ACREDITACIÓN DEL VIKTOR FRANKL INSTITUTE

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jueves, 29 de octubre de 2015

EL LUGAR QUE HABITAMOS – Una visión existencial -------------------------------- THE PLACE IN THAT WE INHABIT – An existential view


 Dr. José Martínez-Romero Gandos
Noviembre 2015.


Usted ¿Dónde vive? Convendría responder: - “Desde que nací, en este mundo”. Diferente sería la respuesta si me preguntaran “Usted ¿Dónde habita?”
Habitamos en un territorio pero pretendemos ser considerados algo más que “ser ocupantes de una vivienda” o “ocupar un sitio”. Dicen los Sociólogos de hoy en día que “edificamos y construímos porque, previamente, habitamos”.
          Nuestra morada, vivir en una casa, habitar en un determinado espacio geográfico supone “un acto fundacional y fundante”[1]. Es el que “habita” un sitio el verdadero planificador, el verdadero constructor de un espacio vital y social, imposibilitado de vivir aislado porque nadie vive tan apartado de sí mismo y su entorno social.
          El proceso de integración del ser humano a un territorio se produce en forma de “arraigo” (asentarse, establecerse, instalarse, fijarse a un lugar) a condición de entender este hecho como un espacio socio-cultural total.
          Decimos “yo soy porteño”, o “soy cordobés” o “soy rosarino”, todos amparados por el mismo Estado. ¿Y si soy “gallego”, “tano”, “turco” o “carioca”?
Interesa el arraigo, que obedece a una serie pluridimensional de componentes que integran individuo, sociedad y cultura, conjuntamente con las coordenadas espaciales y temporales.
          “Ser porteño” (o cualquier otra naturaleza de ser) significa la identificación del hombre con un sitio, en un espacio-tiempo con unas características sociales determinadas y una cultura específica. Este arraigo también depende de las estructuras participativas, de los diferentes grupos, de las variadas organizaciones y de todos los que se sientan involucrados, conformando lo que se ha dado en llamar la “comunidad local”.
          No es posible construir megalópolis o polígonos sin vínculos con el entorno, con una historia del lugar y con una sociedad determinada.  
          El “habitante” participa de un marco normativo y axiológico que viene determinado por la sociedad, identificándose con esa norma. Caso contrario corre el riesgo de permanecer en la anomia.
          Con una intención simplemente didáctica diremos que este arraigo puede ser: a) un arraigo fruto de una comunidad de sangre, un “arraigo doméstico”; b) un arraigo local inmediato (vecinos, barrio, municipio, comunidad local); c) un arraigo urbano (la ciudad como marco de referencia y convivencia, por ejemplo “soy porteño”); d) un arraigo nacional y, finalmente, e) un arraigo cultural.
          La casa y el hábitat deben ser “vividos”, “soñados”, “imaginados”, pues sin estas dimensiones la realidad aparece como falta de sentido. El goce por el sitio elegido no reside solamente en lo que se recibe sino también en lo que se comparte. Hay un juego dialéctico entre “la casa” y “la comunidad”. También, aunque no lo creamos, entre “la casa” y “el universo”.
          El hombre actual se va distanciando de lo que, en el pasado, generaron los antiguos fundadores de las ciudades, tendiendo a desarrollar “megalópolis”, desvinculándose del autentico “habitar”, rompiendo los vínculos con la naturaleza, apartándose de las personas manifestando una actitud insolidaria y provocando el crecimiento del aislamiento y la corrupción del sistema.
          No podemos protestar si nos dejamos llevar por los “grandes constructores” de espacios con muchos nombres “modernos” (countries, urbanización, village, etc.) que configuran espacios egoístas, casi siempre cerrados, con criterios utilitaristas, tributarios de un espacio de explotación comercial y dominio.
          Muchas veces toleramos la depredación de la naturaleza, la modificación natural del entorno y “habitamos” en esas construcciones que nos apartan, automáticamente, de ese entorno natural. Nos parece que es un asunto que no nos pertenece, que es algo externo a nosotros, que constituye una “explotación“. Si seguimos la etimología de ésta última palabra deberíamos aceptar que “habitar” en esos espacios nos fuerza a “ser explotados, a explotar”. Son y somos capaces de llegar a la devastación, si es necesario, para construir fuera de la cultura, del entorno propio del lugar, de su historia.
En este momento de globalización, tanto empresaria como comunicacional, las fronteras se vuelven dudosas y los pueblos generan comportamientos específicos para conservar su identidad. Esta globalización  provoca migraciones masivas si hay problemas de trabajo o producción.
Disminuidas las oportunidades de trabajo o diversificación profesional, los habitantes migran. Mediante la constante migración se observan dos fenómenos muy bien diferenciados: se produce un contacto con personas y pueblos a veces lejanos geográfica y culturalmente, relación tanto económica como social, y se comprende a los “connacionales” como formando una sola comunidad aunque se halle dispersa en muchos lugares distantes del planeta.
Arraigo y desarraigo, dos polos existenciales potenciales en todos los emigrantes. Las raíces son originales de cada persona y constituyen lo único e irrepetible. Ante la brusca situación de trasplante cabe la posibilidad de “arraigo”, raíces en una nueva situación que permitan el crecimiento, sean cualesquiera las consecuencias y “desarraigo”, raíces que no permiten ese desarrollo o dejan a la persona en tan precarias condiciones que cualquier “brisa” cultural puede enfermarla o aún matarla.



THE PLACE IN THAT WE INHABIT – An existential view
Dr. Jose Martínez-Romero Gandos 
november, 2015.

Where do you live? It would be a good answer: - "I was born in this world. I have been here since that time". Different would be the response if they were asking: "You where does inhabit? " 
We live in a territory but we try to be considered something more than "to be occupants of a housing" or "to occupy a site". Nowadays the Sociologists say that "we build and construct because, before, we inhabit".
Our abode, to live in a house, to live in a certain geographical space supposes " an foundation act and a founding belief". It is the fact that there inhabit a site the real planner, the real builder of a space and social living, unable to live isolated because nobody lives so separated of oneself and his social environment.
The process of integration of the human being to a territory takes place in the shape of "rooting" (to settle itself, to be established, to be fixed to a place) with the condition of understanding this fact as a sociocultural total space.
We say " I am from Buenos Aires ("porteño"), or " I am from Córdoba" (Argentine) or  "I am from Rosario ("rosarino")", all under protection of the same State. And if I am from "Galicia" ("gallego"), "tano", "turk" or "carioca"?. We are interested about rooting, which obeys to a pluridimensional series of components that integrate individual, society and culture, together with the spatial and temporary coordinates.
" To be an "porteño" (from Buenos Aires)" (or any other nature of being) it means man's identification with a site, in a space-time with a few social certain characteristics and a specific culture. This rooting also depends on the participative structures, on the different groups, on the varied organizations and on all those who feel involved, shaping what we call the " local community ".
It is not possible to construct megalópolis or polygons without links with the environment, with a local history and with a certain society.
The "inhabitant" take part of an axioloxical and normative frame that comes determined by the society, identifying with this norm. Opposite case traverses the risk to remain in the anomia.
With a simply didactic intention we will say that rooting can be: a) a rooting that is product of a community of blood, a " domestic rooting "; b) a local immediate rooting (neighbors, neighborhood, municipality, local community); c) an urban rooting (the city as frame of reference and living together, for example " I am "porteño" (from Buenos Aires)”; d) a national rooting and, finally, e) a cultural rooting.
The house and the habitat must be "lived", "dreamed", "imagined", since without these dimensions the reality appears as lack of sense. The enjoyment for the chosen site does not reside only in what is received but also in what is shared. There is a dialectical game between "the house" and "the community". Also between " the house" and "the universe".
The current man take distance of all that, in the past, the ancient city's founders had generated, tending to develop "megalópolis", dissociated of the authentic "inhabitant", breaking the links with the nature, separating of the persons by one wrong attitude and provoking the growth of the isolation and the corruption of the system.
We cannot protest if we leave ourselves to convince by "big builders " of spaces with many "modern" names (countries, urbanization, village, etc.) that there form selfish spaces, almost always closed, with utilitarians criteria, tributaries of a space of commercial exploitation and domain.
Often we tolerate the nature depredation, the natural modification of the environment and "we inhabit" in these constructions that separate us, automatically, of our natural environment. It seems that it is a matter that does not belong to us, that it is anything external to us, who constitutes a "exploitation". If we follow the etymology of the latter word we should accept that "to inhabit" in these spaces they forced us to " to be exploited, to exploiting ". They are and we are capable to arrive at one large devastation to construct outside the limits of the culture, if it is necessary, out of the own local environment, out of own history.
At this moment of globalization of the business and the communications, the borders become doubtful and the peoples generate specific behaviors to preserve his identity. This globalization provokes massive migrations if there are problems of work or production.
When the opportunities of work or professional diversification diminish, the inhabitants migrate. When the society makes easier a constant migration two very well differentiated phenomena are observed: a contact takes place with persons and sometimes with geographically and culturally distant peoples (even in a economic and social relation), and the "fellow countrymen" form an new community, perhaps dispersed in many distant places of the planet.
Rooting and uprooting, two existential potential points of reference in all the emigrants. The roots are original of every person and constitute an unique and unrepeatable sentiment. Before the sudden situation of transplant appears, many circumstances favour the possibility of "rooting", roots in a new situation that allows the growth, considering all the consequences, and "uprooting", roots that do not allow these development or leave the person in so precarious conditions that any cultural "breeze" can make ill or still kill her.










[1] del Acebo Ibáñez en “Estudios del IMAE”, Nº 1, 1998.

3 comentarios:

  1. Breve comentario a tu artículo. Tu dices:
    “Nuestra morada, vivir en una casa, habitar en un determinado espacio geográfico supone “un acto fundacional y fundante”[1]. Es el que “habita” un sitio el verdadero planificador, el verdadero constructor de un espacio vital y social, imposibilitado de vivir aislado porque nadie vive tan apartado de sí mismo y su entorno social.”
    De acuerdo, apena\s te apunto que del mismo modo que habitamos determinados lugares, reales, imaginarios o simbólicos, igualmente somos habitados por ellos; de manera que al dejar nuestro barrio, al no volver a transitar por las calles del sector con todas sus peculiaridades comunes, continúan acompañándonos en otros lugares, como si se resistieran a abandonar nuestro espacio interior. Inclusive en el espacio utópico que hemos construido como un mundo posible de realización, se resiste a dejarnos. Ex militante de una causa socialista pasados los años aún nos frecuenta como todas las cosas que forman parte de nuestra historia.
    Eso era lo esencial que quería compartir contigo. \cordialmente….Emilio Romero

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