Dr. Frankl y Dr. Martínez-Romero en Caracas 1985

lunes, 18 de marzo de 2013

Consideración de los grados de libertad para ayudar en la realización de sentido en las mujeres víctimas de violencia doméstica





Dr. José V. Martínez-Romero Gandos
A Coruña – Galicia – Spain
(2013)
Palabras clave: libertad – sentido de vida – violencia doméstica – proyecto vital – 

     Partiendo de la concepción de la analítica existencial que considera a la Persona como un ser-en-el-mundo esencialmente constituído por el ser-con, el ser los-unos-con-los-otros, la violencia doméstica ejercida contra las mujeres provoca que la existencia de estas víctimas desemboque en un proceso de extrañamiento que las aleja de los modos de comunicación propios de la comunidad del amor.
     Es lo que afirma la Logoterapia, una corriente psicológica fundada por Viktor E. Frankl  que propone una visión integral del ser humano (bio-psico-social y existencial-espiritual) afirmando que la aspiración fundamental del ser humano es la lucha por encontrar un sentido a la vida. Según esta teoría, cuando no encontramos el sentido, padecemos sufrimiento, vacío existencial, depresión, etc.
     A la postre esta existencia cae en un sin sentido de vida, en un divorcio con la experiencia comunicacional con el mundo, en un desconocimiento de los nexos referenciales con la libertad y la dignidad humanas o en un aislamiento afectivo que le impide cualquier tipo de realización de un proyecto vital.
     Los diferentes modos de violencia que ejercen los maltratadores provocan la alienación (caída en la cosificación) de sus víctimas, el asalto de la angustia a la totalidad del ser y la pérdida de la dimensión histórica como Personas.
     Este aislamiento descripto, en especial en todo lo referido a la comunidad del amor, incluye la extrañeza del ejercicio de la propia libertad, del manejo del tiempo y el espacio y de todo atisbo de deseo personal de realización.
     Realizarse o malograrse, en el sentido amplio de la existencia, nos lleva a considerar a ésta como la posibilidad de ser libre para lograr la autenticidad de su ser. Si se renuncia a las posibilidades puede que la persona se extravíe en el proceso, se equivoque o simplemente se desconozca.
     Antes de avanzar en nuestras consideraciones es conveniente aclarar que la analítica de la existencia solamente constituye el fundamento ontológico, imprescindible pero no suficiente sin las consideraciones debidas a este aspecto de la existencia humana, la violencia, por parte de la Sociología, el Derecho, la Biología, la Psicología, la Psiquiatría y todas las ramas pertinentes de estas Ciencias.
     Nuestra experiencia en la asistencia psicológica a víctimas nos muestra la multiplicidad estructural de los orígenes y posibilidades de modificación del sufrimiento por violencia de género y doméstica.
     Debemos insistir, asimismo, que la descripción de las formas en las que se expresa la existencia de estas mujeres-víctimas se sitúa en el terreno de la experiencia analítico-existencial-fenomenológica. Y recordar que esta violencia ha de repercutir, necesariamente, en la conformación de una sintomatología propia de la comprensión clínica psicológica y psiquiátrica presidida, siempre, por la angustia.
     La violencia, en su expresión más general, y la violencia doméstica ejercida por los hombres contra sus parejas, en particular, puede ser relacionada con sujetos impulsados a conseguir algo que no pueden lograr de un modo socialmente adecuado y normal. Su inseguridad o insatisfacción personales es transformada en una actitud hostil contra los otros. Una cobardía siempre latente les impide, generalmente, concretar esta acción violenta en el mundo circundante y la realizan contra sus mujeres. Existe una escisión interior de su afectividad que se reproduce en una conciencia conflictiva constituyendo lo que Paul Ricoeur llamó “el drama moral del hombre dividido de nuestro tiempo”[1]
     División que consiste en la constitución de una “mascara”, habitualmente de hombre socialmente aceptado y aceptable, pero con una personalidad de componentes instintivos agresivos predisponentes, profunda inautenticidad y normas y tradiciones culturales “machistas”.
     Para tal desarrollo de la personalidad la Psicoterapia Existencial debe ofrecer a las mujeres víctimas de violencia que accedan a una mayor posibilidad de autonomía y autenticidad. Estos logros son de más fácil acceso cuando podemos ayudarlas a recuperar el uso pleno de su libertad, la percepción de una corporalidad recuperada y un tiempo y un espacio vivido sin la presión que genera el stress y la frustración de la violencia recibida.
     Podemos definir a la mujer maltratada en el ámbito doméstico como una víctima indefensa de la crueldad en su propio hogar con impedimentos y sin medios para alcanzar un remedio a su situación.
     Esta definición inicial ha provocado y provoca cierta desconfianza o incredulidad en muchos medios, inclusive los profesionales y los judiciales. Podríamos citar numerosos casos reales de violencia doméstica y todos han sucedido entre nosotros. Podemos apartar la vista pero seguirá sucediendo. Excepto que pongamos en marcha todos los recursos posibles del Estado y de las Ciencias para disminuirlos y finalmente reducirlos a su mínima expresión.
     Una mujer golpeada es aquella que sufre maltrato intencional, de orden emocional, físico y sexual, ocasionado por el hombre con quien mantiene un vínculo íntimo. Él la obliga a realizar acciones que no desea y le impide llevar a cabo otras que sí desea. Dicha pareja, por sus características, entra en un círculo de violencia reiterado que dificulta la ruptura de la relación o su transformación en un vínculo no violento.
     Pareciera que por pertenecer esta situación al fuero íntimo de la relación entre personas no podemos intervenir, interferir o sancionar a la violencia ínsita de esa relación.
     Surgen los mitos o comentarios, no siempre ingenuos y populares:
”Si está tan mal en la pareja,¿porqué se queda?”, “aguantó tanto tiempo y aún persiste en la relación”, como si fuera tan sencillo o fácil apartarse de la violencia.
“La violencia es un problema de las clases bajas o incultas”, desconociendo los datos que provee la estadística acerca de la pertenencia de las víctimas a todas las clases sociales y a toda la escala étarea de las mujeres.
     Este desconocimiento o mala intención en los comentarios pretende afirmarse en aquello que rueda por nuestro mundo “civilizado” acerca de la carencia de violencia de las personas educadas, cultas o religiosas. Recuerdo, en el correr de la pluma, a un magistrado, a un profesor universitario y a un hombre de misa diaria como maltratadores peligrosos y juzgados.
     Ante esto, la réplica superficial: “Se trata de casos aislados…”. Cuando no la respuesta: “La violencia la provocó la mujer”. Que sí puede haber sucedido en casos aislados, pero no en la generalidad de las mujeres víctimas de violencia.
   Se ha atribuido el problema, generalizando demasiado, a que la violencia en el ámbito doméstico surge cuando se instala el conflicto entre necesidad y libertad. En el juego dialéctico entre estos dos elementos, el equilibrio de sentimientos positivos contribuye al bienestar general. Lo contrario supone la infiltración en el proyecto vital de algunos, varios o todos los miembros de la familia que supone una limitación de la libertad, un progresivo y constante deterioro o hundimiento del proyecto vital y la supresión parcial o total de los círculos funcionales superiores de la vida humana.
     La salud está íntimamente ligada al uso de la libertad, característica del hombre sano espiritualmente. Condicionada ésta por la violencia en el ámbito doméstico el poder “ilegítimo” mediante el logro de una vida inauténtica en el resto de los integrantes.
     Si en la intimidad del hogar nos sentimos libres podemos asegurar nuestra elección de estilo de vida y responsabilizarnos por el modo de encuentro en el amor. Desde la óptica de la analítica existencial es primordial la concepción de unidad bio-psico-social del ser humano. En esa unidad el ejercicio de la voluntad de sentido para el logro de un proyecto vital, la conciencia de responsabilidad y el uso de la libertad nos permite diferenciar salud de enfermedad y describir el nivel de conflicto expresado en la violencia.
     A través del uso de la violencia el agresor controla o agrede porque cree tener derecho a ello. Lo hace en el ámbito doméstico o apela a toda su energía, recursos y contactos para hacer valer “sus derechos”, pasando las víctimas a ser consideradas “victimarios”, en muchos casos.
     Esto es posible porque la “víctima” se hace cargo del sistema de creencias del “victimario”. A través de ese control instaurado, de esa creencia asumida y de la dosificación adecuada de fuerza, seducción y dialéctica verbal, el victimario destruye la Esperanza de la víctima. Recordemos la frase de Gabriel Marcel cuando dice: “La Esperanza es el arma de los indefensos. Y por ello tiene eficacia, por ser todo lo contrario a un arma”. El victimario usa el arma de la violencia. La víctima, si puede, apela a la Esperanza.
    La violencia no se puede predecir. Es imprescindible estar atentos. Solamente podemos contar con la descripción clínica de numerosos casos en los que se repite el ciclo de la violencia. Siguiendo este esquema lo único predecible es la repetición de los episodios de violencia. El significado de cada uno de estos episodios se suma e incorpora al “sin sentido” de la existencia de la víctima, constituyendo un verdadero “infierno”.
    Quien desee aportar su trabajo profesional para el mejor cuidado de la víctima deberá tener en cuenta o ejercer las acciones que terminará o impedirá la continuidad del círculo de violencia: agresión; culpa; pedido de perdón; sexo; placer; nueva agresión.
    Para ejercer convenientemente este papel es necesario contar o pertenecer a una “red de intervenciones” construida con el accionar de psicólogos, médicos, abogados, jueces, asistentes sociales y con la comunidad. La violencia se reduce mediante la aplicación de programas sociales y se comprende a través de investigaciones, trabajos publicados y comunicaciones entre colegas.
     Los agentes sociales o profesionales que asisten a mujeres víctimas de violencia saben que se trabaja con situaciones límite que no permiten pérdida de tiempo. Es necesario instruir para que se facilite la evitación de situaciones de violencia que nunca se resuelven en el corto plazo. Es muy importante la revalorización del sentido de vida de las víctimas, el restablecimiento de valores fundamentales y la auto-consideración como Persona.
    Se trata, asimismo, de lograr cambios que activen mecanismos y conductas de control que no actúen solamente sobre la violencia. En este campo es necesario recordar, especialmente, que cada persona es “unica e irrepetible”.
    Por lo que conocer lo que está pasando exige economía de medios y gasto de recursos asistenciales y técnicos. Conocer acerca de la realidad violenta, ayudar a reconocer sentimientos bloqueados, analizar el contenido de los mensajes de la violencia, elevar la autoestima y programar, conjuntamente, las acciones que permitan ayudar a renovar el sentido de vida pleno de las víctimas, para que sigan adelante a pesar de los sufrimientos y problemas que acarrea este tipo de situaciones.
    La discusión a nivel científico y judicial del problema y la investigación en los temas vinculados a la violencia permitirá contar con experiencia e instrumentos propios para la asistencia. La creación de la Escala de los Grados de Libertad para evaluar la posibilidad de realización de sentido de las mujeres víctimas de violencia doméstica es un aporte más al campo de necesidades descripto.
    Aún en estas circunstancias de sufrimiento, peligro, amenazas y violencia estamos agradecidos al poder colaborar para asistir a estas mujeres en la “cura” que reconoce su mejor test cuando pueden ellas mismas dedicarse a ayudar a otras a superar las inhibiciones que le impiden salir del círculo de la agresión.
    La actividad profesional implicará procedimientos urgentes para prevenir futuras crisis o agresiones, actitudes de espera por la dificultad de la víctima en reconocer sus posibilidades, continencia de la angustia, desarrollo de caminos de libertad sin imposiciones, creando el lugar apropiado para la confianza y desarrollando una creatividad técnica basada en la necesidad de conseguir cambios de conducta urgentes, perfectamente establecidos por autoridades y científicos.



[1] Citado en “La Psicología Fenomenológica en la prevención de la violencia”, Dra. Aída Kogan, Cátedra de Psicología Fenomenológica y Existencial de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Coordinadora Ma. Lucrecia Rovaletti, Bs. Aires, agosto 1994.


sábado, 2 de febrero de 2013

CONGRESO MUNDIAL SOBRE TERAPIA EXISTENCIAL




 CONVIDAMOS A LOS COLEGAS A PRESENTAR TRABAJOS
                       
El Congreso será una oportunidad para mostrar sus experiencias entre la gran comunidad de terapeutas existenciales. El congreso esta patrocinado por un número de reconocidas organizaciones de terapia existencial como el International Collaborative of Existential Counsellors and Psychotherapists (ICECAP), la Society for Existential Analysis (SEA) y la New School of Psychotherapy and Counselling (NSPC). Esperamos que pronto se agreguen patrocinadores internacionales para participar en esta empresa.

El Congreso ofrecerá la oportunidad de escuchar a tres oradores principales internacionales y otros seis en plenarios. Habrá una amplia gama de pequeñas conferencias y talleres brindados por terapeutas existenciales de reconocimiento internacional y autores de todo el mundo. Esta será una oportunidad única para encontrarse con colegas de la misma opinión acerca de la importancia de la Terapia Existencial y una oportunidad apasionante para la mutua fertilización de viejas y nuevas ideas.

El Doctor Kirk Schneider (EE.UU.), el Prof. Alfried Längle (Austria) y la Prof. Emmy van Deurzen (Reino Unido) han aceptado ser oradores principales y esperamos poder anunciar a otros oradores muy pronto. Colegas existenciales, de todas partes de Europa Occidental, Escandinavia, Europa del Este, Rusia, Ucrania, EE.UU., Canadá, Latino América, España, Australia y Asia, han expresado su deseo de participar.

Durante estos primeros meses del año 2013 anunciaremos las condiciones para la presentación de ponencias y talleres y esperamos tener inscripciones en el comienzo del año 2014 en una dirección de Londres.
Esperamos que difundan entre colegas la realización de este Congreso. No duden en hacernos llegar sus ideas al respecto para asegurar el éxito de este acontecimiento tan especial.
 Sitio web del Congreso: www.existentialpsychotherapy.net

 

viernes, 25 de enero de 2013

La acción grupal en la Mediación Intercultural



 Dr. José Martínez-Romero Gandos
A Coruña – enero de 2013[i].


          Las investigaciones, publicaciones y comunicaciones acerca de la práctica grupal se multiplican en el mundo científico, con especial énfasis en los países del área iberoamericana. Trabajar en la Mediación Intercultural es una oportunidad magnífica para contribuir a su desarrollo y encontrar posibilidades de aplicación en una práctica con fundamento y creatividad.

Los retos para asistir en las necesidades y demandas de los diferentes colectivos migrantes en el siglo XXI no son pocos y obligan a un desarrollo de la investigación y la práctica de la Mediación Intercultural, especializándose en el conocimiento y el especial modo-de-ser-en-el-mundo de estas personas. La obligación también se extiende a la posibilidad de elaborar planes para su asistencia. Trataré de explicar aquí porqué un instrumento técnico como la participación en grupos (dinámica grupal) puede cumplir, satisfactoriamente, con ambos propósitos.

Los científicos que aplican la dinámica grupal para la atención de personas en los diversos ámbitos de su profesión afirman que muy pronto se tendrá que justificar porqué, en muchas circunstancias, se utilizan entrevistas individuales, de escaso tiempo de dedicación, con poca información y menor participación de las personas que acuden a ellas y no se utiliza la dinámica grupal.

Permítanme algunas consideraciones teóricas antes de concretar los retos a los que nos enfrentamos.

Vivimos en comunidades donde la coexistencia se manifiesta como una relación yo-tú con un innegable carácter dialógico. Diálogo que para lograr su autenticidad debe llegar a la dimensión del sentido co-participado de los integrantes superando los condicionamientos sociales que distorsionan la comunicación. La premisa debiera ser el respeto por la condición de Persona en sus valores más esenciales, manifestados por cadaquién de una manera única y singular. Cuanto más amplio y menos racional sea ese sentido dialógico más respuestas existenciales encontrarán cada uno de los integrantes, ya sea a la luz de la conciencia o ante la posibilidad de una relación interpersonal amplia.

Este “suprasentido” conciente o trascendente encuentra su mejor expresión si la relación interpersonal no se limita a un mero intercambio de símbolos y signos protocolares. En el encuentro con el otro, el “suprasentido” (capacidad y posibilidad de proyectarnos más allá de la inmediatez de lo cotidiano) se construye mediante la reciprocidad de la relación de afecto, aceptación o solidaridad sin condiciones. Y esto no puede realizarse fuera de un grupo donde el hombre no puede dejar de “pertenecer”.

Quien conozca los pormenores de esta dinámica grupal y tenga capacidad de análisis de la situación podrá aceptar que esta relación “dialógica” entre personas de un grupo no es posible, en su realización plena, sin que se produzca una “trascendencia recíproca”. Veremos este concepto un poco más por lo menudo.

Muchas personas y no pocos técnicos insisten en que ésta actividad grupal no deja de constituir una “reunión catártica” de personas con conflictos que solamente ejercen esta función de descarga y luego permanecen en igual situación. En nuestra experiencia de muchos años de inmersión en la actividad de los grupos hemos podido comprobar como resultan inmensamente útiles en las circunstancias en las que las personas atraviesan una situación de crisis, de angustia o de conflicto, desarrollándose una actividad de “trascendencia recíproca”, es decir, de paulatino y concreto compromiso mutuo.

Lo importante de esta actividad se manifiesta a través de una actividad que denominamos de “encuentro”. Cuando este “encuentro” es comunitario la “trascendentalidad recíproca” es mucho más importante que la que pueda establecer una sola persona con otra. La persona produce su propia actividad trascendente que prepara la recíproca. Pero ambas se complementan y potencializan en una actividad grupal comprometida.

No es fácil sostener encuentros grupales en los que se produzcan estos “encuentros trascendentes”. Los instrumentos principales para ello son la comunicación, el reconocimiento mutuo, la afirmación de la identidad, la autenticidad, la apelación al otro y el cuidado mutuo.

Imaginemos una situación de intervención en Mediación Intercultural y ubiquémonos en dos contextos diferentes: un contexto de encuentro individual con la persona asistida y otro en el que participemos de un grupo. Los mismos instrumentos utilizados desde siempre en las entrevistas individuales cobran una dimensión especial y promueven la manifestación de conductas, conceptos, ideas o relatos permiten una mayor participación de unos y otros. Para alguno de los integrantes es difícil la comunicación. Aparecerá algún otro que apelará a su comprensión. Podrá manifestarse reacio y hasta inauténtico. Si nadie olvidó la principal herramienta “cuidado mutuo” aparecerá una mayor autenticidad y una afirmación de la identidad de cada uno de los integrantes.

¿Se producirá esto tan rápida y espontáneamente?

Cuando nos proponemos sostener en un grupo esta trascendentalidad recíproca es necesario iniciar la relación mediante la propuesta de compromiso y utilización de algunas herramientas fundamentales de la dinámica grupal. Más adelante describiremos algunas de estas herramientas.

En los grupos más superficiales este compromiso puede ser poco duradero y no alcanzar para la relación de verdadero encuentro y trascendencia. A pesar de ello, en determinadas circunstancias, pueden transformarse en grupos de encuentro duradero. Encontramos un ejemplo si consideramos un grupo de excursión o un encuentro de atracción sexual. La alianza superficial deberá culminar en un compromiso duradero. En el caso de la excursión en la constitución de un grupo verdadero de personas amigas y en el caso del encuentro de atracción sexual en un compromiso que se plasma en el amor de pareja.

El compromiso da lugar a una relación con sentido transpersonal. Supone confianza, fidelidad y esperanza. Es capaz de iluminar y animar en los momentos difíciles. Sus modelos clásicos son el matrimonio, el equipo de trabajo, la comunidad religiosa o el grupo de amigos.

Como lo afirman todas las escuelas psicológicas, nada de esto es posible sin una buena comunicación. No es el lugar aquí de explicar este concepto clásico. Pero recordemos que nadie puede no comunicarse y que los grupos humanos son inevitables. La comunicación debe contribuir a permitir la relación yo-tú que debe transformarse en “nosotros”.

La queja, habitual en los grupos y especialmente los que necesitan de mayor comprensión y asistencia, es la apreciación clara de una comunicación sin sentido trascendente. Apenas llegan a ser autoreferenciales. No ponen en marcha la acción de los valores de creatividad. Evitan que surjan comentarios acerca de sufrimientos genuinos, no permiten la participación de los valores de actitud. Se vivencia solamente lo negativo. Se pone en marcha el círculo vicioso que reclama desde la queja la atención egocéntrica o la mera descarga catártica.

Para salir de la queja es necesario que el grupo “apele” al integrante quejoso a que ponga en marcha su capacidad de autodistanciamiento, su capacidad de ir al encuentro del otro, la posibilidad de transformar el sufrimiento en sentido de ayuda al otro, especialmente a partir de la experiencia de los propios dolores, penas y frustraciones.

Siendo así constituimos una relación de compromiso entre los integrantes de los grupos en los que participamos y lo manifestamos como un encuentro humano, como una tarea de servicio en el que asistimos en el cuidado ofreciendo la propia experiencia, creatividad, razón y voluntad de sentido. Todo esto aderezado de mucha Esperanza. Y, como no, de algunas técnicas.

No es fácil acompañar al hombre del tercer milenio, luego que en la centuria anterior estuvieran en peligro referencias tradicionales y aparecieran crisis existenciales ante el vacío de la sociedad contemporánea. Mucho más si nos dedicamos a un colectivo tan especial como el colectivo migrante. Debemos constituirnos en especialistas en aceptar esa crisis propia del que emigra, el vacío existencial que produce el choque con la cultura de acogida, las frivolidades de los trámites administrativos ante la vivencia de la catástrofe personal, la inutilidad de la ayuda automática sin la promoción del trabajo y la superficialidad de los medios con que contamos para comunicarnos debidamente. Lograr vivir con todo esto no es fácil para el inmigrante y ayudar a su transformación no es tarea sencilla ni aparecerá en aquellos que no toman este trabajo comprometidamente y con vocación de servicio.

Tanto en la actividad propiamente medidadora como en las actuaciones institucionales el profesional debe ser conciente de la realidad y lograr que también lo sea su consultante. En estos momentos de la sociedad en la que vivimos con claros síntomas de crisis social, la vida del hombre común y la del que sufre pérdidas, carencias, angustias o discriminación debe seguir teniendo sentido “a pesar de todo.

¿Cómo podemos permitirnos afirmar que la vida no deja nunca de tener un sentido para cada uno de nosotros? Lo afirmamos desde nuestra fundamentación antropológica y epistemológica y desde nuestro conocimiento de los autores que dieron fundamentación a la analítica existencial: El hombre es capaz de transformar en servicio cualquier situación que, humanamente considerada, no tenga aparente salida.

 A través de la actividad grupal es posible ayudar a las personas para que cada una pueda ver por sí misma su aislamiento, su carencia de sentido, sus necesidades individuales, errores, diferencias  y aún el significado de las agresiones que pueda haber recibido en su lugar de acogida. Es un procedimiento de “educación” en el sentido etimológico del término (e-ducere, “conducir desde”, “sacar lo propio del otro”) permitiendo el logro de una mejor calidad de vida y un sentido asumido y adquirido a través de los otros, de la comunidad.

La persona acepta, de este modo, la posibilidad trascendente de su existencia, su libertad y su responsabilidad, su capacidad de proyectar y llevar a buen puerto sus proyectos, en las difíciles circunstancias de la inmigración. Este logro será propio y único, no impuesto por ninguna ideología, por ningún lider terapéutico, por ninguna “cuidado” autocrático.



[i]  Texto completo publicado en Manuais Nº 24, Servicio de Publicacións, Universidade da Coruña,
junio 2006, ISBN 84-9749-204-8 Versión en CD.Extracto por el autor.

jueves, 13 de septiembre de 2012

SI YO TUVIERA ALZHEIMER QUERRIA QUE TÚ ME CUIDARAS


 Dr. José Martínez-Romero Gandos
A Coruña – setiembre de 2012.


“Siempre consideré que mi vida tenía sentido. Ahora no sé que significa eso de “tener sentido”. Se lo pregunté a mi logoterapeuta y me dijo que yo no lo entendía porque padecía de la enfermedad de Alzheimer.”

          ¿Alguna vez te preguntaste quién debiera cuidarte si contrajeras esa enfermad? No quién eligirías sino quién sería el más adecuado, el más indicado y el más valiente.
          Lo primero que yo decidiría es elegir a alguien que pueda llegar a encontrar sentido a su vida ayudando o cuidando a un enfermo de Alzheimer. No es fácil encontrarlo.
          Creo que no podría ser alguien que hubiera reprimido esa voluntad innata que nos acompaña de encontrar sentido a la vida, aún en las peores circunstancias.
          Siento que el mejor cuidador o cuidadora será aquel que se acerque con una clara vocación de servicio. Que no lo haga por obligación. Aunque luego sufra o padezca remordimientos por haber aceptado o por sentirse cansado, agobiado, triste o sin recursos frente a la realidad de la progresión de la enfermedad.
          Nos enfrentamos a la realidad de la asistencia a colectivos de drogadictos, de enfermos terminales, de pacientes con HIV o de disminuídos psíquicos o físicos. Conocemos “protocolos” para su atención. Existen entidades asistenciales específicas o asociaciones protectoras.
          Pero pocos sabemos que el número de personas que padecen la enfermedad de Alzheimer va en aumento. O se diagnostica mejor.
          En España su número se pude aproximar a las 800.000 personas. No es muy dificil contar con estadísticas de otros países.
          Lo que no se dice tan fácilmente es esta enfermedad ocasiona el deterioro progresivo e irreversible de las funciones cerebrales, alcanzándose la dependencia absoluta de su cuidador en no mucho tiempo.
          ¿Podré elegir mi cuidador o cuidadora? ¿Será un profesional o un familiar? ¿Sabrá hacerlo? Lamentablemente, si te toca, no podrás elegir.
          Lo que te aseguro es que, aún en las peores circunstancias, seguirás siendo Persona, con tu libertad, tu responsabilidad, tus valores, tus proyectos y tus afectos. Todo drásticamente restrigido por la enfermedad. Un Ser humano preso en un cuerpo que lo limita como una boa constrictor lo hace con su víctima.
          Allí estará tu cuidador o cuidadores para intentar salvarte de esa opresión. Cuidadora o cuidador que sentirán que su vida tiene sentido porque están ayudando a otro a mantenerlo el mayor tiempo posible en la condición plena de Persona. Su satisfacción será muy grande cuando tú avances o mantengas una acción. Será muy grande aunque el avance de la enfermedad parezca ganar la batalla.
          Pero la verdadera batalla es la de dar sentido a tu vida, a pesar de todo. Dirán que es una entrega peculiar porque son familiares. Y no es cierto. Tu pareja, tus hijos, tus padres o tus hermanos encontrarán en esa dura tarea una forma de devolver el amor que le habías brindado cuando estabas sano o sana.
Y los cuidadores ¡qué decir de los cuidadores! que con su trabajo esforzado encuentran en la tarea útil un refuerzo importante a su sentido de vida. Todos nos dan una magnífica lección acerca de la forma en la que es posible encontrar sentido a la vida, aún en las peores circunstancias. Saber que el sufrimiento propio o ajeno se supera con el sentido de servicio a los otros.
          ¿Recuerdas como al principio de tu enfermedad te negabas a concurrir al Centro Especializado, a confiar en los profesionales, a confiar en la Esperanza que ellos y tu familia depositaban en el trabajo cotidiano, duro, a veces desesperante? Nunca “desesperanzado”.
          Sé, perfectamente, que a veces te niegas a ir diariamente al Centro para no ser una carga para tu familia. Pero, al fin, te has convencido que todo vale para sentirte un poco mejor. Especialmente porque todos te tratan con cariño, te ayudan, se acercan, te acarician.
       No lo podrían hacer mejor. Aunque sientan, a veces, que no saben cómo seguir adelante. Especialmente tu familia.
          Llegará el momento en que todos decidan que estarás mejor en casa para que te acompañen, con el afecto y con dolor, en tu despedida.
          Lamentarán mucho tu partida pero lo superarán, con el tiempo, porque sentirán que valió la pena darle a la vida su completo valor como existencia.
          Ahora nadie podrá convencerlos de lo contrario. Con su experiencia, tan valiosa, sabrán apoyar la labor de otros que realizan la misma tarea o convencer a los que aún dudan que un enfermo de Alzheimer es siempre e indefectiblemente Persona.