Dr. Frankl y Dr. Martínez-Romero en Caracas 1985

jueves, 14 de noviembre de 2019

FRANKL NOS HABLA SOBRE "BIBLIOTERAPIA"


           En 1968, en ocasión de la inauguración del XIV Congreso Internacional de Filosoía que tuvo lugar en la ciudad de viena, el Dr. Viktor E. Frankl pronunció una conferencia sobre el tema "El libro como tratamiento terapéutico". Nos pareció interesante recordar esta conferencia porque puede ilustrarnos mucho en cuanto a la recomendación terapéutica de lecturas.

“Cuando se habla de libro como un medio terapéutico se hace con el mayor rigor clínico. La denominada biblioterapia ocupa, desde hace ya varias décadas, un lugar muy importante en el campo de la   n  neurosis. Al paciente se le recomienda la lectura de unos libros determinados, pero no sólo de libros especializados. Esta utilización del libro persigue, como es lógico, un objetivo y se ajusta a los distintos casos.
            Teniendo en cuenta que la psicoterapia se basa sobre todo en una colaboración entre el médico y el enfermo, no hay que pensar que el libro puede sustituir al médico y la biblioterapia a la psicoterapia. Pero no hay que menospreciar por ello al libro. Yo poseo documentos en los que se desprende claramente que personas que habían sufrido durante años neurosis agudas y que habían sido tratadas sin éxito por el especialista, se aplicaron a sí mismas, a partir de la lectura de un libro determinado, una técnica psicoterapéutica concreta, y se pudieron ver libres así de su mal.
            La posibilidad de utilizar el libro con fines terapéuticos va más allá de lo patológico. Así, por ejemplo en las crisis existenciales –de las que nadie queda libre- el libro suele tener efectos prodigiosos. Un libro adecuado leído en el momento oportuno ha salvado a muchas personas del suicidio y esto lo sabemos los psiquiatras por experiencia. En este sentido, el libro presta una auténtica ayuda en la vida… y en la muerte. No me refiero a los libros que se han puesto de moda en que aparecen como titulo estereotipado las palabras “death and dying”, la muerte y el morir, y en los que se habla de la muerte como si no se tratara nada más que de un proceso que se puede dividir en tantas o tantas fases e incluso manipular. A lo que yo me refiero es a la muerte como a una de las situaciones límite del hombre, como uno de los aspectos de la “triada trágica” de la existencia –según yo la denomino- formada por la muerte, el dolor y la culpa. He visto cartas escritas en el lecho de muerte o en la cárcel, en las que se expresa con emoción cómo un libro e incluso una sola frase puede aportar en tales situaciones aislamiento exterior y franqueza interior.
             “Todos conocemos del afán de leer que sienten los jóvenes. Se dan cuenta instintivamente de la fuente de energía que los libros constituyen. ¿Cómo si no, podría explicarse lo que sucedió hace décadas- en el campo de concentración de Theresienstadt? Se había preparado el transporte de mil jóvenes y a la mañana siguiente salía hacia el campo de concentración de Auschwitz. Pero esa misma mañana se comprobó que había sido asaltada la Biblioteca. Cada uno de los condenados a muerte había metido en su mochila algunas obras de su poeta preferido y algún libro científico. Eran las provisiones para el viaje hacia lo (por suerte aún) desconocido. Que venga ahora alguien y me diga “primero la comida, luego la moral”. ...

....”Volvamos al sentimiento de falta de sentido. ¿Cómo se puede utilizar el libro como medio terapéutico contra la neurosis colectiva de hoy en día?. En tres frentes sobre todo, contra tres aspectos actuales y agudos de la enfermedad de nuestro tiempo: la neurosis de domingo, la crisis de la jubilación y la neurosis del desempleo.
            “El domingo, durante el fin de semana, cuando cesa la actividad de los días laborales, aumenta en las personas el sentimiento de falta de sentido. La consecuencia de esto es una depresión típica, la denominada neurosis del domingo, que al parecer está cada vez más extendida.”
            “La crisis  de la jubilación, el derrumbamiento psicosomático que sufren las personas que aparte del trabajo no han tenido nada que llenara su vida y, liberados de la presión que suponían las obligaciones profesionales y enfrentadas al vacío que encuentran dentro de sí mismas, se desploman. Se puede prevenir este agotamiento psicofísico que se da en la vejez conservando en buen estado tanto el cuerpo como la psique, y en esto el libro actúa no sólo como medio terapéutico, sino también como profiláctico. Nunca he visto amontonados tantos libros sobre un escritorio como en el del profesor Berze, un antiguo director de Steinhof, que murió a los 91 años de edad estando psíquicamente sano y activo”..
            “En cuanto a la tercera,  la neurosis del desempleo, se trata de un síndrome que yo mismo describí, comprobado en estudios. Está comprobado que la necesidad no es sólo económica, sino tambien espiritual. Sin trabajo, al hombre le parece la vida vacía, se siente inútil. Lo peor no es la falta de trabajo en sí, sino el sentimiento de falta de sentido. ..”
            ... “El hecho de que el hombre conoce instintivamente las posibilidades que los libros le ofrecen para no hundirse interiormente en los momentos de depresión económica queda demostrado por las circunstancias de que en los países con cifras altas de desempleo se compran y se leen más libros.
             “A esto se añade el hecho de que, en contraposición a los grandes medios de comunicación social y a la pasividad a que inducen a los hombres, el libro nos hace ser selectivos. Un libro no se puede conectar y desconectar como una radio o un televisor. Por un libro hay que decidirse, hay que comprarlo o al menos tomarlo prestado, hay que leerlo y de vez en cuando interrumpir la lectura para pensar. Dentro de un mundo laboral amenazado por la deshumanización, el hombre crea islas en las que nada pueda no sólo entretenerse, sino también reflexionar, no sólo divertirse, sino también meditar. El tiempo libre que ocupa leyendo le ayuda a huir de sí mismo, de su propio vacío, y a entrar en sí  mismo.  En una palabra, el libro lleva a una liberación no centrífuga, sino centrípeta. Nos descarga de la presión del trabajo, de la vida activa, y nos hace volver a la vida contemplativa, a la existencia contemplativa, aunque sólo sea de vez en cuando”.
            “¿En qué consiste la tarea y la responsabilidad del libro? En que cree al hombre capaz de tener el deseo de sentido que hoy está tan frustrado”.