1996) Editorial Herder, versión en CD.Barcelona, 1996.ISBN 84-254-1991-3 Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
Dilthey, Wilheim (1990) Teoría de las concepciones de mundo, Alianza Editorial, México.
Edie, James M.(1976) Vigencia de la concepción Huserliana de la idealidad del lenguaje, en “Sentido y Existencia” de Gary Brent Madison, Editorial Verbo Divino, Estella, Pais Vasco. Título original “Sens et existence” (Editións du Seuil)
Heidegger, Martin (1993) Ser y Tiempo, México, F.C.E.
Heidegger, Martín (1977) Letter on Humanism, Basic Writings, Nueva York, Harper and Row.
“Sartre, Jean Paul (1979) L’etre e le néant- Essai d'ontologie phénoménologique, Paris, Ed. Gallimard.
Stein, Ernildo (1973) A questao do método na filosofia - Um  estudo do modelo heideggeriano, San Pablo, Ed. Dúas Cidades.
Vattimo, Gianni(1995) Introducción a Heidegger, Edit. Gedisa, Barcelona, ISBN 84-7432-254-5

sábado, 11 de abril de 2015

¿Nos comunicamos por Twitter? Do we communicate by Twitter?

Si me sigues en Twitter tal vez podamos iniciar comunicaciones acerca de la Psicoterapia Existencial.
Puedes hacerlo en @josSentido  
Gracias.

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jueves, 9 de abril de 2015

CORTO DE ANIMACIÓN SOBRE EL EFECTO DE LAS DROGAS.

Este corto describe a la perfección el efecto que producen las drogas a lo largo de la vida.

https://www.youtube.com/watch?t=25&v=HUngLgGRJpo

miércoles, 21 de enero de 2015

Citas de autores pertenecientes al movimiento Existencial a través de viñetas.


   Habitualmente publicamos en otros medios de difusión viñetas sobre diferentes temas. En esta oportunidad ofrecemos varias de autores pertenecientes al pensamiento Existencial.
   La Psicoterapia Existencial nos exige a los responsables de su realización en el campo de la Salud una marcha hacia el desarrollo por los caminos de la fundamentación, de la aplicación de la teoría a la práctica, de las investigaciones basadas en tests y estadísticas y en nuestro compromiso.
    Este compromiso obliga a considerarla más que una mera ciencia como un elemento de arte y sabiduría donde técnica y encuentro desaparecen como dicotomía.
  Son claras las necesidades de nuestra disciplina en el campo investigativo. Es una tarea que, con agrado, hemos desarrollado muchos de nosotros y que ha promovido numerosos discípulos que aplican esos avances con creatividad y responsabilidad.
  Pero no se han realizado los estudios comparativos necesarios entre diferentes autores, no se ha producido la tan necesaria sistematización de datos
   Es necesaria una mayor motivación para que aumente la asistencia a cursos dictados por prestigiosos profesionales que ayuden a dilucidar definiciones operacionales fundamentales sobre conceptos como, por ejemplo, “autotrascendencia”, “libertad”, “responsabilidad”, “sentido de vida”, “el poder desafiante del espíritu”, “situación límite” y “capacidad de enfrentar la enfermedad”, especialmente en las enfermedades graves, crónicas o terminales.
    Esta descripción de los aspectos principales a tener en cuenta para la validación del Análisis Existencial y la Psicoterapia Existencial quiere animarlos y desafiarlos, en su más profundo sentido etimológico, para que contribuyan con su trabajo y creatividad al desarrollo de esta disciplina. La lectura de autores consagrados es un paso importante. Para ello, la primera pregunta en forma de viñeta:



 SÖREN KIERKEGAARD


MARTIN HEIDEGGER

M. MERLEAU-PONTY






L. BINSWANGER



ROBERTO ALMADA


F. NIETZSCHE




Agradecemos vuestros comentarios.

miércoles, 7 de enero de 2015

Apelación y cura. Su significación en Psicoterapia.

          Retomamos la publicación de reflexiones sobre la “apelación” y “la cura” en Psicoterapia. Este tema ya lo hemos tratado en este blog, en forma específica, relacionándolo con la asistencia a enfermos de cáncer. (http://logoterapiagalicia.blogspot.com.es/2011_02_01_archive.html)
          En nuestras relaciones sociales establecemos una comunicación que se establece en diferentes niveles de compromiso. Nos dirigimos a una persona cercana mediante un “tú”. En nuestro idioma, si es menor el compromiso, el tratamiento es de “usted”. En el primer nivel mencionado llamamos a la persona por su nombre “de pila”. En el segundo caso, por el apellido.
          Pero ¿cuál es el origen de esta palabra “apellido”? En el Medioevo el reconocimiento de los señores era, precisamente, vinculado a sus posesiones o títulos: un ejemplo el Señor de Hita y Buitrago (que correspondía a Pedro González de Mendoza, Mayordomo Mayor de Juan I de Castilla) o por sus títulos el Duque de Medinaceli, con profusa descendencia, por poner ejemplos.
          En un ámbito más plebeyo se llamaba a los hijos de Martín, los Martínez, a los hijos de Gonzalo, los González y a los hijos de Pedro o Pero, los Pérez. Se los agrupaba por familias, denominándolos por su ascendencia o por profesiones: los Ferreiro, los Silversmith (plateros) o los Goldsman (los orfebres). Se los “llamaba” de esta forma, es decir, se “apelaba a ellos”. Al hacerse común, este nombre, a varios individuos diferentes, surgió la solución de acompañarlo con un añadido complementario, ya indicando un lugar de procedencia o una característica personal. Había nacído el APELLIDO.
          La historia del origen es muy larga pero valga este ejemplo para dar cuenta de la importancia, en la historia de la humanidad, de ser llamado, ser “apelado”. Y encontrarse con el otro.
La relación de encuentro que se produce en la asistencia psicoterapéutica siempre crece y se desarrolla por la acción que ejercen ambos protagonistas: el paciente y el profesional asistente.

          Es una relación que no puede ser descripta más que en términos literarios lo que nos permite decir que es “una relación inefable”. No se puede hablar de ella. Hay que vivirla en un nosotros único y muy especial.
          No es una realidad que podamos delimitar ni tampoco programar más allá de la aplicación del “arte” que cada uno de nosotros aplica desde su profesión. Existe necesidad recíproca de preguntas y respuestas. El profesional pregunta y el paciente responde. No siempre en forma oral. Puede hacerlo corporalmente.
          El paciente también interroga. Quiere saber acerca de su asistencia y de su existencia. Se vincula como él sabe, como él quiere o como él puede. El profesional no siempre “sabe” que decir al paciente, no siempre “quiere” decir o muchas veces “no puede decir”.
          Esto puede generar resistencias en ambos márgenes de la relación de encuentro. La resistencia “cierra” la posibilidad de apertura en la relación. Si la relación es ocasional, tal vez ambos protagonistas deseen “olvidar” el encuentro. Pero esta resistencia originará conflicto. Seguramente.
          Para vencerla es necesario establecer una relación “original”  que vincule a ambos de manera tal que permita la aparición del “diálogo” . Esta puesta en común, esta “comunión”, es la raíz original de lo que, habitualmente, llamamos “comunicación profesional-paciente”.
          Cuando encaramos un tema de la complejidad que nos ocupa tenemos que aceptar que de esta forma de comunicación surgen una ilimitada cantidad de técnicas que se distinguen por el diferente grado de flexibilidad o rigidez en la realidad circunstancial del encuentro con el que solicita ayuda.
          Nosotros afirmamos, desde la Analítica Existencial y la práctica de la Logoterapia, que esta situación existencial del paciente es “única e irrepetible” y  coincidimos con la generalidad de nuestros colegas en que es respuesta inmediata al desarrollo de numerosos dinamismos psíquicos que han establecido una personalidad a lo largo del tiempo y que se presenta en la realidad del “aquí y ahora” como una realidad diferente.
          La realidad del ser humano que sufre, padece y teme. Una realidad que, sea cual sea el pronóstico, le coarta su libertad de desarrollar un proyecto y le amenaza el sentido de vida pleno. Pero el Análisis Existencia y la Logoterapia no son asistencialismo o sentimentalismo.
          Es un accionar teórico y técnico que procura ayudar al enfermo a asumir la existencia como real, a pesar del sufrimiento, contribuyendo al desarrollo de todas sus potencialidades y capacidades para que actúen en función de ellas y encuentre el sentido “a pesar de todo y aún en las peores circunstancias”.
          Decía Viktor E. Frankl: “Me atrevo a decir que no hay nada en el mundo que ayude más efectivamente a una persona a sobrevivir, aún en las peores condiciones, que conocer el sentido de su vida”.
Conocer y accionar en procura de su mantenimiento en la situación límite. El paciente tiene derecho a ser ayudado en esta empresa vital.
Médicos y psicólogos incrementan sus estudios, investigaciones y comunicaciones científicas para esclarecer ideas que les permitan dar respuesta a los interrogantes y angustias que los pacientes les presentan en la consulta,  desde el conocimiento de sus síntomas, de sus crisis o de una enfermedad concreta.
Cuando la respuesta a estos interrogantes es acuciante por variadas razones y el plazo de desenlace es incierto muchos profesionales se sienten desvalidos para actuar y poco preparados para afrontar esta situación.
Técnica versus comprensión. Preparación técnica eficiente versus la toma de conciencia de los límites de su ciencia y arte. Persona doliente que pide comprensión versus un entorno limitado en sus respuestas.
No hay reglas para enfrentarse a esta difícil situación pero sí hay formas particulares y únicas de acercarse a ese ser que sufre y padece. En estas circunstancias la comunicación entre el profesional y el paciente no está limitada a la expresión verbal del discurso. Acceder desde el nivel profesional al conocimiento de la situación y poder comunicarlo es uno de los momentos más difíciles que debemos enfrentar en nuestra diaria actividad asistencial.
Es necesario compartir nuestro estar dispuestos a ayudar al otro como Persona. Darle la libertad de elegir la manera de ser ayudado, de acuerdo a su peculiar modo de personalidad y modo de relación con los otros.
Es apelar al otro. La apelación es un llamado. Un llamado a la Esperanza. Este llamado, esta apelación, nos coloca en interlocutores de privilegio en un tema de la mayor importancia para el paciente. Al respetar su proyecto de vida, al ayudarlo a aceptar las modificaciones que la realidad le impone le estamos ofreciendo la posibilidad de elegir una nueva forma de vivir o de permanecer en la inautenticidad.
El profesional conoce la situación actual, el aquí y ahora de la relación de encuentro. Estará dispuesto a continuar apoyando la busqueda de sentido del paciente, compartiendo y aliviando. La comunicación se torna, en estos casos, en el principal instrumento de la “pastoral médica” (V.E.Frankl). No es una sustitución del papel de la familia, del amigo o incluso de los religiosos que acerquen su compromiso. Es contribuir a una mayor plenitud de vida a través del intercambio de actitudes y gestos de acompañamiento que revitalizarán los momentos mas importantes de su biografía haciéndola valiosa de haber sido vivida.

Si el paciente ha dado a entender su real deseo de saber y sobrellevar la situación es inútil o perjudicial escapar a esa responsabilidad profesional de la comunicación. Establecer una comunicación deficiente es coartarle la posibilidad de elección y responsabilidad sobre su existencia real.
La Logoterapia, Tercera Escuela de Viena que fundara Viktor E. Frankl, considera que el psicoterapeuta puede ayudar al paciente apelando a la posibilidad de traspasar sus propios límites, pasar por encima de su facticidad  y la posición fatalista que casi siempre la acompaña logrando, una dimensión completamente nueva: vida con sentido, a pesar de todo, respeto de la autotrascendencia, apertura al amor y permisividad para la libertad individual. Transformar las tensiones de un “yo”  en crisis para que se produzca un “nosotros” (familia, amigos, terapeutas)
La actividad profesional implicará juegos de dramáticos silencios convocantes, actitudes de espera, continencia de la angustia, desarrollo de caminos de libertad sin imposiciones, creando el lugar apropiado para la confianza y desarrollando una creatividad técnica basada en la imposición de “palabras límites”: fe, camaradería, sufrimiento, sentido, esperanza, amor, solidaridad, cuidado del otro, que forman parte de lo que en algunas Conferencias nosotros denominamos “el almacén logoterapéutico”, un establecimiento cuya mercadería principal en existencia son los “valores”.
Estar, sinceramente, a disposición del otro. Amarlo como ser humano que sufre. Evitar que dé pasos peligrosos. Permitirle elegir su camino sin condicionamientos. Ayudarle a superar la paradoja entre la inmanencia y la trascendencia. Este es el juego de roles que permite el ejercicio de la Logoterapia para los psicoterapeutas formados. El Logoterapeuta renuncia antes de empezar el tratamiento. Renuncia a promoverse. Renuncia a la posibilidad de dominar al otro. Renuncia a muchas recompensas.
¿Es posible esta posición completamente desinteresada en un profesional que trabaja y debe contar con medios para también realizar su sentido de vida? Sí, es perfectamente posible porque es una relación de encuentro amoroso. Y lo menos que el verdadero amor quiere es el beneficio del otro.
Esta es la “apelación”, el llamado. Y en esto consiste la “cura”, el cuidado.
Paradojalmente, el sufrimiento nos ha iluminado el camino que nos lleva a la puerta de la trascendencia. Pese a la dependencia de la enfermedad o la crisis, llena de rispideces y obstáculos, la libertad interior actúa como un ariete que rompe ese cerco de dolor o sentimientos de pérdida que lo cerca y activa la capacidad de sobreponerse para seguir adelante “a pesar de todo”. El sufrimiento actúa como un filósofo interior que cada uno posee y que revela el valor de la vida, iluminando, haciendo transparente lo que parecía tan impenetrable, abriendo regiones hasta entonces veladas y enriqueciendo, verdaderamente, la existencia.
          Por supuesto que por “sufrimiento” nos referimos a aquel que no es fácil o posible superar. Debemos acudir a la superación del sufrimiento innecesario. Solamente ante el sufrimiento impuesto por las circunstancias de la enfermedad, aquello de lo que no podemos escapar, debemos poner en marcha los valores actitudinales. Soportar aquello que es evitable es, simplemente, masoquismo o estupidez.
          Algunos psicoterapeutas aíslan esta posibilidad de superación del sufrimiento por el sentido acentuando la realización parcial de algunos aspectos del hombre perdiendo de vista su personalidad pluritemática y multidimensional. “Curan” su cuerpo. “Curan” su psique. “Curan” su relación interpersonal social. Pero olvidan la “cura” de la dimensión especial que nos diferencia como personas: el espíritu.
Esta es la “cura”. “Cura” es una voz latina que designa “cuidado, preocupación”. Nuestra “preocupación” principal es establecer hasta que punto es posible “la cura”.
Esta es el alfa de nuestra tarea profesional como psicólogos y como logoterapeutas. Ninguna circunstancia debe imponer límites a la vida. Ni enfermedades de cualquier tipo, ni circunstancias personales, ni sociales, ni pseudouniversales ni pseudocientíficas. Cualquier Psicología que prescinda del amor, del encuentro y de la comunicación separa al ser humano de sus referentes originales e intencionales. La cualidad trascendente de la realidad humana se potencia en el encuentro auténtico profesional-paciente. Para lograr éxitos en el campo de la psicoterapia debe combinarse las técnicas (estimulantes y bienvenidas) con la incorporación de un elemento de arte que supere las limitaciones de la Ciencia en la consideración de su genuina dimensión que es la dimensión espiritual (Frankl).

Oportunidad trascendental. El otro puede optar por la posibilidad de rechazo de la “apelación”. Posibilidad de caída en el egoísmo o el sinsentido. Imposibilidad de encuentro con el otro. O puede aceptar el “encuentro” y proyectarse en la realización de valores superando todas las barreras.
Bibliografía:
1.- Frankl, V. E.  “El hombre doliente”, Barcelona, Ed. Herder, 1987.
2.- Frankl, V. E.  “El hombre en busca de sentido”, Barcelona, Ed. Herder, 7ª. Ed., 1986.
3.- Frankl, V. E.   “La voluntad de sentido”, Barcelona, Ed. Herder, 1988.
4.- Yalom, I. D.  “Psicoterapia Existencial”, Ed. Herder, Buenos Aires, 1985.

 Dr.  José Martinez-Romero Gandos
A Coruña – Galicia – España

Enero de 2015.