Dr. Frankl y Dr. Martínez-Romero en Caracas 1985

sábado, 4 de abril de 2020

Soteria. Sobre el veneno de la información. Por Giuliano Milla Segovia

     Con la autorización del autor, Giuliano Milla Segovia (Lima - Perú) publico este interesante y profundo artículo.
     El artículo  me ha parecido extraordinario. Muy bien escrito. Tiene todo el “sabor” de muchas lecturas  y también refleja una vena poética. Los contenidos son muy importantes, con abundantes referencias a autores que admiro. En estos momentos en que la información nos abruma desde un capitalismo salvaje que tiene en los medios personeros eficientes este artículo nos deja claro que la muerte “se hace presente” en nuestro mundo. Y tal como diría Binswanger, acentúa nuestra relación con el mitwelt pero hace temblar a nuestro eigenwelt pues son momentos especiales, casi novedosos, en los que nos vemos lanzados a confrontarnos con la íntima pregunta por nuestro suprasentido o por el absurdo de nuestra existencia. 



Soteria. Sobre el veneno de la información.

Giuliano Milla Segovia   

           
«A tal punto estaban abandonados a la peste que a veces les sucedía no  sperar sino en su sueño […] ya estaban dormidos; todo aquel tiempo fue como un largo sueño.»  Albert Camus. La Peste.         

«La muerte tampoco es mi tipo y no obstante, muchas veces me atrae.»   Ernesto Sábato. El túnel.


 El problema último develado por la pandemia es el del imperioso deseo Unamuniano de vivir. O dicho de otro modo: el inminente miedo de morir. El individuo quiere ser salvado. El Otro puede ser un óbice para mi salvamento, importa en la medida que entorpece mi salvación. Soteria y Thánatos se miran. La muerte ha salido de su letheia, de su ocultamiento, de su anonimato, de sus lugares comunes: velorios, hospitales, accidentes, y ahora yace en las puertas de nuestras casas, es aletheia (des-ocultamiento), verdad revelada. Salimos a aplaudir para ahuyentarla. La muerte es noticia, se notifica. Llevamos la cuenta y en la ilusión del número la alejamos. La estadística es abstracción. Ilusión matemática. Despoja de su significatividad épica a los acontecimientos. Los des-dramatiza. El filósofo surcoreano Byung Chul-Han (2015), en el marco de su disertación sobre el fin de los relatos, planteaba: 

  “Narrar una historia (Erzälen) es un modo concreto de contar  (zählen). Construye una tensión, que dota de sentido a la sucesión de  acontecimientos. Los enlaza más allá del mero recuento (Zälen), lo que  da lugar a una historia (Geschichte). El Ser, sin embargo, no se abre ni  en el número (Zahl) ni en el recuento (Zählung), ni en la numeración  (Aufzählung) ni en la narración (Erzählung)” (p.78).

 El número no tiene carne ni hueso, es puro dato, “informa”. Palabra cuya raíz etimológica deriva del sustantivo latino informatio, del verbo informare: dar forma, disciplinar, instruir, enseñar. Así, la información que nos llega es (in)formativa, nos disciplina, nos pone en forma. De ahí la quimérica sensación de que estar informados es estar seguros. Lo contrario a informar no es desinformar o no estar informado. Lo contrario a informar es pensar. La fórmula
del confinamiento es: me informo, luego existo. Ya sabemos de la angustia agravada por este procedimiento. Sin embargo, ¿realmente nos informamos para querer estar seguros? ¿Nos informamos para salvarnos? 

 Hay más de un ejemplo emblemático sobre el deseo de arengar a los que no contribuyen con el privado deseo de salvación de los individuos. De señalar. De juzgar. Una periodista peruana no muy querida por un sector de la población es criticada durante varios minutos en señal abierta. Se ha dedicado un espacio público para tal fin. Vigilar y castigar, panóptico foucaultiano. Se organizan un par de periodistas para manosear el desatino de esta otra periodista, que ya había sido objeto de shitstorm. Vuelve la pregunta, ¿nos informamos para estar seguros? ¿Para estar a salvo? Show. Otra vez La société du spectacle (1992). Morbo dicen algunos. Mirar lo que no es necesario mirar. Mirar inútilmente. Mirar por querer mirar. Ser mirón. Manosear con el ojo. 

 El deseo de una sensibilidad panóptica. De llevar al ojo a los extramuros de su razón. Se nos salen los ojos. El morbo es lo mórbido, señal de enfermedad. Mirar con morbo es mirar y enfermarse. Envenenarse.  El vocablo griego ἰός refiere a veneno, es decir, virus. En síntesis, el SARS-CoV-2 ataca a distancia. Su naturaleza submicroscópica que le da cualidad de invisible se revela en otro de sus signos en el Covid19 como ojo-morboso. Morbo para el que manosea la falta del irresponsable y voyeurismo para el que participa de lejos. El coyuntural Byung Chul-Han (2014) decía: “respeto presupone una mirada distanciada, un pathos de la distancia. Hoy esa actitud deja paso a una mirada sin distancias, que es típica del espectáculo” (p.13). Se ha pedido distancia de unos cuantos metros entre persona y persona para salvaguardarnos. De este mero distanciamiento preventivo podríamos dar el salto al distanciamiento de lo íntimo. Vale preguntarse ¿el mundo íntimo pierde dignidad en el espacio público? La distancia íntima es para el lingüista francés Pierre Guiraud (1986): “la distancia de la protección y del consuelo, la del afecto y del amor, pero también la de la hostilidad y de la agresión” (p. 91). Depende de qué queremos hacer con ese espacio íntimo: caldero de imprecaciones u hogar de confraternidad. Un abrazo es cálido, el exceso de abrazo abrasa, es decir, quema, asfixia. Tenemos allí una efigie de la hostilidad a ese Otro que me importa en la medida que pone en peligro mi salvación. 

 Así, la ética del deber, del imperativo, del mandato, es materia de soteriología. La salvación ya no está en el templo, en la advocación religiosa, ni en interior. Su lugar son las mass media, la nueva religión. Las plegarias ahora son execraciones. La inquisición es digital. El filósofo francés Luc Ferry (2007) nos dice: “Para ser salvado, hay que pasar por la fe y por Otro. La filosofía nos promete lo mismo, pero nos asegura que podemos conseguirlo por la razón y por nosotros mismos” (p.20). El sujeto de hoy no se salva ni por la fe, ni por la razón. Pretende salvarse por el dato. 
 Fe, razón y dato. Materia de especulación para la Grecia clásica. Veamos. Explicaba el filósofo peruano Víctor Li Carrillo en su Enseñanza de la Filosofía (2008) que la palabra griega theōría, θεωρία, es decir, teoría, que quiere decir en el idioma helénico: visión, se funda en tres significaciones principales: a) visión como información, que refiere a la intención de conservar datos y acontecimientos en la memoria, del testimonio de la realidad. De allí la razón de la historia, del vocablo hístoor, es decir, testigo, el que da fe de algo que ha visto; por otra parte b) visión como consideración, o sea, el conocimiento de los cuerpos celestes y los fenómenos naturales. Punto asociado a la razón y el entendimiento y, por último, c) visión como contemplación, en este caso la palabra toma un sentido religioso, de contemplatio, de templum. En síntesis teoría quiere decir visión en estos tres sentidos. De allí que la persona de hoy no se salve ni por la fe contemplativa, ni por la consideración reflexiva, sino más bien por la información volátil. Justamente por este carácter de inconstante, de etéreo, de voluble, la información deviene en engaño y persuasión. Se sabe que el veneno viene en formas imprevisibles, atractivas. Llega en el alimento: la manzana envenenada de Blancanieves. Así, el alimento que da salud, seguridad, vida, intoxica. Cabe agregar que en quechua la palabra para referirse a alimento y vida es la misma: kawsay. Entonces, ¿cómo esperar la salvación (o seguridad) de esta información envenenada? Otra vez: ¿Para qué nos informamos? 

 Se decía al principio que nos queremos salvar de la muerte. Recordemos un idóneo pasaje de la novela (o nivola) Niebla de Don Miguel de Unamuno (1985) en donde doña Ermelinda y su sobrina Eugenia Domingo del Arco dialogan sobre un acontecimiento de su comunidad:

 -¿No sabe usted [La sobrina a la tía] lo que ese bárbaro de Martín Rubio  le dijo al pobre don  Emeterio a los pocos días de quedarse éste viudo?  -No lo he oído, creo.  -Pues verá usted; fue cuando la epidemia aquella, ya sabe usted. Todo  el mundo estaba alarmadísimo, a mí no me dejaron ustedes salir de  casa en una porción de días y hasta tomaba agua hervida. Todos huían  los unos de los otros, y si se veía a alguien de luto reciente era como si  estuviese apestado. Pues bien: a los cinco o seis días de haber  enviudado el pobre don Emeterio tuvo que salir de casa, de luto por  supuesto, y se encontró de manos a boca con ese Bárbaro de Martín.  Este, al verle de luto, se mantuvo a cierta prudente distancia de él, como  temiendo el contagio, y le dijo: “Pero hombre, ¿qué es eso?, ¿alguna  desgracia en su casa?”. “Sí –le contestó el pobre don Emeterio-, acabo  de perder a mi pobre mujer…”. “¡Lástima! Y ¿cómo ha sido eso?” “De  sobreparto” –le dijo don Emeterio. “¡Ah, menos mal!” –le contestó el  bárbaro de Martín, y entonces se le acercó a darle la mano (p. 73).  

 Este epidémico episodio, oscuro homenaje a la situación actual, da cuenta del trasfondo ético y por lo tanto soteriológico que vivimos con la pandemia. El primer aspecto que destacar en él es el del carácter visible de la muerte bajo el distintivo del luto. Antes lo sólito ante la pérdida era vestir del luto o representar el duelo bajo una forma simbólico-social. Hoy es cuestión encargada a la funeraria, en donde la familia tiene poca o nula participación. La muerte se oculta, se enmascara (quizá con el maquillaje) o las mascarillas de prevención. Hace poco la muerte quedaba reclusa en la esfera privada y aún allí, se le escondía. 

 Hoy, la muerte se ha hecho pública, es incómoda. Sin embargo, están los memes y las goodnews para soportarla. Por eso, la muerte no termina de descubrirnos. No termina de develarnos. No ya la muerte develada. Sino esta vez, la Parca, la muerte personificada, no nos puede desnudar, porque ni la intoxicación por veneno informativo, ni el neo-nihilismo memelógico lo permiten. ¿Por qué nos intoxicamos? ¿Por qué nos narcotizamos? Aquí es preciso resaltar el segundo punto del pasaje literario. En voz de la Eugenia unamuniana: “Todos huían los unos de los otros”.

 El confinamiento nos ha obligado a mirar dentro. Ese mirar dentro es mirar mi-mundo-con-los-otros, en tanto que Mitwelt (Heidegger, 2009), es decir, el mundo en común con mis próximos, aquellos que constituyen mi vida. Entonces, ¿de quién huimos por medio del narcótico al que llamamos “información”? De ellos, de su finitud revelada, de su muerte. Nos envenenamos mórbidamente con esa falsa seguridad, con esa falsa eternidad del show. Finalmente, no es mi muerte la que me duele, sino la imagen de sus muertes las que me conduelen. Vivir mirando adentro, haciendo una flexión hacia sí mismo, una re-flexión, es mirar la verdad de la muerte de aquel que amo, bien amado o torpemente amado, a fin de cuentas, aquellos a los que amo. En palabras del filósofo y dramaturgo Gabriel Marcel: decir te amo, es decir, no morirás (Blázquez, 1988).     

 Finalmente, se quiebra la apariencia del no-morir, de que la vida no se acaba, de que la muerte le ocurre a los otros-que-no-son-mis-otros. Que no son los míos ni yo. Cuando se rompe ese falso mito, tenemos la oportunidad de vivir auténticamente, de mirar-los y mirarnos. De acercarme a ellos y tener un auténtico encuentro humano. No de individuo a individuo. Sino de persona a persona. Responsable de sus vidas y viceversa. Solo así, se puede mirar en los extramuros del mundo-propio, del mundo-con-los-míos. Saltar el muro de la indiferencia requiere pues, tomar conciencia de la verdad de la muerte de mis otros para ver sus rostros y responder a sus miradas. El ensayista y pedagogo argentino Jaime Barylko nos decía (2005): 

  “Cuando la apariencia entra en crisis, cuando falla, si estás  dispuesto a darte cuenta, se produce la fractura. La realidad se desgarra  como un velo, ahí te detienes, y piensas. Perder la protección que  brindan las apariencias es un dolor, pero saber que uno sale de la  oscuridad a la luz es una dicha (p.11).  

Esta pandemia es, pues, una oportunidad para salir de la niebla. 

Referencias

Barylko, J. (2005). La filosofía. Una invitación a pensar. Buenos Aires: 
Booket. Blázquez, F. (1988). La filosofía de Gabriel Marcel: De la dialéctica a la  invocación. Madrid: Ediciones Encuentro.   
Camus, A. (2003). La peste. Barcelona: Editorial Sol 90.  
Debord, G. (1992). La société du spectacle. Paris: Gallimard Ferry, L. (2007). Vencer los miedos. La filosofía como amor a la sabiduría.  Madrid: Editorial Edaf. 
Guiraud, P. (1986). El lenguaje del cuerpo. México, D.F.: Fondo de Cultura  Económica. 
Han, B-C. (2014). En el enjambre. Barcelona: Editorial Herder. 
Han, B-C. (2015). El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de  demorarse. Barcelona: Editorial Herder. 
Heidegger, M. (2009). Ser y Tiempo. Madrid: Trotta. 
Li Carrillo, V. (2008). La enseñanza de la filosofía. Lima: Fondo Editorial    de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. 
Sábato, E. (2000). El túnel. Lima: Adobe Editores S.A. 
Unamuno, M. (1985). Niebla. Colombia: Editorial La Oveja Negra.

sábado, 21 de marzo de 2020

LOGOTERAPIA GRUPAL - Notas para una práctica con sentido y fundamentación analítico-existencial



PROLOGO DEL LIBRO POR EL DR. CLAUDIO GARCÍA PINTOS

     ¿Compartiría usted conmigo un café en un tranquilo bar de pueblo para que le explique el valor de este libro? Afortunadamente, no será necesario distraerlo en una cita, cuando usted está, ahora mismo, dispuesto a descubrirlo.
Con una invitación similar, el Dr. Martínez-Romero Gandos, invita al lector a dialogar sobre la importancia y alcances de una terapia grupal fundada en los principios del Análisis Existencial de Viktor E. Frankl.  Y no se trata de una figura, más o menos ocurrente, para la presentación de su trabajo.  Es, propiamente, expresión fundamental de la analítica-existencial, que supo hacer del encuentro, un recurso revelador de la persona espiritual.   ¿Por qué?
Porque partimos de una ontología dimensional frankliana, que nos ha permitido superar una insuficiencia antropológica sufrida por las –llamadas- ciencias del hombre; esa carencia, nos llevaba a hablar tan solo de individuos, objetos, sujetos, hombres, pero nunca de personas. Frankl habilita, entonces, la dimensión espiritual como cuestión psicoterapéutica, y a partir de allí, le permite a la misma persona espiritual, manifestarse más plenamente, tanto en sus clamores como en sus recursos.
   Esta persona espiritual “es” autotrascendente, y, si bien en ella está todo lo que necesita para plenificarse (es insummabile, según la segunda de las diez tesis sobre la persona), para actualizar esa plenitud debe salir al encuentro del afuera plenificante. Es decir que, si no salgo de mí al encuentro del universo que está fuera de mí (los otros, el Otro, el mundo circundante, los valores), mi plenitud solo será una potencialidad no desplegada.  Cómo podría plenificar mi ser padre, si no hubiera primero un hijo; cómo podría plenificar mi ser docente, si no hubiera primero un educando; cómo podría plenificar mi ser terapeuta, si no hubiera primero alguien que viene buscando ayuda. Porque, ese afuera plenificante, no es una condición más, es una prioridad ineludible.  Recordemos la sentencia que señala que, “el Tú antecede al Yo
   Esta naturaleza autotrascendente, se manifiesta en nosotros a través de dos tendencias transitivas, que llamamos tendencia a la asociación y tendencia comunitaria.    La primera (asociación) nos define como seres sociales, y esta condición podríamos definirla como estar-con-los-otros.  Por eso armamos sociedades, que tienen por objetivo asegurarnos la supervivencia (seguridad, alimento, orden, educación, etc) Esta misma tendencia, la viven los animales, y en ellos lo llamamos instinto gregario. Ellos también saben que “solos” significa riesgo de perecer.  Las sociedades se organizan en torno a leyes, de alguna manera consensuadas, que pueden modificarse con futuros consensos. El cumplimiento de la ley significa la sustentabilidad de la sociedad.
   La segunda (comunidad), nos define como seres comunitarios, y esta condición podríamos definirla como un ser-con-los-otros.  Por eso mismo vivimos en comunidades, que tienen por sentido promover en nosotros la realización personal. Esta tendencia es exclusiva de la persona, porque las comunidades se organizan a partir de los valores (respeto, responsabilidad, lealtad, fidelidad, solidaridad, etc.), y los animales no pueden acceder al universo valorativo. 
   No es lo mismo “estar” que “ser”, y ambas cosas son importantes para el despliegue personal. Por la primera, “pertenezco” a una sociedad, y, por la segunda, “participo” de una comunidad.
Si esto que estoy planteando de manera sobresimplificada, es cierto, comprendemos fácilmente que esta persona espiritual, autotrascendente, con vocación comunitaria, vive al “encuentro” como su medio más propicio.  Diría que es un ser para el encuentro.  De modo tal que, siempre que pueda vivirlo, todo encuentro es propicio para que se revele en su mejor magnitud (decíamos antes, “expresión fundamental de la analítica-existencial, que supo hacer del encuentro, un recurso revelador de la persona espiritual”)   Cuando la persona no vive el encuentro, se “rebela” (de rebeldía); cuando puede vivenciarlo, se “revela” (de revelación).  La diferencia no es menor.  (no solo cambia “b” por “v”)
Así, el encuentro terapéutico grupal que propone el autor, responde a la naturaleza de la persona espiritual, potencia sus mejores recursos autotrascendentes y se despliega como una dinámica de ayuda mutua.
   La psicoterapia siempre ha tenido un sesgo preponderantemente individual. Sin embargo, existen muchos sistemas que han hecho de la psicoterapia grupal, un recurso formidable para algunas personas que requieren o reclaman, una dinámica distinta, compartida.  No solo desde el psicoanálisis, sino también desde la Gestalt, sistémica, transpersonal, cognitivo-conductual, encontramos desarrollos de este tipo.  Lógicamente, también desde la analítica-existencial frankliana. En especial, en los últimos años, he sabido de programas o intentos de sistematizarlo como método. Sin embargo, no conozco ninguno con sólido fundamento teórico o práctico. En este punto podemos comprender el valor de este libro.
   El Dr. Martínez-Romero Gandos es uno de los pioneros en este tema. Recuerdo hace ya muchos años, sus primeros avances en Buenos Aires, cuando a nadie se le ocurría poder sacar a la Logoterapia de la consulta individual. De allí en más, un trabajo serio de estudio, investigación e implementación, lo ha mantenido a la vanguardia del tema, con una amplísima participación en diferentes ámbitos. De hecho, este texto da cuenta de algunos de los valiosos aportes que ha realizado en todos estos años.
Recorriendo solo el índice, ya comprendemos la importante sistematización que ha hecho de los mismos, ordenándolos de manera muy didáctica, para que el lector interesado pueda ir siguiendo, desde la comprensión del fundamento, hasta el modo de implementar, su propuesta grupal basada en la teoría frankliana.      
   La edición de este libro es una alegría para los que conocemos la trayectoria y trabajo del autor, es una ayuda, para los interesados en las psicoterapias grupales y un aporte fantástico para el avance de la Logoterapia aplicada.
   Sin dudas, muchos, al finalizar la lectura del texto, quedarán con deseos de saber más de su vasta experiencia al servicio de la persona.  Tal vez sea entonces una buena ocasión para tomar con él, ese café que quedó pendiente desde la introducción.

Claudio García Pintos                                Buenos Aires, Argentina


Fecha de publicación: 10 de marzo de 2020


INDICE:
Prólogo por el Dr. Claudio García Pintos - 

INTRODUCCIÓN: Porqué y para qué grupos. - 
 
Capítulo 1.  La trascendencia de la obra del Dr. Viktor E. Frankl en nuestra práctica logoterapéutica - 

Capítulo 2. ¿Es posible fundamentar, desde la Analítica Existencial, la Logoterapia Grupal? - 

Capítulo 3.  Reto de la Logoterapia grupal. La auto-trascendencia recíproca. - 

Capítulo 4.  Comunicación y Logoterapia - 
.
Capítulo 5.  Apelación y cura. - 

Capítulo 6.  Instrumentos fundamentales en la aplicación de la Logoterapia Grupal. -

·         La apelación.
·         El encuentro.
·         El auto-distanciamiento
·         La esperanza.
·         Empatía y asertividad.

Capítulo 7.  La técnica al servicio del Hombre - 

·         La formación de los grupos
·         Apertura y cierre
·         Ejercicios de participación grupal
1.    Culpa
2.    Posibilidad
3.    Libertad
4.    Responsabilidad
5.    Cura
6.    Espacialidad
7.    Temporalidad
·         Otras intervenciones   
            a) Máscaras.
            b) Títeres
            c) Ejercicio de la Cordillera
            d) Otras técnicas propias de la Dinámica Grupal

Capítulo 8.  Los grupos solidarios. - 

            a) Grupos con ancianos (Misión y dimisión de la familia)
            b)  Grupos con niños y ancianos.
            c)  Grupo de padres que perdieron hijos
            d) Grupo de mujeres víctimas de violencia doméstica
            e) Grupo de personas que buscan empleo
            f)  Grupo de inmigrantes

Capítulo 9. CONCLUSIONES - 

Bibliografía -



lunes, 16 de marzo de 2020

LA VIDA EN TIEMPOS DE PANDEMIA - De la vie par de temps de panémie



NOS LLEGA DESDE PARIS (Francés y luego traducción al Español). Muy interesante reflexión sobre la pandemia del Coronavirus

De la vie par des temps de pandémie…




     Disons-le clairement, nous n’avons strictement aucune idée de ce que nous sommes en train de vivre. Et si une seule chose nous paraît aujourd’hui certaine, c’est que nous n’avons pas fini de compter nos morts et de constater les dégâts sanitaires, humains et économiques causés par la diffusion mondiale du coronavirus.
     Nous savons aussi qu’au bout du compte, c’est la tristesse et la misère qui nous attendent. Et comme toujours, elles toucheront plus durement les plus fragiles d’entre nous. Pour le reste, on ne sait rien. On doute, on se noie, heure après heure, dans les informations pour en arriver à la conclusion que les ministres et les puissants de ce monde n’en savent guère plus que nous.
Et pourtant, si l’on ouvre bien grand nos yeux et nos oreilles, on sera surpris d’apprendre qu’il est possible au niveau d’un pays, et même d’un continent, de prendre des mesures radicales pour protéger les populations. Ces mêmes mesures dont on nous dit pourtant depuis une décennie qu’elles sont impossibles lorsqu’il s’agit de lutter contre le réchauffement climatique, de mettre un terme à la pollution aux pesticides ou encore d’interdire purement et simplement les perturbateurs endocriniens. Jugées nécessaires et appliquées aujourd’hui sans hésitations, ces mesures visant à renforcer nos systèmes sanitaires étaient pourtant hier encore sacrifiées au nom d’un réalisme économique qui nous prévenait catégoriquement qu’elles n’étaient pas viables. Celles et ceux qui s’opposaient à la destruction de notre structure sociale, qui appelaient une utilisation différente de nos ressources économiques, ont été trop souvent traités d’idéalistes, de populistes ou de rêveurs naïfs. Malheureusement, on constate aujourd’hui le prix que le « réalisme » nous fait payer face à une crise sanitaire majeure, face à une situation bien « réelle ». On aurait donc presque du mal à y croire. En quelques jours, les responsables politiques ont su miraculeusement trouver le volontarisme et les ressources (éthiques et financières) qui leur faisaient défaut quand il était question de réguler l’industrie automobile, d’accueillir dignement réfugiés et migrants ou de renforcer la structure sociale de nos pays.
      Voilà donc au moins ce que nous aurons appris : le fatalisme économique, la destruction de nos écosystèmes au nom de logiques industrielles, la boulimie anthropophagique des banques, les dictats du FMI (et la conséquente destruction de nos services publics), toutes ces réalités que les gauchistes œdipiens n’acceptaient pas, peuvent sauter. Certes, on tentera probablement de nous expliquer, une fois l’horreur passée, que ces mesures étaient nécessaires parce que la vie était en danger. Les plus perspicaces d’entre nous répondront alors que la chimie de synthèse, la pollution atmosphérique et l’industrie pétrolière écrasent concrètement le vivant non pas demain ou après-demain, mais depuis longtemps.
 Seulement voilà, « les plus perspicaces d’entre nous » sont loin d’être la majorité des gens. La menace du désastre écologique paraît à la plupart plus lointaine et moins immédiate. D’abord, semble-t-il, car elle ne touche pas encore directement (ou du moins, elle le fait sans que les gens s’en aperçoivent) une partie de la population mondiale qui vit dans le confort. Ensuite, car cette menace inclut un nombre considérable de variables qui restent inconnues ou obscures à la majorité des personnes qui, dans la difficulté de se les représenter, peine à se sentir concernée et agir. Au contraire, une menace comme celle de la pandémie que nous vivons actuellement apparaît comme immédiate : on peut en mourir, aujourd’hui, maintenant. Il faut se protéger, agir. La question est donc de savoir ce qui détermine le caractère d’immédiateté de la menace. S’agit-il réellement d’une propriété intrinsèque à cette pandémie, qui la différencierait, par exemple, de la menace écologique ? En regardant de près la situation, il nous semble que ce qui a contribué de manière décisive à rendre cette pandémie une menace immédiate est en bonne partie lié à l’action des gouvernements et au dispositif disciplinaire mis en œuvre. Autrement dit, ce qui l’a rendue immédiate n’est pas la mortalité du virus (caractère intrinsèque) mais plutôt l’action disciplinaire des gouvernants. Cela constitue pour nous une leçon fondamentale dont il faudra se souvenir : si tout ce que l’on perçoit n’est pas forcément aperçu (au sens de Leibniz), il est certain que pour passer d’une perception (ce dans quoi nous sommes immergés) à une aperception (une image claire à partir de laquelle et par rapport à laquelle nous pouvons agir) il faut une action. Dans ce cas particulier, il a fallu l’action coercitive des gouvernements. C’est donc l’acte de découpage et d’identification d’une menace comme immédiate qui peut nous faire passer d’une perception diffuse à une aperception claire. Pourquoi dès lors, n’arrivons-nous pas à agir de même pour les autres menaces ? Car, pour l’heure, il faut bien reconnaître qu’il existe encore qu’une minorité de gens (certes, une minorité croissante) qui aperçoit la menace immédiate du désastre écologique (beaucoup de scientifiques, des figures-symbole comme Greta Thunberg...). En revanche, ce qui n’existe pas, c’est une action des gouvernements et un mouvement de légitimation (pas forcément disciplinaire) de cette aperception d’une minorité, c’est-à-dire un acte de découpage nécessaire à l’action.
     On ne sait pas qui sera là demain et qui nous devrons pleurer. Mais on sait au moins qu’il nous faudra ne pas perdre la mémoire. Car cette pandémie n’est pas un « accident », mais un événement auquel on s’attend depuis 25 ans. Comme dans Crime et Châtiment, ceux qui ont commis et perpétuent tous les jours l’écocide savent qu’ils sont coupables, connaissent leurs crimes et attendent le « châtiment ». Ne perdons pas la mémoire, non pas seulement pour ériger des monuments, mais aussi pour se rappeler qu’il est possible de limiter la barbarie économiciste et que les (ir)responsables peuvent et doivent appliquer des plans de protection de la vie et de la culture. Ne perdons pas la mémoire, par rapport à la capacité qu’ont montrée les gouvernements, lorsqu’ils le veulent vraiment, de rendre une menace immédiate et apercevable.
      Essayons demain de ne pas faire confiance à ces (ir)responsables qui nous parleront encore de cette sacro-sainte « réalité économique ». Une fois la pandémie derrière nous, qu’on se souvienne que nous avons su et que nous avons agi en suivant notre désir de liberté, même sans posséder un savoir complet sur la situation. Sachons donc agir dans et pour une époque obscure et complexe, c’est-à-dire s’engager avec un certain degré d’incertitude, sans attendre la dernière information capable de déclencher l’action. S’il est un non-savoir structurel qui se situe au cœur de toute situation complexe, souvenons-nous que nous savions, même dans l’obscurité, qu’il est possible d’agir autrement, que la seule chose « réelle » qui existe est la non-volonté des gouvernants du monde d’agir dans une certaine direction et de manière responsable. Que notre désir de liberté, non pas d’un savoir totalisant, soit la lumière qui nous guide dans l’obscurité de la complexité.
Collectif Malgré Tout

La vida en tiempos de pandemia
Miguel Benasayag
marzo de 2020
Traducción al castellano de Pedro Cazes Camarero

          Dejemos en claro que no tenemos ni idea de lo que estamos pasando.         Y si solo una cosa nos parece segura hoy, es que no hemos terminado de contar nuestras muertes, ni de constatar los daños a la salud, humanos y económicos causados por la propagación mundial del coronavirus.
                También sabemos que al final del día, lo que nos espera es tristeza y miseria. Y como siempre, golpearán más duramente a los más vulnerables entre nosotros.
              Sin embargo, si abrimos los ojos y los oídos de par en par, nos sorprenderá saber que es posible, a nivel de un país, e incluso de un continente, tomar medidas radicales para proteger a las poblaciones. Las mismas medidas que han repetido durante una década que son imposibles cuando se trata de combatir el calentamiento global, poner fin a la contaminación con pesticidas o incluso prohibir los disruptores endocrinos. Consideradas necesarias y aplicadas hoy sin vacilar, estas medidas dirigidas a fortalecer nuestros sistemas de salud, todavía ayer se venían sacrificando en nombre de un realismo económico, el cual nos advertía categóricamente que no eran viables.
           Aquellos que se opusieron a la destrucción de nuestra estructura social, que pidieron un uso diferente de nuestros recursos económicos, fueron llamados idealistas, populistas o soñadores ingenuos con demasiada frecuencia. Desafortunadamente, comprobamos hoy el precio que el "realismo" nos hace pagar ante una gran crisis de salud, ante una situación muy "real", por lo cual sería casi difícil de creer. En pocos días, los líderes políticos supieron milagrosamente cómo encontrar el voluntarismo y los recursos (éticos y financieros) que les faltaba a la hora de regular la industria del automóvil, acoger con dignidad a refugiados y migrantes o fortalecer la estructura social de nuestros paises.
            Así que al menos esto es lo que habremos aprendido: fatalismo económico, la destrucción de nuestros ecosistemas en nombre de la lógica industrial, la bulimia antropofágica de los bancos, los dictados del FMI (y la consiguiente destrucción de nuestros servicios públicos), todas estas realidades que los izquierdistas edípicos no aceptaron, pueden saltar. Ciertamente, una vez que haya pasado el horror estaremos tentados de explicarnos de que estas medidas eran necesarias, porque la vida estaba en peligro. Los más perspicaces entre nosotros responderán que la química de síntesis, la contaminación del aire y la industria petrolera aplastan concretamente a los seres vivos no mañana o pasado mañana, sino durante mucho tiempo. 
           Sin embargo, "el más perspicaz de nosotros" está lejos de la mayoría de las personas. La amenaza del desastre ecológico les parece a la mayoría más lejana y menos inmediata. Primero, les “parece”, porque todavía no afecta directamente a la parte de la población mundial que vive con comodidad (o lo hace, pero sin que la gente se dé cuenta). En segundo lugar, porque esta amenaza incluye un número considerable de variables que permanecen desconocidas u oscuras para la mayoría de las personas quienes, en la dificultad de representárselas, tienen dificultades para sentirse preocupadas y actuar. Por el contrario, una amenaza como la de la pandemia que estamos experimentando actualmente parece ser inmediata: podemos morir de ella hoy, ahora. Debemos protegernos, actuar. La pregunta es, por lo tanto, qué determina la inmediatez de la amenaza. ¿Es realmente una propiedad intrínseca a esta pandemia, que la diferenciaría, por ejemplo, de la amenaza ecológica? Mirando de cerca la situación, nos parece que lo que ha hecho una contribución decisiva para hacer de esta pandemia una amenaza inmediata está en gran medida vinculado a la acción de los gobiernos y al sistema disciplinario implementado.
            En otras palabras, lo que lo hizo inmediato no fue la muerte del virus (carácter intrínseco) sino más bien la acción disciplinaria de los gobernantes. Esto constituye para nosotros una lección fundamental que debemos recordar: si todo lo que percibimos no se ve necesariamente (en el sentido de Leibniz), es seguro que para pasar de una percepción (en la cual que estamos inmersos) a una apercepción (una imagen clara desde la cual y en relación con la cual podemos actuar) se necesita acción. En este caso particular es que actuó la acción coercitiva de los gobiernos. Es por lo tanto el acto de cortar e identificar una amenaza como inmediata lo que nos puede mover de una percepción difusa a una apercepción clara. ¿Por qué entonces no podemos hacer lo mismo con otras amenazas? Porque, por ahora, debe reconocerse que todavía solo hay una minoría de personas (ciertamente, una minoría en crecimiento) que percibe la amenaza inmediata de un desastre ecológico (muchos científicos, figuras simbólicas como Greta Thunberg). Por otro lado, lo que no existe es una acción de los gobiernos y un movimiento legitimador (no necesariamente disciplinario) de esta apercepción de una minoría, es decir, un acto de división necesario para la acción.
            No sabemos quién estará allí mañana y por quién lloraremos. Pero al menos sabemos que no tendremos que perder la memoria. Porque esta pandemia no es un "accidente", sino un evento que se esperaba desde hace 25 años. Al igual que en “Crimen y Castigo” (novela de Dostoievsky) , quienes cometieron y perpetúan el ecocidio todos los días saben que son culpables, conocen sus crímenes y esperan el "castigo". No perdamos nuestros recuerdos, no solo para erigir monumentos, sino también para recordar que es posible limitar la barbarie economicista y que los (ir) responsables pueden y deben aplicar planes para proteger la vida y cultura. No perdamos la memoria, en vista de la capacidad que los gobiernos han demostrado, cuando realmente lo desean, para enfrentar una amenaza inmediata y perceptible.



domingo, 8 de marzo de 2020

SUSPENDIDA CONFERENCIA DEL DR. MARTÍNEZ-ROMERO GANDOS


CONFERENCIA SUSPENDIDA POR DISPOSICIÓN GUBERNAMENTAL ANTE LA INCIDENCIA DEL CORONAVIRUS EN GALICIA. AVISAREMOS NUEVA FECHA
GRACIAS.

viernes, 14 de febrero de 2020

LOS EXISTENCIALISTAS HABLAN DEL AMOR

En estos días de febrero los medios de comunicación y las páginas web nos trasladan infinidad de frases, fotos, videos y deseos, especialmente el 14 de febrero, en el que el mundo celebra el día de San Valentin.
Esta festividad se remonta al siglo III en Roma, donde un sacerdote llamado Valentín se opuso a la orden del Emperador Claudio II (Claudius Aurelius Marcus Ghoticus) quién decidiera prohibir la celebración de matrimonios para los jóvenes, considerando que los solteros sin familia eran mejores soldados. Celebraba esos matrimonios en secreto y, por supuesto, fue encarcelado por orden del Emperador.
Manifestó, entonces, quelos decretos de Roma eran indignos y que el pueblo debía ser libre para amar a Dios y contraer matrimonio. Murió luego, degollado, en el año 269 d.C, a los 43 años.
Decíamos que la web se llena de frases dedicadas al amor (correspondido o rechazado) del tipo de: Eres lo mejor que me ha pasado ¡Te quiero!; Si tuviera que elegir entre amarte y respirar me gustaría utilizar mi último aliento para decir ¡Te amo!; Creaste magia en mi mente y en mi corazón, sin necesidad de ningún truco.; Tengo tanto que decirte, pero las palabras no son suficientes, ¡así de grande es mi amor por tí!. Y cientos y cientos de oraciones de este estilo.
Sobre el amor han hablado los poetas, los filósofos, los sociólogos, los psicólogos y hasta los políticos. Pero ¿que dicen los teóricos del Existencialismo al respecto?
Los existencialistas hablan del amor de una forma amplia y profusa, resumiremos aquí algunas ideas:
  Ludwig Binswanger:"Encuentro es estar el uno con el otro en auténtiSca presencia".
Pierre Teilhard De Chardin : “Impulsados por el amor, los fragmentos del mundo se buscan mutuamente de manera que el mundo puede llegar a ser”.
  José Ortega Y Gasset :“Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral”.
  Jean Paul Sarte: “En el amor, uno y uno es igual a uno.”
   Friedrich Nietzsche: “Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura.”
   Søren Kierkegaard :“El amor no busca lo suyo; porque en el amor no hay ni mío ni tuyo. Ahora bien, mío y tuyo no son más que una determinación relativa a “propio”; por lo tanto, si no hay mío ni tuyo, tampoco hay algo propio; y no habiendo nada propio es, sin duda, imposible buscar lo suyo. El amor no busca lo suyo, porque prefiere dar de tal manera que el don parezca ser propiedad del que lo recibe.”
  Martin Buber: “El amor no es un sentimiento que se adhiere al Yo de manera que el Tú sea su "contenido" u objeto; el amor está entre el Yo y el Tú. Quien no sepa esto, y no lo sepa con todo su ser, no conoce el amor, aunque atribuya al amor los sentimientos que experimenta, que siente, que goza y que expresa.
  Gabriel Marcel :“Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás.”
  Längle: “En el amor personal/existencial hay más una liberación para ser uno mismo permitiendo que el otro pueda ser más sí mismo”. “Consiste en poder experimentar que hay alguien que me comparte consigo mismo, que se interesa por mí, que me deja estar cerca de él, es sentirse invitado por otro, una invitación personal a la propia esencia”.
  Viktor Frankl : “El amor es la orientación directa hacia la personalidad espiritual del ser amado, en cuanto algo único e irrepetible que verdaderamente ama”.
Y nos queda una última consideración acerca del amor: la suya, lector o lectora. Puede dejarnos aquí sus comentarios. ¡Viva el Amor!

domingo, 2 de febrero de 2020

V Congreso Internacional Viktor Frankl 2020 en Valencia, España

Es un placer para todos los Logoterapeutas anunciar la realización en Valencia (España) del V Congreso Internacional Viktor Frankl 2020.
El lema del Congreso es "EL FUTURO DE LA LOGOTERAPIA"
Se realizará entre el 9 y el 12 de septiembre de 2020 organizado por la Asociación Viktor E. Frankl de Valencia, la Asociación Española de Logoterapia y el Instituto Viktor Frankl de Viena. 


Por ahora se cuenta con la participación en conferencias y talleres de David Guttmann, Gerónimo Acevedo, Jay Levinson, Alexander Batthyány, Alexander Vesely.
Los idiomas de trabajo del Congreso son inglés y español.
Habrá traducción simultánea en todas las presentaciones y talleres.
Se puede consultar en la web en http://thefutureoflogotherapy.com/index-esp.php
La sede del Congreso será el Colegio Oficial de Médicos de Valencia, en Avinguda de la Plata, 34, 46013, Valencia.
Si piensas concurrir, antes del 31 de mayo los precios de inscripción se mantienen.
Hoy, 02-02-2020 la conversión a Euros de dólares es 1000 U$S / 901,36 €
Para nuestros amigos argentinos el cambio no es el mejor: 1000 pesos argentinos/ 15€
Los TEMAS DEL CONGRESO:
  • Aplicaciones de la logоterapia y el análisis existencial en las siguientes áreas:
    Psicología clínica, psiquiatría, incl. historias de vida
    Psicoterapia
    Logoterapia durante el ciclo vital
    Trabajo en residencias y cuidados paliativos
    Trabajo y orientación pastoral
    Nuevos métodos en logoterapia
    Otras escuelas de psicoterapia en relación a la logoterapia
    'Coaching', gerencia y empresas
    Estudios empíricos en logoterapia, esp. estudios de eficacia.
  • Asesoría práctica e intercambio de experiencias sobre sobre la formation y mantenimiento de una adecuada práctica logoterapéutica
  • Nuevos métodos terapéuticos en logoterapia e investigaciones empíricas de eficiencia clínica de la logoterapia y análisis existencial, incluídas historias de vida.
  • Temas conceptuales y filosóficos.

Una oportunidad de encuentro con colegas de todo el mundo, intercambio de opiniones, experiencias y proyectos.

domingo, 26 de enero de 2020

IPSEIDAD (¿≠ de mismidad?)


            Trataremos hoy acerca del concepto de “ipseidad”. Es un término filosófico que suele asociarse a la idea de sí mismo, pero en filosofía se recurre generalmente a él para hacer contrapunto respecto de la noción de mismidad.
            En ese contexto, que remarca la dimensión existencial y no la estructural de la esencia, Jean Paul Sartre plantea en su obra El ser y la nada (1993)[1] que la ipseidad constituye el circuito que se encuentra entre el ser en sí y el ser para sí. "La reflexión, pues, capta la temporalidad en tanto que ésta se revela como el modo de ser único e incomparable de una ipseidad, es decir, como historicidad”, concluye el pensador.

            La temporalidad es el modo de ser de lo humano y por ende lo humano es histórico. Esta dinámica abarca pasado, presente y futuro y su totalidad nunca está acabada. En el momento que se produce ya está más allá. De allí que sea necesario comprender al hombre como un ser-en-el-mundo con historicidad. Para acercarse a la comprensión de ese ser-en-el-mundo es necesario señalar que el en-si carece de tiempo y que se presenta en el mundo como un “para-si” que esboza ya la temporalidad pero no, aún, la conciencia. Esa temporalidad solamente puede revelarse en el ser de un modo externo, objetivo y en un primer momento irreflexivo.
            La acción humana no es de por sí voluntaria. Implica un fin porque, en su temporalización, el ser en el presente necesita aplicar lo que Sartre llama “negativité” es decir, negar la situación para poder seguir avanzando. En esa carencia se abre a la posibilidad inaugurando el futuro. Ese fin no se vincula a una voluntad o a una deliberación, ilumina una serie de medios que permiten la apreciación y experimentación de las cosas y de las estructuras del mundo.  En esa apreciación hay elección y con la multiplicidad de fines mediante la acción individual se promueve la constitución del proyecto. El proyecto de ser vincula saberes prácticos y discursivos, intelecciones, afectos, pasiones y voluntades (éstas pueden luego oponerse al proyecto original) estableciendo “la historicidad” del sujeto que se integra luego en el “proyecto global” de la sociedad, integración que provoca la aparición del absurdo porque tal vez esto niega la libertad individual. Absurdo dado ante la contingencia que opone facticidad a libertad. Esta facticidad intenta imponerse sobre mi elección. Aquí queda patente que la única elección imposible es “no elegirse”. Ello no significa que sucumba y pueda “elegir” por la facticidad. Esto último, posiblemente, me arroje en la inautenticidad frente al proyecto original.
            Nos recuerda Marcello Furst de Freitas Acetta (2015)[2] que la ipseidad humana ha sido entendida metafísicamente a lo largo de la historia. Y agrega que en ese sentido por ipseidad la tradición ha entendido a la identidad humana, es decir, el modo como el individuo humano conforma su experiencia de acuerdo con los elementos ontológicos previamente dados que determinan su esencia. Su intento de comprender la ipseidad humana de un modo no metafísico le obliga a una deconstrucción previa de la idea metafísica de identidad ontológica.
            Sin recurrir a conceptos y discusiones filosóficas iniciadas ya en tiempos de Santo Tomás de Aquino y aún actuales entre seguidores del Aquinate y los seguidores del aristotelismo contemporáneo acerca de si el concepto Dios como ipsum esse subsistens  puede ser equiparable a la sustancialización del ser y de lo uno tal como lo concibió Platón[3] lo que nos llevaría al absurdo de decir de algo que su esencia es pura existencia, nos limitaremos a dialogar sobre el ser que es como existente individual.
            El existencialismo destaca el carácter dado (la irreductibilidad) de la existencia, su prioridad sobre la esencia. El origen latino de la palabra “existencia” nos remite a una etimología que expresa algo que “emerge, aparece, se presenta, se hace visible”. Es muy larga la lista de autores que han tratado el tema del ser de la existencia. Como un recordatorio posible podemos decir, siguiendo a Vicente Fatone[4] que existir es ser un ser de lejanías porque no se limita el hombre a ser en el aquí y ahora sino que esta realidad no lo agota y lo proyecta en la búsqueda de su realización que siempre está en el horizonte como un irrealizable. En esta situación tiene que elegir a cada instante entre todas sus posibilidades, no las pasadas que ya no son, sino eligiéndolas en un juego creador que solamente está en el futuro. El proceso de elección es un proceso liberador porque le permite huir de lo ya determinado y crearse a sí mismo y a sus mundos. Esto es la libertad. Pero esta libertad le produce angustia. El hombre al existir fuera de sí, no puede sino sentirse amenazado, siempre inseguro de ese su ser en permanente riesgo; y por eso mismo el hombre tiene que cuidar su ser. Gracias a esta cura (sorge) el hombre es lo que es. La cura es paradójica, es cuidado, pero nunca da seguridad. El hombre,  que es cura, es el ser inseguro, expuesto, el ser que constantemente corre el riesgo de su ser. En ese ser de posibilidades que es el hombre siempre hay un “todavía no” que le dá la condición de ser incumplido. No estará acabado ni aún en la muerte. Porque la muerte no es existencia.
            Esa posibilidad de ser se va realizando siempre en el mundo que lo ubica como un ser abierto a él. Está fuera de sí mismo. Ese “extrañarse” de si mismo, ese alienarse de sí mismo, implica la temporalidad. Pasado, presente y futuro son las propias proyecciones de su ser-en-el-mundo, tres formas de extensión hacia ese mundo. En el pasado yo fui, no lo soy. Y lo fui de tal manera que me es imposible no haber sido. Es irremediable. El futuro es lo que no soy pero puedo llegar a serlo. Estoy abierto a él. Pero toda proyección se hace en el presente pero que a su vez es también proyección de mis posibilidades.
            El Existencialismo hace al hombre responsable de sus actos concientes o no concientes. El hombre es un ser que elige y se elige y que al elegirse se asume a sí mismo y se hace responsable. En el juego de esa temporalidad el hombre es un ser en situación. Está comprometido con su ser en una relación de la que no puede salir porque al decir de Sartre “el hombre es un ser que en su ser le va su ser”. Soy quien soy, siempre estaré en situación de ser. No puedo suprimir mi situación. No puedo no elegir, no puedo no luchar, no puedo no morir. Son situaciones límite que tendrá que tener el coraje de aceptar. De esta forma el existir es ser un ser para la nada, para la muerte. La muerte es su posibilidad fundamental porque no es posible no morirse. La muerte es el gran posible que permite los otros pequeños posibles de la existencia.
            Sobre la posibilidad de la trascendencia de esa muerte encontramos diversas opiniones. Una de ellas es la de Heidegger que se abstiene de hablar del último después; Sartre niega ese después y Jaspers ve en el naufragio mismo la negación de la muerte y de la nada, el ser sigue siendo para él. Somos seres finitos. Nuestros límites son el nacimiento y la muerte. Existiendo somos fieles a estos dos límites.
            Pero el hombre no está solo en el mundo. Existir es ser un ser con los otros. Estar abierto a las cosas pero también a otros hombres. En este sentido el hombre es dialogo. Tal vez sea difícil entender que al abrirse a los otros el hombre se niega a sí mismo ya que es posible que se identifique con las cosas y con los otros. Cuando se afirma en lo que es, se compromete. Cuando niega lo que es, la nada se le aparece.
            Esta nada es lo que lo angustia. En la nada de la angustia surge el todo. La nada hace surgir el ser y lo insta a realizarse en la autenticidad aceptando sus limitaciones actuales y últimas o permanecer en la angustia que provoca esa nada y caer en la cotidianidad y la inautenticidad.
            Resumiendo estos aspectos descriptos diremos que el Ser Humano se enfrenta a las preguntas propias del existir humano como son la finitud de todos los proyectos y experiencias de la vida (nada es permanente, todo termina) o la realidad de la muerte (propia y de nuestros seres queridos); de la libertad y responsabilidad de la propia existencia; de la coexistencia con otros seres humanos y los dilemas y conflictos que de ella derivan, así como de nuestra propia condición individual y solitaria: pues a pesar de tener seres queridos, nadie puede vivir nuestra vida y conocer realmente nuestra propia experiencia; de la pregunta por el sentido y la búsqueda de una tarea y misión para la propia vida. Estamos además lanzados a la incertidumbre y el azar, pues nunca tendremos las respuestas certeras a los dilemas de la existencia humana, las fórmulas para lograr la felicidad perfecta o el control absoluto de todas las situaciones. Existir implica una aventura extraordinaria, llena de retos y pruebas como el sufrimiento, la culpa y la muerte; requiere un trabajo personal profundo que debemos aprender a afrontar de una manera positiva, pero a la vez realista. Nadie nos entrena para Existir y lograr una vida consciente y plena.   Mucho menos para encontrar y realizar nuestro verdadero propósito.
            Cuando no logramos afrontar la existencia enfermamos física, psicológica y existencialmente. La enfermedad no es algo que nos ocurre desde fuera y de manera casual, es el resultado de nuestra relación con el mundo, con los otros, con nosotros mismos y con los valores. Incluso si consideramos estar sanos y no tener ningún problema en la vida, debemos detenernos y preguntarnos conscientemente ¿Qué estoy haciendo con mi existencia? ¿Estoy realmente desarrollando la existencia que deseo vivir? ¿Estoy viviendo de manera responsable el poco tiempo que tengo delante de mí? ¿Es esto lo que quiero para mí realmente? ¿A dónde estoy yendo? ¿Soy realmente auténticamente feliz?
           






[1] Sartre, J. P. (1993) El ser y la nada. Barcelona; Altaya. pg. 188/189.
[2] Acetta, Marcello (2015) Clínica, espelhamento e ipseidade: trajetória dum proceso compreensivo. En “Situaçôes clínicas I. Análise Fenomenológica de Discursos Clínicos. IFEN. Río de Janeiro. pg. 132.
[3] Ver referencias a este tema en “El ser y su ser en Tomás de Aquino” de Liliana Beatriz Irizar, Civilizar. Ciencias Sociales y Humanas, vol. 9, núm. 16, enero-junio, 2009, pp. 179-191. Universidad Sergio Arboleda, Bogotá, Colombia.
[4] Fatone, Vicente (1953) Introducción al existencialismo. Editorial Columba, Buenos Aires.

sábado, 18 de enero de 2020

PRESENTACIÓN EN GALICIA DE LA ASOCIACIÓN GALLEGA DE ANÁLISIS EXISTENCIAL Y LOGOTERAPIA

El pasado 17 de enero de 2020 se presentó en la ciudad de Santiago de Compostela, Galicia, Spain, la Asociación Gallega de Análisis Existencial y Logoterapia. El acto se desarrolló en la Libraría Couceiro de esa ciudad y contó con la presencia de autoridades de instituciones amigas y público.
En ese acto deseabamos destacar nuestra vocación de servicio a la comunidad, justificación de la creación de esta Asociación.
Presidió el acto su Presidente, Dr. José Martínez-Romero Gandos y actuó como presentador su Secretario Psic. Luciano M. Ramirez.
En el transcurso del año habrá conferencias, talleres, actos lúdicos y intercambio de proyectos con las instituciones presentes solícitas en colaborar y recibir información acerca del Análisis Existencial y la Logoterapia.
Quienes deseen colaborar pueden escribir a agaelcorreo@gmail.com  Gracias.

lunes, 23 de diciembre de 2019

NAVIDAD EN LA TERMINAL. Un cuento del Dr. José Martínez-Romero Gandos





    Nunca pensó que esa palabra le taladraría su cerebro como una afilada espada: TERMINAL.
Tenía la esperanza que su hijo llegara a esa terminal de la mano de una azafata, protectora de sus hermosos y rubios diez años. Un período demasiado largo para estar solo. De repente sintió la sirena de la ambulancia.
Lo venían a buscar. Hizo todo lo posible para aferrarse a la idea que sería posible encontrarse con él a solas y aclarar, definitivamente, los alcances de la sentencia dictada por la Jueza: solamente en la terminal.
No era buena época para un traslado en esas condiciones. En la Navidad cualquier terminal se transforma, rápidamente, en una noticia en el periódico. Demasiada gente se mueve de un sitio para otro con la esperanza de que todo llegue a tiempo y celebrar con alegría el fin de un complicado itinerario en busca de la felicidad.
Podría haber planeado las cosas de otro modo. Discutir la sentencia. Apelar a la instancia superior. No tenía fuerzas. No era tiempo de reproches, se decía, a pesar que su familia y amigos opinaban lo mismo que la Magistrada. Era tiempo de poner en marcha todos los recursos, escasos recursos, con los que contaba para calmar a los que aún dudaban de su capacidad para superar el trance.
Todos opinaron que lo mejor era tener confianza en el proceso iniciado y aspirar a pasar una Navidad sin sobresaltos.
Confió en ellos y se arrojó en los brazos de la Esperanza. No sabía si podría hacer lo mismo con su hijo.
Su matrimonio había durado 10 años. En los primeros tiempos el amor era intenso. Fruto de ese amor nació su esperado hijo. Sus primeros cinco años transcurrieron en una familia feliz, llena de cariño y caricias para él.
Las cosas no siguieron así hasta estos días. Perdió su trabajo, tuvo tiempo libre y se reencontró con amigos. No todos habían alcanzado la madurez necesaria como para aconsejarle convenientemente. Contrariamente a lo que esperaba lo acercaron al mundo del juego, de la bebida y de las mujeres.
Su mente se fue obnubilando y su cuerpo recibió el golpe esperado según tales conductas.
Casi no volvía por su hogar. Su hijo reclamaba, inútilmente, los juegos que otrora realizaban juntos en el parque o en el salón de su casa.
¿Y su mujer? Callaba.
Aquella noche de tormenta, lluvia y rayos iluminando el cielo regresó a casa borracho y sucio a consecuencia de una caida en un charco de agua.
Su mujer cuidaba al niño en su habitación controlando su fiebre, alta y riesgosa para la vida. Necesitaba que los llevara en su coche al centro médico. No estaba en condiciones para conducir. Llamaron a una ambulancia que tardó interminables minutos hasta llegar a la casa. Las convulsiones del niño urgían su asistencia y el sonar de la sirena calmó, en parte, la ansiedad y angustia del momento.
El niño fue ingresado en la sala de terapia intensiva y los médicos se hicieron cargo de su cuidado durante los próximos diez días.
Todo ese tiempo fue necesario para investigar las causas originarias de los transtornos padecidos por su hijo.
No estuvo a la altura de las circunstancias acompañando a su mujer en la espera angustiosa de noticias o dándole cariño a su hijo en los pocos momentos en los que era permitida la visita.
La Esperanza voló en los próximos meses sobre la familia acercando su fuerza y consuelo.
Por las mañanas tomaba la forma que le imprimían los médicos, eficaces colaboradores en la tarea de afianzar esa Esperanza en la forma de una solución para los problemas graves que se desarrollaban en el cuerpecito del niño.
 Por las tardes se convertía en la gentil Psicóloga que se acercaba a conversar tanto con el niño como con todo aquel que lo acompañara.
No supo escuchar, ni sentir, ni hablar lo que era conveniente e imprescindible para el futuro. Intentó justificarse con el tiempo invertido en la búsqueda de trabajo. Pero nadie le creyó. Fundamentalmente porque no encontró tal trabajo y se alejó de la ciudad demasiado tiempo.
Tanto que mucho tiempo después encontró en el buzón de su casa un sobre que contenía la declaración judicial de su divorcio, el otorgamiento de la custodia del hijo a la madre y una orden de alejamiento de ambos por dos años.
Cayó en una crisis profunda. Nunca imaginó que su conducta lo llevaría a pasar por esa situación. Ciertamente, la compañera de esos días era la bebida.
Otra fuerte tormenta lo dejó tendido en la calle en medio de la lluvia. Esta vez no había casa ni mujer ni hijo que lo aguardara. Se dejó estar.
Sintió dos manos fuertes que lo arrastraban hasta un vehículo. No supo darse cuenta de lo que sucedía. Cuando despertó estaba en una cama limpia, con ropa seca y frente a la sonrisa de un hombre maduro que portaba una gran cicatriz en su rostro.
No hablaron durante un largo rato. Finalmente, el hombre dijo: “La vida vale la pena vivirla, aún en las peores circunstancias”. Y se alejó, cerrando la puerta de la habitación.
Volvió a la hora de cenar con un suculento potaje de lentejas y un vaso de zumo de naranja. Preguntó por su situación en esa estancia y recibió información acerca del tiempo transcurrido desde su rescate en la calle, la calidad de la institución en la que compartía casa con otros “homeless” y los derechos y obligaciones de su permanencia en la misma.
“Oso Panda” (que así se hacía llamar su huésped) le fue haciendo comprender, en sucesivas conversaciones, que nadie podía ocupar su lugar en el mundo, que era libre para irse cuando lo desease pero que debía responsabilizarse por tal decisión ya que allí todos estaban dispuestos a ayudarlo.
Comprendió que el futuro estaba en sus manos. Aunque el pasado lo condenara por el abandono inflingido a su familia debía confiar en ese futuro siempre y cuando sus actos fueran coherentes con el propósito de modificación.
No era una institución religiosa, ni política ni dependiente de ningún servicio social. Era una casa vieja, en las afueras de la ciudad, dirigida por “Oso Panda” y otros ex-homeless ahora “dueños” de su situación actual de trabajo y solidaridad.
Vió y luego sintió en la práctica como las personas pueden salir adelante si encuentran un “para qué” vivir. El “cómo” salir adelante era discutido en las reuniones que todas las tardes tenían lugar antes de la cena.
Su principal dificultad práctica fue la bebida. Pero no así su propósito futuro: deseaba ver a su hijo con todas sus fuerzas.
No era sencillo. La Jueza exigía pruebas del cambio en sus conductas. Su ex mujer tampoco confiaba en él.
El niño seguía con sus tratamientos de los que no era informado. Realizó todos los trámites posibles para enterarse de su estado y poder concertar un encuentro.
Recibió una comunicación del Juzgado en la que le fijaban una fecha para tal encuentro: 24 de diciembre, a las 10 horas, en la Terminal aérea de su ciudad de residencia. ¿Y el estado de salud de su hijo? Terminal, si no se realizaba un trasplante.
Ahora sí el tiempo parecía detenido. Esa Navidad no parecía llegar nunca.
Terminal la enfermedad… Encuentro en la Terminal.
La ambulancia aparcó junto al avión. Bajaron la camilla con el niño. Lo abrazó en cuanto le dejaron acercarse. El médico que lo acompañaba le dijo que el verdadero motivo del traslado era que en esa ciudad se realizaría el trasplante.
No se animaba a creer en lo que parecía un milagro.
Juntos en la noche en la que comenzaba una nueva vida. Miró por la ventana de la estación Terminal, con la nieve cayendo copiosamente afuera.
El médico se acercó para comunicarle que el Jefe de Servicio de Oncología era optimista sobre el futuro de su hijo. Y que la Jueza había autorizado a última hora que lo acompañara hasta el hospital.
¡Buon Natale!  ¡Merry Christmas ! ¡Bon Nadal! ¡Feliz Navidad! escuchaba por toda la Terminal aérea. Odiaba esa palabra: terminal. Pero en esta Navidad cobraba nuevo sentido. Y en las próximas…
Al alejarse la ambulancia vió por la ventana la silueta inconfundible de Oso Panda. “Sí a la vida, a pesar de todo” parecían musitar sus labios…