Dr. Frankl y Dr. Martínez-Romero en Caracas 1985

miércoles, 4 de mayo de 2011

Lenguaje, salud y psicopatología

Dr. José Martínez-Romero Gandos
(Extracto del Capitulo de la Tesis Doctoral “Emigración y Psicología
Alteridad y alienación en los emigrantes gallegos al Río de la Plata” – 2005)


Salud y libertad están siempre íntimamente ligadas, ya que lo que caracteriza al hombre sano es el sentimiento del uso de la libertad en su peculiar modo de existencia pero ligada a la responsabilidad frente a la comunidad a la que pertenece. Cuando hacemos coincidir nuestra libertad con el orden asignado a nuestra vida personal en la comunidad, nos sentimos sanos.
          La enfermedad mental, en cambio, es el anuncio de nuestro apartarnos de la expresión auténtica de nuestro proyecto y la constatación de nuestra integración a un mundo extraño, extranjero  Cabe recordar aquí que, etimológicamente, extranjero está ligado al concepto de aquel que fue desterrado de la patria, el “alienus”, mas allá de la linea demarcatoria de la Ciudad de Roma. Este concepto se relaciona con “extraño” (del latin “estraneu” y de allí se deriva “extranjero”) que es “aquel que viene de otro país”.  Recordemos al gran Pinel quien ha creado el término “alienación” para englobar a todas las psicosis, queriendo significar que el enfermo mental se ha hecho “extraño” (alienus)  a sí mismo.
          En este trabajo continuamente oponemos “alteridad”, como la posibilidad de ser uno mismo, libre y responsable, frente al otro, a “alienación” como el poder ilegítimo de lo inauténtico que ocupa el primer plano de su existencia e impide la plenitud del ser y el uso responsable de su libertad.
          El polémico campo de las neurosis nos muestra personas con distintos modos de condicionamiento de su libertad. Sus manifestaciones se hallan impregnadas de angustia, tanto en el lenguaje como en su expresión significativa corporal. La ambivalencia es el sentimiento predominante. La angustia del neurótico es descripta por Von Gebsattel[1] como “el barómetro que mide la nada”. Y continúa diciendo este autor:”Que se es libre y no se es libre, que aunque se está no se es, que se desea huir, pero no se sabe de qué ni donde, en esto consiste la paralizante, acechante dualidad de la angustia, una osciliación del hombre angustiado entre la posibilidad de querer y la impotencia de la voluntad, una disposición de ánimo que Kierkegaard llama con gran acierto “vahído de la libertad””. En las entrevistas realizadas para nuestra Tesis hemos encontrado muchas referencias a este estado en los momentos previos a la decisión de partir hacia lo desconocido de la emigración. Sujetos pasibles de recibir la influencia de personas cercanas a su circunstancia, no deciden en libertad y responsabilidad y son llevados hacia la partida sin su verdadero consentimiento. Una vez en el país de acogida pueden permanecer en esta ambivalencia, bloqueando la realización auténtica de un proyecto de vida. Este mundo del neurótico, plagado de mecanismos de defensa que pauperizan su creatividad y disminuyen los efectos de la libertad, casi siempre culmina en un colorido repertorio de síntomas de origen hipocondríaco. Si predomina la negación prefieren mimetizarse con el medio de acogida e intentar producir una imagen “adaptada” a las circunstancias del medio.
          Se nos muestra evidente en la enfermedad la importancia de los signos, especialmente los expresados por la palabra y el lenguaje. Este lenguaje nos exige desde su constitución y cualifica nuestras interpelaciones existenciales por la amplitud de su horizonte posible. La palabra y el lenguaje son nuestras principales herramientas en las entrevistas psicológicas.
          Cuando digo “yo” esta palabra, como signo, representa una parte de mi psique muy indiferenciada en la interpelación que realiza “el otro”. Cuando agrego “yo amo”, el horizonte se amplía subjetivamente, casi hasta el infinito. Infinito del amor que solamente “yo” completo. Pero cuando digo “Yo, José, amo a Pilar”, la interpelación no se limita a mi “yo” sino que compromete al “otro”, Pilar.
          Se pone en juego algo que debe centrarse en la lectura cualificada. Pilar interpretará una cualidad existencial especial del signo “amor”. El espectador tendrá su propia versión.
          El signo es la sombra proyectada de “mi amor” pero no debe negarse a comprender lo que ella (la proyección) no ha producido como totalidad. Los distintos momentos en que expreso “mi amor” contienen diferentes subjetividades emitidas por el mismo sujeto. Allí es donde se instaura la necesidad del otro que escucha. Y esta “escucha” puede ser pasible de análisis objetivo. Solamente cabe preguntarse si este análisis será verdaderamente objetivo, efectivo, legítimo y fecundo.
          En el despliegue de la existencia mundana cada hombre se enfrenta con la soledad de su proyecto, una tarea formidable que intenta superar la angustia por la finitud de su propia empresa. Cada uno es único e irrepetible frente a este proyecto. Y la tarea se presenta como una lucha constante por sostener el sentido de vida.
          Frente a la oscuridad que presenta la persona para la captación de ese sentido, el signo intenta la universalización de lo que al saber objetivo le está vedado reseñar. Se establecen, así, conciliaciones posibles entre la vivencia subjetiva y la interpretación de los signos que ésta persona produce, de los cuales el lenguaje es uno de los principales.
          El lenguaje es la expresión de la actividad de la conciencia que da cuenta de vivencias únicas e inenarrables en su verdadera dimensión.
          Podríamos apelar, como tantos colegas prestigiosos lo han hecho, a la proyección de estas vivencias. Utilizaríamos pruebas proyectivas que darían cuenta de una parte del fenómeno. ¿Porqué le damos, entonces, tanta importancia al lenguaje, si no es mas que la huella mundana de un tránsito vivencial? ¿Por qué aceptará la ciencia que en nuestro trabajo hermenéutico alcancemos una reconstrucción aceptable de tantos fragmentos dispersos en el fondo endótimico personal de cada entrevistado?
          Creemos que la proyección, parcialmente, ilustra sobre la conflictiva subyacente. Pero es en la interpelación en que confiamos.
          La interpelación es la apelación que uno realiza al otro, para llamarlo, valga la redundancia, a un destino común. Apelamos al otro como investigadores y como psicólogos para que nos manifiesten, a través del lenguaje, lo que sintieron, sienten y esperan en relación a este proceso migratorio.
          En la apelación al otro para que se exprese en relación a este sentido especial, hacemos uso del conocimiento que poseemos sobre la emigración y proponemos que servirá para alertar a la humanidad sobre las consecuencias psicológicas que enfrentan los migrantes. Prometemos la solidaridad con quienes la padecieron desde nuestro compartir el mismo “solum” natal. Ofrecemos la “cura” (el cuidado) del otro sabiendo que, a través de este vínculo especial establecido en el relato de su historia de vida, nos obliguemos a interpretar de la mejor manera su posibilidad de alteridad o alienación.
          La interpretación de los signos es una predicción que la conciencia del investigador realiza para acercarse a lo originario del saber. Al realizar una investigación comprometida con el otro y su realidad histórica e inmediata, cumple con lo originario de su saber. En nuestra calidad de psicólogos existenciales, este tipo de investigación nos acerca a nuestro deber  esencial que es el de detenerse, escuchar y comprender al otro, con quien nos encontramos en una relación de vínculo circunstancial.
          Llega a nuestra conciencia, es decir, somos concientes que esta tarea nos acerca también a un imaginario de poder. Templados en la escuela de lo inexplicable cuando asistimos al otro que enfrenta la muerte, la enfermedad, la crisis o la angustia, nuestra interpretación del fenómeno aprovecha la perplejidad que todo científico experimenta frente a lo real y se dirige a dar cuenta de muchos acontecimientos que desbordan el alcance de la razón y se acrecentan en la escucha “de corazón” para comprender cabalmente el sufrimiento del otro y el sentido de su vida.




[1] Voss, Carlos – op. cit.


viernes, 15 de abril de 2011

La autotrascendencia de la obra del Dr. Viktor E. Frankl en nuestra práctica logoterapéutica

          
           Cuando se habla de la influencia que sobre nuestra práctica  logoterapéutica tuvieron las enseñanzas de Frankl se piensa en teoría y práctica de la asistencia a dolientes. Pero se olvida, acentuando este aspecto, que la primera lección del Maestro fue su vida misma.

Ya conocéis su biografía pero resalto de ella su actitud comprensiva, su humor, su disponibilidad y su gran capacidad de ubicación en la circunstancia que le tocara vivir.

La principal influencia para mi práctica logoterapéutica fue escucharle decir: “Yo encontré sentido a mi vida ayudando a los otros a encontrar sentido a la suya”.

El impacto hizo que ese sea el nombre que le dimos a nuestro grupo de trabajo: “Sentido” Centro de Actualización del Encuentro y la Comunicación.

Sabéis que el sentido de vida no se dá por añadidura, que debe descubrirse y renovarse ante cada una de las circunstancias difíciles que nos presenta la existencia. Que son muchas. Pero nunca las suficientes para que nos alejemos del segundo axioma frankleano que influyó en mi práctica logoterapéutica: “Aún en las peores circunstanciass, la vida vale la pena vivirla”.

¿Os dais cuenta de lo que esto significa? Significa una formidable arma para abrirse a la posibilidad de autotrascendencia y superar la culpa por nuestra existencia limitada.

Limitada por la muerte, pero posible.

Limitada por las circunstancias, pero con un margen de libertad inalienable. Siempre que a esta libertad la acompañe una alta dosis de responsabilidad.

Frankl agregó, a través de su trabajo, obra escrita y conferencias, que somos “pastores de almas”· en la procura de aquel que, sintiendo una gran frustración existencial, ha confundido el sentido de la vida y ha caido en el sinsentido.

Somos “therapeuticós” según los griegos, palabra derivada de “therapón”, siervo. Estamos al servicio del otro para acompañarlo en el camino hacia su plenitud.

Somos logoterapeutas, profesionales al servicio del mantenimiento o descubrimiento del “logos”, el sentido.

Somos aquellos que tenemos la obligación de detenernos, de comprender y de hablar, para transmitir el mensaje.

Tenemos la obligación de una formación responsable e intensa en los aspectos bio-psico-sociales-espirituales que definen la multidimensionalidad y la pluritemática de la Persona, porque el modelo frankleano así lo exige.

Esta formación responsable nos fue pedida en numerosos encuentros personales con Frankl a todos aquellos que nos acercábamos para pedir consejo o escuchar su palabra. Recuerdo varias anécdotas acerca de la forma amable y humorística de pedir esto. Pero será para contarlas en otros escritos.

Debemos contribuir al desarrollo de esta Escuela en la que encontraremos una fabulosa arma terapéutica: la Esperanza.  Decía Gabriel Marcel que “la esperanza es el arma de los indefensos. Y por ello tiene eficacia. Por ser todo lo contrario a un arma”.

Para mi práctica logoterapéutica me gusta agregar a esta afirmación de Marcel: si los gobernantes de este universo globalizado tomaran como bandera la Esperanza para calmar el hambre, el sufrimiento, las carencias de los pueblos, el siglo XXI vería concretado el milagro.

La Esperanza abre al hombre a la posibilidad. Tomada como base de la actuación profesional para ayudar al otro en su sufrimiento y frustración nuestra Escuela tiene la posibilidad de convertirse en el paradigma del siglo XXI.

Para ello debemos acudir, una vez más, a las enseñanzas de Frankl y su modelo de autotrascendencia. En su libro “La idea psicológica del hombre” en su segunda edición agrega Frankl en 1984 un epílogo que tituló “La Logoterapia en su camino de degurificación”. En sus conferencias y viajes de los últimos años repetía esto personalmente.

Extraigo párrafos para su mejor comprensión y ustedes irán imaginando un análisis de la personalidad del Maestro. Decía Frankl[1]: “Qué podría decirles yo a personas que son expertos en el campo de la Logoterapia?. (Cuando lo invitaron) El profesor Ghougassian quería que yo elaborara como creo que será el porvenir de la logoterapia después que me haya ido. En otras palabras, quería que desarrollara mi último trabajo antes de morir; se supone que debo dejar un legado. Pero no soy profeta para ver el futuro. (…) De hecho el futuro de la Logoterapia depende de ustedes, y al determinarlo serían independientes. Después de todo, la logoterapia considera al hombre como un sser en busca de sentido, y como un ser que es responsable de la realización del sentido, y la logoterapia ve su propio cometido en hacerle consciente de su “ser responsable” de su “responsabilidad”. Esto vale también para el logoterapeuta, puesto que él, además, debe darse cuenta de su responsabilidad, de su ser libre y responsable. En otras palabras, debe caracterizarse por un espíritu independiente.”

Y agregaba más adelante: “Si uno se define como miembro de la comunidad logoterapéutica, no está obligado a suscribir todo lo que dijo el Dr. Frankl”. (…) “La evolución de la logoterapia no solo concierne a sus aplicaciones en varios campos sino a sus fundamentos”. (…) “La psicoterapia es siempre algo más que una técnica, y es así en la medida en que ella necesariamente incluye un elemento de arte. Y la Psicoterapia es siempre más que mera ciencia en la medida en que ella también necesariamente incluye un elemento de sabiduría. Ambos forman una totalidad y unidad donde las dicotomías entre técnica y encuentro desaparecen y se disuelven”.

Extraigo un párrafo más que sirve de modelo de la autotrascendencia de Frankl para nuestra práctica: “Pero que podemos decir acerca del tema de que cada fundador de una escuela psicoterapéutica describe en su sistema, en última instancia, su propia neurosis y escribe en sus libros la historia de su propio caso? Bien, no estoy autorizado a hablar en este contexto de Sigmund Freud o de Alfred Adler, pero, en lo que a la logoterapia se refiere, confieso de buena gana que cuando joven tuve que pasar por el infierno de la desesperación ante la aparente falta de sentido de la vida, atravesando una etapa de total y extremo nihilismo. Pero luché a brazo partido contra él, como lo hizo Jacob con el ángel, hasta que pude “decir si a la vida a pesar de todo”, hasta que pude desarrollar una inmunidad contra el nihilismo. Desarrollé la logoterapia. Es una pena que otros autores, en lugar de inmunizar a sus lectores contra el nihilismo, lo inculquen con su propio cinismo, el cual es un mecanismo de defensa o formación reactiva que ellos han construido contra su propio nihilismo”.

Queda clara la lección: debemos recordar al Maestro pero no lo debemos convertir en gurú de ningún movimiento. La logoterapia tiene ya mayoría de edad. Y cada uno de nosotros debe elegir bien el trabajo al que se enfrenta siguiendo esta escuela. Elegirlo y responsabilizarse. Investigar y compartir conocimientos con los colegas. Dialogar. Permitir el encuentro interdisciplinario. Encontrarse y posibilitar la autotrascendencia recíproca.

Esta es  la influencia del pensamiento frankliano en la práctica terapéutica y por consiguiente en la vida personal de cada uno. Es fácil concluir esta presentación si recurrimos, una vez más, a lo dicho por Frankl en el libro citado: “Señoras y señores, yo terminé mi primer libro con la frase de que la logoterapia “es tierra de nadie”. Y sin embargo ¡qué tierra prometida! Hace de esto treinta y cinco años. Mientras tanto, la “tierra de nadie” ha llegado a ser habitada. Prueba de ello es este congreso. El programa es como un viaje a través de muchos y variados paisajes y campiñas de esta “tierra prometida”. 
    Dr. José Martínez-Romero Gandos 




[1] Frankl, Viktor E.  “La idea psicológica del hombre”, segunda edición en castellano, 1984, Ediciones RIALP, Madrid, España. Epílogo.


martes, 1 de marzo de 2011

SALUD Y SENTIDO - Aportes de la Logoterapia a la enfermería

Taller: “Logoterapia y auxiliares de la salud”
Autor: Lic. Luis González        (Esquel-Chubut-Argentina)
“Desde el momento en que se pone el pie en el terreno de esa postulada “psicoterapia que arranca de lo espiritual”, toda la actitud espiritual del médico, su posición ideal concreta, se convierte explícitamente –y no de un modo implícito como ocurre en general en toda la práctica médica- en la afirmación del valor “salud”. ”(Viktor Frankl, “Psicoanálisis y existencialismo”)

Tomaremos como punto de partida para dar inicio a este taller a la denominada antropología dimensional frankliana; ésta considera al hombre como un ser bio-psico-socio-espiritual, y esta concepción del ser humano implica a su vez una consideración de la salud humana. Desde la Logoterapia decimos que ésta es una visión integral del ser humano, y así debe ser la concepción de la salud que de ella se deriva. Como lo afirma el epígrafe citado al inicio, una de las concepciones logoterapéuticas básicas es partir del valor salud; esto a su vez implica no tomar como punto de partida la enfermedad, y una serie de consecuencias en el accionar práctico que observaremos a lo largo del taller.
Mucho tiene para aportar la Logoterapia al campo de la salud. Más allá de las consideraciones teóricas, son de suma importancia las aplicaciones prácticas que la Logoterapia brinda a todas las profesiones vinculadas al cuidado y la promoción de la salud. En esta oportunidad es mi intención ir más allá de la aplicación de la Logoterapia como “terapia”, la que generalmente queda en manos de los Médicos y Psicólogos; todas las otras profesiones relacionadas con la salud –personalmente no me agrada denominarlas auxiliares, a saber: enfermeros, trabajadores sociales, terapistas ocupacionales, kinesiólogos, etc.- tienen un amplio campo de acción bajo la guía de la Logoterapia, pudiéndose englobar su accionar en el marco de lo que se denomina “logoactitud” aplicada al campo de la salud. Debo aclarar que como mi labor se concentra en el campo de la Enfermería, en muchos casos me referiré a esa profesión, aunque en realidad los conceptos que se viertan pueden aplicarse a cualquiera de las otras.
Desde la óptica existencial, la primera herramienta terapéutica es nada más ni nada menos que el encuentro. Pensemos en cualquier situación en la que pueda desarrollarse la labor de los enfermeros en el ámbito de un hospital general: un paciente internado en grave estado en la sala de terapia intensiva, una curación en un centro de salud, la atención de un politraumatizado de urgencia en la guardia; en todas ellas, más allá de las evidentes diferencias, vemos que se producen encuentros entre dos personas: el agente de salud  -que posee su técnica y su conocimiento específico- y el paciente –que se presenta en esta oportunidad como persona enferma, que sufre determinada dolencia-. Entonces, más allá de los diferente roles ocupados, estamos ante el encuentro de dos existencias; este encuentro puede limitarse al sólo hecho de la aplicación por parte del agente de salud de determinados conocimientos a través de técnicas específicas que son recibidas pasivamente por el otro, ó bien   – basándonos en la concepción integral de persona anteriormente apuntada- puede ser una oportunidad útil para incluir otros elementos que hagan terapéutica a una situación que de por sí ya posee todos los elementos como para serlo.
Basándonos en lo planteado por Guttman[1] respecto a la aplicación de la Logoterapia en la Enfermería, podemos afirmar que la misma puede darse en cuatro áreas: prevención, promoción de la salud , cuidado de la enfermedad y rehabilitación. En el presente taller haremos hincapié en éstos dos últimos aspectos, y principalmente en el referido a los cuidados a la persona enferma.
Ahora bien, detengámonos un momento en un concepto muy utilizado en el ámbito de la Enfermería, como es el de “relación de ayuda” ¿Qué es esta relación sino una relación terapéutica, en el marco de ese encuentro interhumano que describiéramos anteriormente?. Haremos hincapié en dos aspectos que, según mi criterio, hacen de esta relación de ayuda una oportunidad privilegiada para:
-        la realización de valores creativos por parte de los agentes de salud
-        la promoción de valores de actitud en los pacientes por parte de aquellos
Sabido es que una de las maneras de realizar lo que la Logoterapia denomina valores de creación es mediante la realización de una obra, y el campo del trabajo es precisamente una de las áreas de la actividad humana en las que esto puede darse.
Regresemos por un momento a los valores de actitud. Sabemos que estos se realizan siempre que admitimos como tal algo irreversible y fatal como el destino. Frente a éste, quedan dos caminos: modelarlo, cuando esto es posible, a través de valores creativos,  y cuando esto resulte imposible, comportarse conforme a los valores de actitud, a sabiendas de que el auténtico padecer representa una aportación humana.
Respecto al dolor ó sufrimiento humano –y partiendo de considerar la mismo como una situación límite-, también podríamos decir que existen dos caminos: la resignación pasiva, ó bien su aceptación activa, mediante la puesta en juego de valores actitudinales. El dolor forma parte, con pleno sentido, de la vida humana, y no es posible separarlo de la misma; a través del mismo el ser humano puede madurar y crecer como persona. Esta concepción del sufrimiento humano lo considera fuera de cualquier categoría patológica. Por eso, una de las tareas del auxiliar de salud, desde esta perspectiva, es poner al ser humano en condiciones de aceptar su sufrimiento.
Es precisamente este homo patiens hacia quien van dirigidas las acciones de los agentes de salud, y desde esta perspectiva se pretende que esas acciones, vehiculizadas a través de los cuidados y la ayuda, tiendan a que esa persona que sufre desarrolle su esencia. Esto se logra con la promoción de valores actitudinales, a través de un encuentro existencial con una intencionalidad humanizante.
Ahora bien, ¿qué puede hacer concretamente un agente de salud ante ese ser humano que sufre? Siguiendo los lineamientos planteados por Kass[2], podemos identificar cinco pasos en la relación, a saber:
1.     escuchar al paciente desde una verdadera empatía[3]
2.     responder desde la simpatía, realizando una alianza promotora de la salud entre el agente de salud y el paciente
3.     poder viabilizar la expresión dialógica de los pensamientos y sentimientos del paciente
4.     conversar con el paciente sobre su situación de crisis de salud, enfocándola desde el punto de vista logoterapéutico (esto puede ayudar a que descienda el nivel de ansiedad, y que perciba que su crisis puede mejorar en alguna dirección particular)
5.     al comprender el paciente que su situación de crisis puede mejorar en alguna dirección particular, se lo ubica en un lugar de sujeto de sufrimiento sin estigmatizarlo desde una categorización psicopatológica
Realizando aún un análisis más pormenorizado de esta intervención, podemos ver que Travelbee[4] considera otros dos momentos previos en esta relación, hablando de :
a)    encuentro original
b)    revelación de identidades emergentes
c)     empatía
d)    simpatía
Observamos aquí que antes de ese acercamiento desde una mirada logoterapéutica se produce el mero encuentro –lo cual coincide con lo que se planteó anteriormente acerca del contexto en el que se da la relación de ayuda y cuidados propia de la enfermería- y la “revelación de identidades emergentes”, pasos a partir de los cuales recién se iniciaría una verdadera relación interhumana. Es interesante destacar que esta autora, al considerar estos dos momentos iniciales, no se refiere solamente a la persona del agente de salud sino también a la persona en situación de enfermedad, es decir que sería un proceso mutuo.
Podemos comparar este modelo de intervención con los lineamientos, más generales, que Guttman[5] plantea respecto de cómo el Enfermero puede potenciar su labor utilizando elementos de la Logoterapia en diferentes momentos del proceso de atención a una persona enferma, siendo los mismos:
- la evaluación del paciente
- la búsqueda de alternativas significativas
- la implementación de cambios en el estilo de vida
- la elección del estilo de vida más apropiado por parte del paciente
          Se hace casi obvio que, desde esa afirmación del valor “salud” que mencionábamos al principio, este estilo de vida siempre estará orientado hacia el mismo. Como también es evidente que esa elección –y desde un enfoque existencial no podría ser de otra manera- el paciente deberá basarla en su propia libertad y responsabilidad.
          Todos estos elementos, que intentan ser aportes para la humanización de la labor de los agentes ó auxiliares de salud, no pretenden ir en detrimento de las capacidades técnicas propias del campo de cada uno de ellos. Pero si a esos saberes instrumentales le sumamos la capacidad de comprensión del sufrimiento como específicamente humano, podemos afirmar que tendremos, además de un buen enfermero, un enfermero más humano.-


[1] David Guttman, en su libro “Logoterapia para profesionales. Trabajo Social significativo”, plantea que la Logoterapia, por su concepción de la persona como un ser bio-psico-espiritual es compatible con el enfoque holístico de la Enfermería moderna.
[2] Jared Kass, en un artículo citado en la bibliografía (“Coping with life-threatening illnesses using a logotherapeutic approach. Stage I: health care team interventions”, que podría traducirse como “Entendiéndose con pacientes con amenaza para su vida desde un abordaje logoterapéutico. Etapa 1: intervenciones de equipos auxiliares de salud”) plantea que la persona que padece una enfermedad atraviesa una crisis de salud, y que luego de identificar los elementos básicos que componen la misma el agente de salud puede acercarse al paciente desde un modelo determinado.

[3] Para acercarnos a una breve definición técnica de los conceptos de “empatía” y “simpatía”, nos basaremos en Joyce Travelbee. Esta autora del campo de la Enfermería define empatía como “...el proceso por el cual un individuo es capaz de comprender el estado psicológico del otro”, mientras que  la simpatía implica un deseo de ayudar al individuo que sufre”.
[4] Travelbee, Joyce (citada por Hobble, William H; Lansinger, Theresa; Magers, Jude A. y McKee, Nancy J. en “Modelos y teorías en enfermería”, op. cit. en Bibliografía, cap. 23: “Modelo de relación de persona a persona”; los autores afirman que esta enfermera “basó los supuestos de su teoría en los conceptos de la logoterapia”, p. 356).
[5] Guttman, David, op. cit.
 

Bibliografía
§  Acevedo, Gerónimo: “Logoterapia y Medicina”, en revista LOGO, Nº 2
“El modo humano de enfermar”, Ed. Fundación Argentina de Logoterapia “Viktor E. Frankl” (Buenos Aires, 1996)
§  Etcheverry, Juan Alberto: “Viktor Frankl y la Logoterapia”, Ed. Almagesto, Buenos Aires, 1990
§  Fizzotti, Eugenio: “De Freud a Frankl”, Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona, 1977
§  Frankl, Viktor: “Ante el vacío existencial”, Ed. Herder, Barcelona, 1986
                              “El hombre doliente”, Ed. Herder, Barcelona, 1987
                              “Psicoanálisis y existencialismo”, Ed. FCE, México, 1982
§  Guberman, Marta y Clar, Damián: “En búsqueda del sentido existencial. El enfermo crónico: una desafío más allá de la tecnología”, en revista LOGO, Nº 4 y 5, 1987
§  Guttman, David: “Logoterapia para profesionales “, Ed. Desclée De Brouwer (Bilbao, 1998)
§  Kass, Jared: “Coping with life-threatening illnesses using a logotherapeutic approach. Stage I: health care team interventions”, en The International Forum for Logotherapy, Vol. 19, Nº 1, 1996
§  Lantz, Jim: “Logotherapy with chronic physical illness clients”, en The International Forum for Logotherapy, Vol. 21, Nº 2, 1998
§  Marriner-Tomey, Ann: “Modelos y teorías en enfermería”,  Mosby/Doyma Libros (Madrid, 1994)
§  Oro, Oscar; Sosa Terradas, Adriana; Torrijo, Silvana; Vigo, Marta: “Psicología Preventiva”, Ed. Fundación Argentina de Logoterapia “Viktor E. Frankl” (Buenos Aires, 1998)

martes, 22 de febrero de 2011

Video de Viktor E. Frankl y Pepe Eliaschev

Ver una entrevista a Viktor Frankl hecha por Pepe Eliaschev en l987, en Buenos Aires.  El entrevistador traduce al castellano las opiniones de Frankl.

lunes, 21 de febrero de 2011

¿Qué es la Logoterapia?

     El Dr. Viktor E. Frankl, creador de la Logoterapia, nació en Viena el 26 de marzo de 1905 y falleció en la misma ciudad el 2 de septiembre de 1997. Noventa y dos años fecundos al servicio de la Humanidad.  Profesor de Neurología y Psiquiatría en la Universidad de Viena fue, asimismo, Doctor Honoris causa por numerosas Universidades a lo largo del mundo. Conferencista ameno y avezado, ha publicado una extensa bibliografía cuyas ediciones se renuevan en muchos idiomas.
  Desde 1940 hasta 1949 fue Director del Departamento de Neurología del Hospital Rothschild de Viena. Desde 1946 hasta 1970 Director de la Clínica Neurológica de Viena. Durante la Segunda Guerra Mundial II pasó 3 años en Auschwitz, Dachau y otros campos de concentración alemanes. Sus 32 libros han aparecido en ediciones de 26 idiomas diferentes. De acuerdo con una estadística de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América, su libro (en versión en inglés) de “El hombre en busca de sentido” es uno de los más leídos y su influencia en los lectores enorme.
Breve descripción de la teoría de su escuela, llamada “la Tercera Escuela de Viena” en alusión a Freud (la primera) y Adler (la segunda).
El hombre, según la Logoterapia, se mueve en tres dimensiones:
      la biológica, con sus causas orgánicas de enfermedad,
      la psicológica, donde juegan las causas psíquicas de las neurosis,
      y la noológica  o dimensión del fenómeno verdaderamente humano en donde hay conciencia moral y amor diferenciado del sexo.
                 Las neurosis noógenas sobrevienen cuando la vida se vacía de SENTIDO, cuando vivir es apilar mecánicamente horas y días. Esta actitud de vacío existencial es el factor predisponente y principal enfermante en los conflictos psíquicos.
  Hay un SENTIDO de vida posible: en la medida en que en la propia vida haya una misión para llevarlo adelante, la persona puede resistir cualquier dificultad, situación límite o sacrificio necesarios.
  Una  psicoterapia integral debe ofrecer un lugar de encuentro personalizante, un ámbito de reconciliación con los valores, con la libertad y la responsabilidad que permitan la realización de un proyecto personal que ayude a ese ser humano a autotrascenderse.
  Cada situación difícil o de crisis puede convertirse en algo positivo y pleno de SENTIDO. Este sufrimiento de hoy podrá llegar a ser un gran maestro de vida. En esos momentos difíciles es en los que debemos descubrir cuánto somos capaces de hacer. Tal vez ese sufrimiento no nos permita descubrirlo…
  Es ahí que debemos acudir al amigo, al sacerdote, al familiar o al logoterapeuta para que nos ayude a superar el dolor y elegir una actitud personal para ponernos de pie ante el sufrimiento.
  La Logoterapia significa y ofrece una “curación por el SENTIDO”.
  Además de restaurar la capacidad de la persona para el trabajo y el goce de la vida, como modalidad usual en todas las psicoterapias, el trabajo logoterapéutico avanza más allá de estas premisas y ayuda al paciente a recuperarse captando desde el espíritu, un nuevo SENTIDO para el sufrimiento.
  Una afirmación del Dr. Frankl nos puede ayudar mucho en los momentos difíciles para superar el sufrimiento: “La vida, aún en las peores circunstancias, siempre merece la pena vivirla”.


domingo, 20 de febrero de 2011

Apelación y Cura en Enfermos de Cáncer

          La relación de encuentro que se produce en la asistencia al enfermo de cáncer, especialmente en aquellos casos de difícil pronóstico, siempre crece y se desarrolla por la acción que ejercen ambos protagonistas: el paciente y el profesional asistente.
          Es una relación que no puede ser descripta más que en términos literarios lo que nos permite decir que es “una relación inefable”. No se puede hablar de ella. Hay que vivirla en un nosotros único y muy especial.
          No es una realidad que podamos delimitar ni tampoco programar más allá de la aplicación del “arte” que cada uno de nosotros aplica desde su profesión. Existe necesidad recíproca de preguntas y respuestas. El profesional pregunta y el paciente responde. No siempre en forma oral. Puede hacerlo corporalmente.
          El paciente también interroga. Quiere saber acerca de su asistencia y de su existencia. Se vincula como él sabe, como él quiere o como él puede. El profesional no siempre “sabe” que decir al paciente, no siempre “quiere” decir o muchas veces “no puede decir”.
          Esto puede generar resistencias en ambos márgenes de la relación de encuentro. La resistencia “cierra” la posibilidad de apertura en la relación. Si la relación es ocasional, tal vez ambos protagonistas deseen “olvidar” el encuentro. Pero esta resistencia originará conflicto. Seguramente.
          Para vencerla es necesario establecer una relación “original”  que vincule a ambos de manera tal que permita la aparición del “diálogo” . Esta puesta en común, esta “comunión”, es la raíz original de lo que, habitualmente, llamamos “comunicación profesional-paciente”.
          Cuando encaramos un tema de la complejidad que nos ocupa tenemos que aceptar que de esta forma de comunicación surgen una ilimitada cantidad de técnicas que se distinguen por el diferente grado de flexibilidad o rigidez en la realidad circunstancial del encuentro con el que solicita ayuda.
          Nosotros afirmamos, desde la Analítica Existencial y la práctica de la Logoterapia, que esta situación existencial del paciente es “única e irrepetible” y  coincidimos con la generalidad de nuestros colegas en que es respuesta inmediata al desarrollo de numerosos dinamismos psíquicos que han establecido una personalidad a lo largo del tiempo y que se presenta en la realidad del “aquí y ahora” como una realidad diferente.
          La realidad del ser humano que sufre, padece y teme a una enfermedad que lo puede llevar a la muerte. Una realidad que, sea cual sea el pronóstico, le coarta su libertad de desarrollar un proyecto y le amenaza el sentido de vida pleno. Pero la Logoterapia no es asistencialismo o sentimentalismo.
          Es un accionar teórico y técnico que procura ayudar al enfermo a asumir la existencia como real, a pesar del sufrimiento, contribuyendo al desarrollo de todas sus potencialidades y capacidades para que actúen en función de ellas y encuentre el sentido “a pesar de todo y aún en las peores circunstancias”
          Decía Viktor E. Frankl: “Me atrevo a decir que no hay nada en el mundo que ayude más efectivamente a una persona a sobrevivir, aún en las peores condiciones, que conocer el sentido de su vida”.
Conocer y accionar en procura de su mantenimiento en la situación límite. El paciente tiene derecho a ser ayudado en esta empresa vital.
Médicos y psicólogos incrementan sus estudios, investigaciones y comunicaciones científicas para esclarecer ideas que les permitan dar respuesta a los interrogantes y angustias que los pacientes les presentan desde el momento de la aparición del primer síntoma de una enfermedad terminal.
Cuando la respuesta a estos interrogantes es acuciante porque el enfermo es considerado con escasas posibilidades de curación y el plazo de desenlace es incierto muchos profesionales se sienten desvalidos para actuar y poco preparados para afrontar esta difícil situación.
Técnica versus comprensión. Preparación técnica eficiente versus la toma de conciencia de los límites de su ciencia y arte. Persona doliente que pide comprensión versus un entorno limitado en sus respuestas.
No hay reglas para enfrentarse a esta difícil situación pero sí hay formas particulares y únicas de acercarse a ese ser que sufre y padece una enfermedad terminal. En estas circunstancias la comunicación entre el profesional y el paciente no está limitada a la expresión verbal del discurso. Acceder desde el nivel profesional al conocimiento de la situación y poder comunicarlo es uno de los momentos más difíciles que debemos enfrentar en nuestra diaria actividad asistencial.
Es necesario compartir nuestro estar dispuestos a ayudar al otro como Persona. Darle la libertad de elegir la manera de ser ayudado, de acuerdo a su peculiar modo de personalidad y modo de relación con los otros.
Es apelar al otro. La apelación es un llamado[1][1]. Un llamado a la Esperanza. No es ocioso recordar aquí que “la esperanza es el arma de los indefensos y por eso tiene eficacia” (Gabriel Marcel). Este llamado, esta apelación, nos coloca en interlocutores de privilegio en un tema de la mayor importancia para el paciente. Al respetar su proyecto de vida, al ayudarlo a aceptar las modificaciones que la enfermedad le impone le estamos ofreciendo la posibilidad de elegir una nueva forma de vivir o de morir.
Si el profesional conoce bien la situación y el futuro acontecer, deberá estar dispuesto a continuar aliviando el dolor físico pero sin evitar compartir el dolor psíquico y moral del paciente. La comunicación se torna, en estos casos, en el principal instrumento de la “pastoral médica” (V.E.Frankl). No es una sustitución del papel de la familia, los amigos o los religiosos que se acerquen. Es contribuir a una mayor plenitud de vida a través del intercambio de actitudes y gestos de acompañamiento que revitalizarán los momentos mas importantes de su biografía haciéndola valiosa de haber sido vivida.
Si el paciente ha dado a entender su real deseo de saber y sobrellevar la situación es inútil o perjudicial escapar a esa responsabilidad profesional de la comunicación. Establecer una comunicación deficiente es coartarle la posibilidad de elección y responsabilidad sobre su existencia real.
La Logoterapia, Tercera Escuela de Viena que fundara Viktor E. Frankl, considera que el psicoterapeuta puede ayudar al paciente enfermo de cáncer apelando a la posibilidad de traspasar sus propios límites, pasar por encima de su facticidad (la enfermedad) y la posición fatalista que casi siempre la acompaña logrando una dimensión completamente nueva: vida con sentido, a pesar de todo, respeto de la autotrascendencia, apertura al amor y permisividad para la libertad individual. Transformar las tensiones de un “yo”  en crisis para que se produzca un “nosotros” (familia, amigos, terapeutas).
La actividad profesional implicará juegos de dramáticos silencios convocantes, actitudes de espera, continencia de la angustia, desarrollo de caminos de libertad sin imposiciones, creando el lugar apropiado para la confianza y desarrollando una creatividad técnica basada en la imposición de “palabras límites”: fe, camaradería, sufrimiento, sentido, esperanza, amor, solidaridad, cuidado del otro, que forman parte de lo que en algunas Conferencias denominamos “el almacén logoterapéutico”.
Estar, sinceramente, a disposición del otro. Amarlo como ser humano que sufre. Evitar que dé pasos peligrosos. Permitirle elegir su camino sin condicionamientos. Ayudarle a superar la paradoja entre la inmanencia y la trascendencia. Este es el juego de roles que permite el ejercicio de la Logoterapia para los psicoterapeutas formados. El Logoterapeuta renuncia antes de empezar el tratamiento. Renuncia a promoverse. Renuncia a la posibilidad de dominar al otro. Renuncia a muchas recompensas.
¿Es posible esta posición completamente desinteresada en un profesional que trabaja y debe contar con medios para también realizar su sentido de vida? Sí, es perfectamente posible porque es una relación de encuentro amoroso. Y lo menos que el verdadero amor quiere es el beneficio del otro.
Esta es la “apelación”, el llamado. Y en esto consiste la “cura”, el cuidado.
Paradojalmente, el sufrimiento nos ha iluminado el camino que nos lleva a la puerta de la trascendencia. Pese a la dependencia de la enfermedad, llena de rispideces y obstáculos, la libertad interior actúa como un ariete que rompe ese cerco de dolor o sentimientos de pérdida que lo cerca y activa la capacidad de sobreponerse para seguir adelante “a pesar de todo”. El sufrimiento actúa como un filósofo interior que cada uno posee y que revela el valor de la vida, iluminando, haciendo transparente lo que parecía tan impenetrable, abriendo regiones hasta entonces veladas y enriqueciendo, verdaderamente, la existencia.
Por supuesto que por “sufrimiento” nos referimos a aquel que no es fácil o posible superar. Debemos acudir a la superación del sufrimiento innecesario. Solamente ante el sufrimiento impuesto por las circunstancias de la enfermedad, aquello de lo que no podemos escapar, debemos poner en marcha los valores actitudinales. Soportar aquello que es evitable es, simplemente, masoquismo o estupidez.
Algunos psicoterapeutas aíslan esta posibilidad de superación del sufrimiento por el sentido acentuando la realización parcial de algunos aspectos del hombre perdiendo de vista su personalidad pluritemática y multidimensional. “Curan” su cuerpo. “Curan” su psique. “Curan” su relación interpersonal social. Pero olvidan la “cura” de la dimensión especial que nos diferencia como personas: el espíritu.
Esta es la “cura”. “Cura” es una voz latina que designa “cuidado, preocupación”. Nuestra “preocupación” principal fue establecer si el enfermo de cáncer es “curable”. Podemos afirmar que sí en el sentido que le dimos a este trabajo.
Esta es el alfa de nuestra tarea profesional como psicólogos y como logoterapeutas. Ninguna circunstancia debe imponer límites a la vida. Ni enfermedades de cualquier tipo, ni circunstancias personales, ni sociales, ni pseudouniversales ni pseudocientíficas. Cualquier Psicología que prescinda del amor, del encuentro y de la comunicación separa al ser humano de sus referentes originales e intencionales. La cualidad trascendente de la realidad humana se potencia en el encuentro auténtico profesional-paciente. Para lograr éxitos en el campo de la psicoterapia debe combinarse las técnicas (estimulantes y bienvenidas) con la incorporación de un elemento de arte que supere las limitaciones de la Ciencia en la consideración de su genuina dimensión que es la dimensión espiritual (Frankl).
Oportunidad trascendental. Posibilidad de rechazo de la “apelación”. Posibilidad de caída en el egoísmo o el sinsentido. Imposibilidad de encuentro con el otro. O realización de valores superando todas las barreras. Aún las de la muerte.
 Bibliografía:
1.- Frankl, V. E.  “El hombre doliente”, Barcelona, Ed. Herder, 1987.
2.- Frankl, V. E.  “El hombre en busca de sentido”, Barcelona, Ed. Herder, 7ª. Ed., 1986.
3.- Frankl, V. E.   “La voluntad de sentido”, Barcelona, Ed. Herder, 1988.
4.- Yalom, I. D.  “Psicoterapia Existencial”, Ed. Herder, Buenos Aires, 1985.

 Dr.  José Martinez-Romero Gandos