ACREDITACIÓN DEL VIKTOR FRANKL INSTITUTE

ACREDITACIÓN DEL VIKTOR FRANKL INSTITUTE

martes, 23 de mayo de 2017

Utopía egoísta vs Utopía altruista: que modelo ofrecer a la juventud en una sociedad globalizante?

Dr. José Martínez-Romero Gandos
A Coruña - Galicia - España
mayo de 2017

   La globalización nos somete a cambios y presiones a veces no deseados. Debemos prepararnos para incorporarnos a esta etapa del desarrollo mundial sin que perdamos, ni un ápice, nuestra condición de Persona.
   En muchos países de América y aún en algunos de Europa padecemos algunas consecuencias negativas inmediatas del proceso de globalización de la sociedad y la economía, no muy gratas. El aumento de la deuda externa, la recesión, la pobreza estructural y la crisis generalizada golpean a la sociedad  sin horizontes claros de reacción.
Los medios de comunicación, los políticos y economistas, los participantes de Jornadas y Congresos y los representantes del pueblo intentan resolver esta crisis planteando soluciones que terminan instalando dos nuevas utopías: la "utopía egoista" y la "utopía altruísta".
   ¿Cuál és la utopía egoista?
   En esta economía globalizante está premiado el esfuerzo individual para lograr mayor eficiencia en la producción. Se pregona que el individuo así obtiene ventajas.
   Pero de esta forma no está contemplado el bien común, el bien social. La comunidad se resiente y los éxitos de unos en este sistema se convierten en los fracasos de otros. Trabajo para unos. Despido para otros. La lucha se establece, entonces, por el bienestar general, el ascenso económico, el logro de bienes de consumo. En este tipo de relación comunitaria cada uno es enemigo potencial de su vecino, de su compañero de trabajo, de su familia y hasta de sus amigos. Los jóvenes se acostumbran a perder su trabajo, perder su familia y hasta perder su pareja en la lucha con un amigo de mejor posición en el sistema.
   Resultado: aumenta la agresividad, se dificultan las relaciones interpersonales y aparece la ansiedad como un fenómeno patológico de nuestra época.
   ¿Cuál es la utopía altruísta?
   En el otro extremo las instituciones oficiales y las Organizaciones no Gubernamentales tienden a programar la distribución indiscriminada de pseudos beneficios sociales, siempre generales, siempre mínimos y decididos desde el poder.
   Se desconocen las verdaderas necesidades individuales de la Persona y del joven en nuestro caso. Se modifican las pautas culturales y la libertad del individuo se ve disminuida,  antes que tenga tiempo de darse cuenta.

   El ejemplo evangélico viene en nuestra ayuda: le dan pescado y no le enseñan a pescar. O lo que es peor. No le enseñan a pescar, no le proveen la red o caña y nunca se ponen a su lado para enseñarle como debe hacerlo. El principal alimento de este ejemplo está en la compañía, en la solidaridad, en el uso común del tiempo, del espacio y de los recursos.
   Esta presentación intenta llamar la atención sobre los efectos de la instalación de estas utopías y poder "apelar" a esos núcleos dirigentes y a la juventud para que instalen una cultura del dar, del compartir y del solidarizarse. Motivar las reservas valorativas de la juventud no siempre es tarea fácil.    No es conveniente considerarla "un recurso humano del futuro" porque se olvida de esta manera su condición de Persona.
   Sin posibilidad de "clonación" cada "joven" necesita cuidados que van ligados a una complicada trama psicosocial en la que manifiesta sus valores y en la que desarrolla sus procesos de adaptación. Solamente una perspectiva "holística" y no "globalizante" permitirá descubrir sus verdaderas necesidades y proveer al desarrollo de su condición esencial: Ser Persona. La génesis de este aspecto evolutivo humano es universal. Universal, que no globalizante, porque cada persona es única e irrepetible, libre y responsable para decidir sobre su futuro y sobre su autotrascendencia. La globalización no siempre permite este aspecto esencial de la Persona. La clave para evitar la caída en el vacío existencial, la profusión de adicciones, el aumento de las enfermedades de todo tipo y las guerras que aparecerán como una inversión del capital sobrante en las economías dominantes es la solidaridad.
   Desde nuestra posición ideológica debemos reconocer los cambios en la realidad social pero alertar sobre las posibilidades, casi seguras, de caída en el vacío existencial, en la vida sin sentido y en la superficialidad de la actividad cotidiana. Debemos preocuparnos intensamente por ese futuro porque pronto nos toca insertarnos en él.
   La esperanza de vida aumenta y con ella la necesidad de asistencia especializada. Los sectores que necesitan mas apoyo son los ancianos, los desocupados y los niños La carencia de modelos aptos para la consideración respetuosa de la Persona permiten el aumento de la delincuencia, las adicciones y las conductas agresivas. Esos niños se convierten en jóvenes con problemas y esos ancianos mueren sin alcanzar el bienestar mínimo aceptable para las condiciones de nuestro medio.
   Estamos preocupados por estas contraindicaciones del sistema que no figuran en el prospecto de venta de la idea de una sociedad globalizada. El desafío es construir un sistema en el que la solidaridad sea el centro. La vertiginosidad con que la globalización difunde sus mensajes impide a los ciudadanos una elaboración crítica y ética de su verdadera influencia. No es fácil darse cuenta cuando se es bombardeado por propaganda en todos los medios  de comunicación y en todas las formas posibles. Deslindar la verdad es muy difícil e impide la expresión auténtica de sentimientos y proyectos.
   Prever los problemas psicopatológicos derivados de sentimientos profundos de soledad provocados por esta sociedad globalizada, vigilar la aparición de comportamientos alterados que modifican e impiden esa plenitud de vida, encarar las sutiles y a veces brutales circunstancias en las que se altera la convivencia familiar y contribuir al bienestar de nuestros niños y mayores, es el desafío de la hora.
   Las alteraciones mencionadas son multifactoriales. Una inadecuada utilización de los recursos de las comunidades lleva al aumento de los problemas mencionados, limitando la pretendida eficiencia del sistema.
   La gestión de proyectos que incorporen rápidas y profundas innovaciones en la atención sanitaria y en la educación son los parámetros iniciales necesarios. Aceptar la sugerencia de los economistas implica buscar formas modernas de aumento de la eficacia y la eficiencia del sistema. Pero esta eficiencia debe complementarse con la actividad comunitaria que genere en la población espacios culturales para evaluar sus propias necesidades y encontrar criterios definidos para que las soluciones sean, cualitativa y cuantitativamente, aceptables y aceptadas por todos. Esta es la verdadera innovación.
   El concepto de “salud” de la Organización Mundial de Salud comprende el bienestar biológico, psíquico, social y espiritual de las personas y no solamente la ausencia de enfermedad. Los técnicos diferencian “salud objetiva” de “salud subjetiva” definida la primera como “la capacidad para la función” y la segunda como “la significación que la persona otorga al sentirse bien”.
   La economía provee los parámetros necesarios para el desarrollo de un aspecto esencial de las comunidades. Pero no el principal. Sin posibilidad de clonación, cada persona necesita cuidados que van ligados a un complejo entramado psicosocial en el que se encuentra ligado afectivamente, en el que manifiesta sus valores personales y en el que desarrolla sus propios procesos de adaptación.            Solamente una perspectiva holística del problema permitirá descubrir sus verdaderas necesidades.     La génesis de este aspecto evolutivo humano es universal. Universal, que no globalizante, porque cada persona es única e irrepetible, libre y responsable para decidir sobre su futuro y sobre su autotrascendencia. La globalización no siempre permite este aspecto esencial de la Persona. Si no es obligado a abandonar aquello que le pertenece por esencia, el hombre es capaz de incorporarse a un proceso intenso de desarrollo como el que comentamos. La condición es el respeto por su esencia: la libertad.
   ¿Cómo es posible aumentar la solidaridad en un mundo egoísta, consumista y superficial? Volviendo a lo clásico sin abandonar lo actual.
   Mostrar a los responsables de la producción que sin la debida motivación, sin el ejercicio periódico de la creatividad, sin la esperanza en un bienestar futuro para su familia, sin la atención sanitaria debida, sin educación generadora de estructuras valorativas, el Hombre se aliena y rinde menos.
   ¿Podrán las empresas redescubrir estos conceptos? Si alertamos a los ejecutivos que las dirigen que ellos caen, rápidamente, en la pendiente del proceso si no modifican el ángulo de visión de sus técnicas productivas, sí habrá cambios.
   Los jóvenes necesitan una fuerte motivación que movilice sus potenciales creativos y productivos. Ellos ven el porvenir con nubarrones y dejan cesantes sus energías solamente dirigidas a sostener una vida provisional llena de adicciones, agresiones o depresiones. Cada día aumenta la marginación y muy pocos de ellos llegaran a ser los ejecutivos a los que les proponemos este esquema.
   Recordar que el hombre es lobo del hombre llega a tiempo para reconocer que también es el que ha desarrollado su creatividad hasta los límites insospechados de la actualidad. Luz y sombra de la historia. Creación y destrucción. Amor y guerras.
   El hombre común, sin ninguna elaboración intelectual, sin la necesidad de ningún estudio sistemático, vivencia esta naturaleza espiritual de su ser Persona. Vivencia esta angustia por su finitud y se esfuerza en su autotrascendencia. No se le escapa que su vida vale la pena vivirla, plenamente. Y se esfuerza para encontrarle sentido a pesar de las circunstancias que, inevitablemente, lo rodean y frustran muchos de sus proyectos.
   En muchas oportunidades encuentra ese sentido a pesar del sufrimiento que le produce el dolor por la pérdida de un hijo, el dolor físico de una enfermedad o trauma, la carencia de un empleo o una casa, o la necesidad de enfrentar catástrofes naturales.
   Si el Hombre es capaz de esto y mucho mas, ¿porque llega hasta un psicoterapeuta en busca de ayuda? Algunos porque se encuentran en una profunda crisis frente a estos avatares de la existencia.     Otros porque reconocen que padecen síntomas desagradables, penosos, indeseables, que amenazan la tranquilidad de su existencia. Aquellos porque no han podido superar estos trances y dirigir su dolor hacia algo o hacia alguien a quien amar, cayendo en la angustiosa sensación de la carencia de sentido.
   Todos buscan la “cura”, el cuidado de un otro. Ese “otro” puede ser hermano, amigo, hijo o compañero. Muchas veces esta compañía es el verdadero trampolín que los coloca, nuevamente, en la senda del sentido.  Aceptan la transitoriedad de la existencia, superan el sufrimiento y recobran la esperanza.
   Cuando esto no es posible recurren a un profesional en busca de la “cura”. Según de que “cura” se trate consultan a un médico, un psicólogo, un psicopedagogo o un religioso. Cualquiera de estos profesionales es la persona que “impulsada por su eros terapéutico, aprovecha su preparación técnica para cuidar a sus semejantes, como prójimos, cuando lo necesitan o están enfermos”.
Esa es nuestra “Misión”. Pero una misión debe enunciarse en forma operativa, de lo contrario, será una mera declaración de buenas intenciones. Según Viktor E. Frankl, nuestra “Misión” como Logoterapeutas es la “cura médica de almas”. Es una pastoral “médico-psicológica”. Según los griegos, la persona encargada de “cuidar” el cuerpo era el “mëdos”, derivando de allí la palabra “médico”. Para esa cultura el “therapeutikós” era el siervo encargado de cuidar el templo, es decir, el lugar por excelencia para la vida espiritual.
   Quienes nos dedicamos a esta profesión, y en especial los Logoterapeutas, aceptamos y reconocemos nuestra “Misión” como aquella destinada a colocarnos al servicio del otro para ayudarlo a mejorar sus “dolencias” cuando éstas lo agobian, librarlo de su angustia cuando el daño es positivo y facilitar su reencuentro con el sentido, a pesar de todo y contando con los valores de su propia existencia.
   Deberíamos contribuir con nuestra experiencia para el desarrollo de una acción logoterapéutica que se proyecte sobre la comunidad contribuyendo a la promoción y perfección del Hombre en función de valores éticos de solidaridad, logros en el marco superior de la responsabilidad social y calidad de vida respetuosa de la dignidad  de la Persona. La Ciencia y la Técnica tienen que estar al servicio del Hombre y no a la inversa. Ambos, logoterapeutas y pacientes, debemos ser fieles a esta Misión.
Nuestra “Misión” no necesita de grandes tratados de Psiquiatría, Psicopatología o Técnicas Psicoterapéuticas. Los “Maestros” y “Tratadistas” han contribuído a nuestra formación básica imprescindible. Ahora nos basta la definición del diccionario: “Misión es la acción de enviar. Es el poder que se dá a un enviado para cumplir su cometido. Es, también, el deber moral que cada hombre le impone su condición o estado”.
   Somos enviados para servir en la “cura” o cuidado del otro y es para nosotros un deber que nuestra condición nos impone. “Pastores de almas” que buscan encarrilar la oveja hacia la recuperación del “sentido” de vida. El Derecho nos otorgaría la condición de “curadores ad-bona” que define a quien cuida los bienes de un incapacitado. ¡Y qué mayor incapacidad que carecer de la voluntad necesaria para encontrar sentido a la vida a pesar de todo!
   Esa es nuestra “Misión”. ¿Y cuál es nuestro pago? El diccionario vuelve a ser útil para definir la cuestión citando la acepción que atribuye a “Misión: alimento que se señalaba a los segadores por su trabajo”. El cumplimiento de la Misión es nuestro alimento y pago verdaderos.
¿Cómo podemos lograr estos propósitos en esta sociedad en crisis?
   Debemos ajustar nuestra Misión para afirmar, repetidamente, el concepto de Logoterapia como propuesta facilitadora del desarrollo de proyectos y valores. Una propuesta que debe considerar la posibilidad de comunicación efectiva y afectiva,  promover la reflexión sobre los valores y el sentido de la vida, no olvidar la integración psicológica y social y facilitar la armonía entre la libertad y la responsabilidad.
   Nuestra tarea como Logoterapeutas es preguntarnos si podemos hoy ayudar al Hombre existencialmente frustrado a encontrar un sentido en su vida. Muchas personas piensan que tal  vez  es tarde para esta tarea en un mundo totalmente globalizado, en crisis y vacio existencialmente. Creemos que no.
   Concluímos que es necesario considerar la posibilidad de establecer una sociedad basada en el respeto por la Persona. Esta persona necesita obtener el máximo de oportunidades para realizarse dentro de la comunidad de su elección, desarrollar y usar sus potencialidades y encontrar un trabajo digno.
   En ese contexto es posible que pueda dar y recibir, encontrando en la comunidad su oportunidad de ser solidario.
   Nuestra propuesta consiste en la creación de un ESCUDO PROTECTOR de la influencia nefasta de la globalización.
   La construcción de ese escudo es posible:
·       Si aportamos soluciones innovadoras ante la crisis social
·       Si hacemos lo posible para que se transformen las actitudes agresivas en AMOR
·       Si contribuimos a que los que tienen predilección o tendencia a luchar por el poder transformen su actitud en acciones de verdadera AUTORIDAD
·       Si facilitamos la solución de las conflictivas relaciones interpersonales y aportamos un sentido COMUNITARIO
   Apuntemos al amor y a la solidaridad. Los jóvenes nos agradecerán el esfuerzo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario